No te fíes de ellos Capítulo 66
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Capítulo 66

Juan Ariztimuño podía ser el asesino de Emcy, pero Lola no tenía claro que se hubiera hecho justicia, como invocaban las redes sociales.

No sabía por qué sentía lástima por él, a pesar de que había confesado el crimen.

Meses atrás no habría tenido piedad. Mientras subía en el ascensor de su casa, pensaba en cómo le llegaría la noticia a su familia, ahora en Houston.

Sería duro, aunque estuviera separado y su hija apenas conviviera con él.

Eran momentos difíciles en los que necesitaba toda la ilusión posible para enfrentar el nuevo tratamiento.

Decidió que las llamaría ella.

Culpar a la menopausia de los trastornos emocionales que la perturbaban empezaba a ser costumbre.

Cerró la puerta de casa y escuchó ruidos en el salón. Se tomó tiempo para colgar el desánimo junto con la cazadora y entró cuando Manuela terminaba de abrir la ventana para deshacerse del olor a váper.

—Ha muerto —dijo tan solo.

—Ya lo han dicho en redes sociales.

—¡Cómo no!

Era más pronto que otros días y no había anochecido.

—Hacemos juntas la cena —propuso Lola, pero su hija tenía otros planes.

—Siéntate aquí —señaló con vehemencia adolescente.

Lola obedeció sin pensar. Ya había dado órdenes a mucha gente en lo que iba de jornada.

—En el hospital han hecho lo que han podido, pero había perdido demasiada sangre —explicó .

—Te he seleccionado tres vídeos —respondió Manuela, a lo suyo.

—¿Qué?

—De redes, en los que mejor se ve lo que ha pasado.

Lola había pedido al grupo que hiciera el trabajo, pero no estaría listo hasta la mañana siguiente. Admirada, se acomodó en el viejo sofá que había sido de su madre y se dispuso a compartir las indagaciones de Manuela, cada vez más entusiasmada con el caso.

—Vamos por partes…

—Como dijo Jack el Destripador.

Manuela sonrió por la expresión.

—Lo dice siempre un policía amigo.

—Muy boomer. Mira, en plan, primero he seleccionado esta toma más general.

Le enseñó el móvil y le dio al play. Se reprodujo el vídeo con el sonido del tráfico y los gritos de las seguidoras de fondo.

Varios grupos de fans esperaban dispersos cerca del furgón policial, no interactuaban entre ellos.

Una de las chicas, vestida con una camiseta verde, que era el color de la gira, hablaba con unas y con otras y conseguía que se juntasen.

La masa crecía, podría haber más de seiscientas personas.

—Mi sensación es que el grupo se forma muy rápido, es como si los organizaran, ¿no?

Lola estuvo de acuerdo y agrandó la imagen con los dedos. No se apreciaban los rostros, la resolución era baja.

—Hemos pedido las cámaras de la zona —apuntó Lola—. Pero no creo que se vea mejor.

—Ahí salen los policías con el detenido. Tardan en ver a las fans porque las tapan los arbustos de la zona ajardinada. Para cuando quieren darse cuenta, las tienen encima. A partir de aquí, el caos, no se identifica a nadie.

—La verdad es que no .

—Luego apareces tú en el momento en el que el policía dispara al aire y se desintegra la peña. Esta perspectiva solo la he puesto, en plan, para situarnos, ¿vale?

Lola había visto un vídeo similar con Campos. Antes de que contestara, su hija tenía preparado ya el siguiente. Jamás había hecho los deberes de manera tan organizada y eficaz.

—Hay muchos, pero creo que este es el mejor.

Estaba grabado en medio del jaleo. Era un plano muy movido, había empujones, se oían insultos y se veía, entre brazos de chicas enfurecidas, al fisioterapeuta, que no trataba de huir. Era como si se abandonase a su suerte.

—Todas lo empujan —comentó Manuela—, le dan patadas, le arañan la cara… Y aquí se intuye cómo le dan la puñalada.

Lola se concentró para detectar a la agresora. Se entreveía el ataque y, por un instante, la cara de dolor de Ariztimuño.

—No se sabe quién lo hizo.

—Espera, impaciente.

Las dos miraron la pantalla: al caer Ariztimuño, la cámara del móvil que había grabado la escena giraba y se distinguía a una chica con la cara crispada, algo mayor que el resto, de veintitantos años.

Contemplaba lo sucedido, y corría dos segundos antes de que sonase el disparo y el resto la imitara.

—Se va antes —musitó Lola.

—Literal. Yo creo que fue ella.

—Páralo en el sitio.

Su hija retrocedió las imágenes y lo hizo, el plano no era todo lo definido que le hubiera gustado, no sabía si podría servir para una identificación.