Capítulo 71
La madre estaba muy nerviosa por la presencia de los inspectores en su piso de Rivas-Vaciamadrid.
Al lado, estaba sentada su hija Blanca. Tenía quince años y, en opinión de la madre, una malsana admiración por la «cantante esa», que ahora le iba a traer problemas.
No conocía la cuenta secreta de TikTok, que había crecido exponencialmente con la transmisión en directo del vídeo del asesinato de Ariztimuño.
Los informativos lo habían utilizado para abrir los telediarios, unos con permiso de la autora y otros sin él.
—Yo ya le digo que a su edad no se pueden tener redes sociales, pero no me hace caso.
—Bueno, en esta ocasión nos ha sido útil, señora —dijo Lola, ya sentada en el pequeño salón decorado en tonos claros con muebles de IKEA—. Si no le importa, nos gustaría hacerle algunas preguntas a su hija.
La madre lo permitió con un gesto: la adolescente se había ganado el susto de ser interrogada.
Tenía unas facciones que habrían fascinado a los prerrafaelitas; pelirroja y con graciosas pecas diseminadas por la cara, aparentaba menos edad de la que afirmaba su DNI; era menuda y poco desarrollada, pero con ojos de lista.
Llevaba una camiseta de la cantante que le quedaba enorme y unos pantalones cortos que apenas asomaban por debajo.
—No es manera de recibir a estos señores —criticó la madre.
Lola se vio a sí misma regañando a Manuela. Y se dio pereza.
—Hola, Blanca —dijo para evitar el pensamiento negativo—, perdona por presentarnos así en tu casa, pero necesitamos hacerte algunas preguntas sobre… —hizo una pausa— la persona que apuñaló al sospechoso.
La chica se mostraba más serena de lo esperado.
—Fue como ver una película —explicó, acostumbrada a los true crime de la televisión—. Esa tía era la misma que nos había reunido a los clubs que estábamos a la salida del estadio.
Ese dato era relevante para los policías.
—¿Qué os decía?
—Nos animaba a juntarnos y, en plan, a chillar en cuanto llegara. Y que fuéramos a por él, decía. Literal. A la gente se le piró la olla, yo creo.
—¿Las seguidoras estaban muy cabreadas?
—Desde el asesinato, el ambiente en redes se había vuelto violento.
—¿Y viste bien a esa chica?
—Era bajita y estaba petada.
—Habla bien —dijo la madre.
—Que estaba fuerte —tradujo Lola, acostumbrada a ese vocabulario. Blanca hablaba igual que su hija.
—Era rubia de bote, yo creo que latina —prosiguió la joven—. Llevaba una camiseta de la gira, pensamos que sería de la organización del concierto o algo. Era mayor que nosotras.
—En el vídeo —señaló Campos—, llevaba una bandolera. ¿Sacó el cuchillo de ahí?
Blanca se encogió de hombros.
—Nosotras estábamos muy cabreadas y gritábamos al tío ese que era un cerdo. Algunas lo arañaban. Ella vino por detrás, me adelantó y fue directa.
—¿La conocías?
—No, de nada. Luego lo comentamos entre nosotras. Tampoco es que los clubs de fans quedemos, pero las que somos más activas compartimos material por redes, y la gente pues te suena.
—Aunque hayamos visto las imágenes, cuéntanoslo desde tu punto de vista .
—La tía me adelantó a toda caña y la perdí un momento. Como estaba atenta a grabar, hay cosas que se te escapan. De pronto, el tipo ese cayó y cuando ella fue a huir me vio. Se puso como loca, me empujó y me robó el móvil por la puta cara.
—¡Blanca! —exclamó la madre.
—¡Me quitó el teléfono! Y ahora mi madre no me quiere comprar otro —explicó a la inspectora.
—¡Estás castigada dos semanas! Luego ya veremos.
—¡Pero me escribe mucha gente y no puedo contestarles!
La madre le hizo un gesto para que se callara y atendiera a los policías. Lola lo agradeció.
—¿Quién os convocó a la salida del estadio?
—Yo soy la vicepresidenta del club de fans de Rivas.
Nos llegó a la cuenta oficial un mensaje de un club de Parla que no conocíamos.
Entramos a ver quiénes eran. Tenían miles de seguidoras.
Y eso es muy raro, si tenían tantas, ¿por qué no habíamos oído hablar de ellas?
Yo creo que las habían comprado, porque tenían pocos comentarios en los posts.
Pero nos escribieron de otros grupos a los que también les había llegado la convocatoria para acudir al estadio, y fuimos.
No tuvimos tiempo ni de hacer pancartas.
Lola y Campos se miraron, investigarían al club. En ese momento, sonó el móvil del inspector. Era un número del grupo, así que se levantó y se alejó de la conversación.
—¿Tuvisteis algún contacto posterior con ese club de Parla?
—Yo me quedé sin móvil —dijo más a su madre que a la inspectora—, pero a la presidenta le pidieron que, por respeto a Emcy, borrásemos los vídeos que habíamos subido. Unas lo hicieron, pero la mayoría no. A muchas les hackearon la cuenta.
Campos le tocó el hombro a Lola y se agachó para hablarle al oído.
—Han identificado a la presunta asesina.