No te fíes de ellos Capítulo 58
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Capítulo 58

De nuevo, abogado y detenido, esta vez esposado, estaban en la sala de interrogatorios de Móstoles.

Los dos policías uniformados que entraron con ellos se quedaron cerca por si le volvía a dar un episodio similar.

La inspectora Baltanás, acompañada por Campos, sentó sus vaqueros oscuros enfrente, aturdida por el repentino viaje de la familia a Houston.

—Pueden quitarle los grilletes —dijo Lola. Los agentes dudaron. La inspectora miró a Ariztimuño—. ¿Pueden quitártelos? A mí miedo no me das, pero no estaría bien que destrozásemos el mobiliario a hostias, ¿no crees?

Ariztimuño asumió la bronca avergonzado y nervioso por la suerte que hubieran corrido los suyos.

—Hemos hablado con tu exmujer —dijo al fin la inspectora, y el detenido se incorporó en la silla, tenso, a la espera de noticias—. Tanto ella como tu hija están perfectamente. ¿Sabes qué hacen en Houston? —Había decidido tutearlo de nuevo.

La palabra «Houston» produjo un efecto inesperado en Ariztimuño, una sucesión de emociones imposibles de fingir: un evidente alivio inicial, seguido de alegría, para terminar en clara preocupación, de la que ya no salió.

—Son buenas noticias, creo —afirmó Lola.

Sin embargo, la nube de fatalidad no abandonaba a Ariztimuño.

—¿Ahora estás dispuesto a colaborar?

La mirada del fisioterapeuta era la de un hombre que había perdido todo salvo la familia de la que llevaba dos años separado .

—¿Juan? Hemos hecho lo que nos has pedido —insistió la inspectora, y miró al abogado, que tomó la palabra.

—Señor Ariztimuño, puede declarar o guardar silencio, lo que entienda usted que es más conveniente.

El detenido bajó la vista y se quedó enfrascado en su melancolía. No había indicios de que fuera a colaborar.

El inspector Campos miró a su jefa y le hizo una señal para que saliesen al pasillo. Una vez fuera, cerraron la puerta y se situaron uno frente al otro. Etham Vance, harto de esperar, los vio y se acercó apresurado.

—¿Qué ha pasado? —preguntó el estadounidense.

—Está en shock. Cuando ha oído lo de Houston es como si se hubiera bloqueado. Y no lo entiendo, es una buena noticia. ¿Qué otra cosa podría significar Houston para él?

Campos se encogió de hombros a la vez que se le ocurría una alternativa.

—Podríamos llevarlo al vestuario del Bernabéu para reconstruir lo sucedido —propuso.