Capítulo 72
Para llegar a la UDEV desde Rivas tenían que cruzar Madrid.
A media tarde, el tráfico era denso; aun así, Lola conducía deprisa, con la luz de emergencia puesta, pero sin la sirena.
Se avecinaba una jornada larga, seguro que no iban a cenar en casa, y Manuela pediría un burrito.
La conversación con la autora del vídeo había generado más dudas en los inspectores.
Y el que hubieran identificado a la sospechosa no les permitía irse a descansar.
La profesión era así, intensa y desordenada, como la menopausia.
—¡Joder! Sé que suena un poco delirante, pero me recuerda al asesinato de Kennedy a manos de Oswald, salvando las distancias —dijo Lola sin aminorar la marcha para entrar en el túnel de Francisco Silvela.
Con una hábil maniobra, adelantó a un par de vehículos que se hicieron a un lado por miedo a ser embestidos.
Campos la miró con interés.
—A ver: a Emcy la mata un tipo que no responde al típico perfil de asesino —explicó la inspectora—, y a los pocos días acaban con él, igual que sucedió en Estados Unidos.
El segundo asesino fue un tal Jack Ruby, me acuerdo.
Era propietario de un club nocturno y se le relacionaba con la mafia.
Nunca quedó claro por qué mató a Oswald ni cómo se enteró de la hora en la que lo iban a trasladar. Eso resultó muy polémico.
—Igual que ha sucedido aquí, alguien tuvo que pasarle esa información.
—No había tantas personas que supieran que íbamos a ir al estadio. Y yo confío en mi equipo .
—Tal vez Vance tenga razón y el juzgado es el que lo filtra. Claro, que también pudo ser alguien del club de fútbol.
Lola fue consciente de que más personas de la deseadas tenían la información.
—El segundo crimen es una manera de establecer un cortafuegos; la investigación se estanca ahí. Tal vez Oswald en su día, o ahora Ariztimuño, se podían ir de la lengua.
—El hecho es que el asesinato de Kennedy dio pie a multitud de teorías, y eso siempre complica la resolución —concluyó Campos.
—Yo leí mucho de joven…, de más joven —se corrigió Lola con una sonrisa— sobre el caso.
Hay tal maraña que es imposible saber qué es verdad o qué no.
Y todos estos rumores hacen que los ciudadanos pierdan la confianza en el gobierno y en la policía.
Hasta Oliver Stone, años después, hizo una película conspiranoica.
Si nos mienten en algo que han retransmitido las cámaras en directo, nos pueden engañar en lo que quieran. Es la conclusión de la gente.
El inspector Campos valoró esa afirmación.
—Es acojonante, pero si no hubiese hecho el vídeo la chiquita esta, no habríamos podido acreditar quién es la asesina —añadió Lola—. Las redes son impactantes, para lo bueno y para lo malo. Han cambiado nuestra vida.
El inspector Campos miró el móvil, había tomado notas al colgar la llamada anterior de la UDEV.
—La sospechosa es colombiana sin antecedentes y, por lo que me han comentado, entró como turista en el país… el 3 de mayo. ¿Casualidad? ¿Prevención? Tiene redes sociales, adora a Emcy y sigue a ese club de fans de Parla tan sospechoso.
—¡Joder, todo está muy bien atado! Y no dejo de pensar en la hija de Ariztimuño en Houston. De pronto, la admiten en un programa experimental. ¿También es coincidencia o un pago por lo que hizo su padre?
—Ariztimuño se sorprendió en el interrogatorio por las fotos de la casa, su exmujer también. ¿Tú crees que han colocado las pruebas ?
—No me atrevería a asegurarlo ante la jueza. Es casi imposible falsificar tantas evidencias. Y tú mismo viste la foto del fisio en el concierto de Wembley. ¿Podría ser inteligencia artificial?
—Creo que no, pero ya no sé.
—Es el caso más enrevesado que he investigado, eso sin duda —respondió Lola—. Al final voy a dar credibilidad a las teorías de mi hija.
—¿Qué dice?
—Ahora le ha dado por hacerse investigadora, ya ves. ¿Te suena el club de los veintisiete?
—He leído algún artículo. Hay muchos músicos que han muerto a esa edad de manera sospechosa.
—Emcy tenía veintisiete y una canción que se llama igual que otra de Jim Morrison: The end. ¡Una más para el club! Me explota la cabeza con esto.
Cuando Lola atravesaba el puente de Nuevos Ministerios sobre la Castellana para dirigirse a Doctor Federico Rubio y Galí, sonó el teléfono y saltó el manos libres.
—¿Algo nuevo? —preguntó, impaciente.
—Sí —respondió al otro lado Fanjul—. La sospechosa ha salido del país hace ocho horas por Barajas en un vuelo a Bogotá. La tenemos grabada al pasar el control.
—¡Mierda!
—Hemos hablado con la seguridad de la Embajada de España en Colombia para ver si la pueden detener en cuanto aterrice el avión. Están ya en contacto con las autoridades locales para prevenirlas. Tenemos unas dos horas. Estaría bien que llamaras a la jueza, aunque sea fuera de horario.
—Esa tía es un tanto impertinente, pero nunca descansa.
—Sería importante que pilláramos a la asesina nada más pisar Colombia.