No te fíes de ellos Capítulo 52
30%

Capítulo 52

Ni tres horas seguidas había conseguido dormir.

Lola llegó a casa pasada la medianoche y no pudo conciliar el sueño.

Se había tragado las páginas sobre la menopausia del libro de Sandra Moñino, pero debido a la investigación no veía la manera de reducir el cortisol, ni de comer de forma menos inflamatoria.

Ahora, a oscuras en la cocina, y con una taza de infusión de valeriana, que abominaba, entre las manos, buscaba añadir un par de horas más al descanso antes de que amaneciera.

Vestía solo la parte de arriba del pijama y se miraba los muslos; eran largos y fuertes.

Odiaba el estúpido síndrome de las piernas inquietas.

Sufría una especie de calambres, en especial, en el izquierdo.

Era imposible permanecer en la cama. Lo tensó y destensó a ver si se le pasaba, pero ya sabía por otros intentos previos que no serviría.

Dejó la taza de hierbas en la encimera, abrió el grifo, subió la extremidad, la mojó con agua fresca y se la frotó para relajarla.

Así había engañado a su cuerpo en ocasiones.

En esa postura la vio Manuela al entrar, también desvelada.

—No estarás haciendo nada guarro, ¿verdad? —dijo con cara de repugnancia—. No podría soportarlo.

Lola, que casi se cae al suelo del susto, bajó la pierna para tratar de mantener la dignidad.

—Más quisiera. No basta con hacerse mayor, sino que encima empiezas con sofocos, te duelen los músculos y las articulaciones, te cuesta concentrarte, engordas, retienes líquidos, estás irritable…

—Eso lo había notado.

—Muy graciosa. De la sequedad vaginal mejor no hablamos .

—¡¡Qué asco, mamá!! ¡¡Por favor, das mucho cringe !!

—Ya te llegará.

Manuela no hizo caso del comentario, abrió la nevera y sacó un brik de leche, que bebió a morro. Lola decidió no gritarle. Lo había hecho en demasiadas ocasiones de manera infructuosa.

—¿Lo habéis detenido? —preguntó Manuela tras limpiarse los labios con el dorso de la mano.

—Sí. Ahora hay que demostrar su culpabilidad. No siempre es fácil.

Lola se llevó la taza de valeriana a los labios.

—¿Está bueno eso que bebes?, porque huele fatal.

—Sabe peor, no te lo puedes ni imaginar. Por cierto, miramos también las redes sociales del detenido. Había cosas interesantes.

—Lo sé —respondió Manuela, orgullosa de sí misma—, estuvo en el concierto de Emcy de hace dos años.

—¡¿Has visto la foto?! —preguntó admirada.

—Claro, mamá, me tienes desperdiciada estudiando cuarto de la ESO.

Mira, deberías seguir esta cuenta en X. Está guapísima y dice cosas interesantes acerca de Jim Morrison, por ejemplo, y lo compara con Emcy.

Falleció con veintisiete años, y su novia también con la misma edad. Le voy a escribir con mis teorías.

Lola pensaba que solo le interesaban los vídeos de TikTok que hablaban de peinados estrafalarios o viajes carísimos, y un poco la literatura de fantasía con un toque spicy, como decía ella, pero ahora resultaba que tenía cuenta en la red antes llamada Twitter y que miraba… ¿intrigas delirantes?

Evaluó por encima el perfil que le mostraba Manuela, el de @Konspiranoic, con toques de humor referidos a complots desquiciados, denuncias de hechos concretos, manipulaciones de los partidos políticos y las grandes empresas y…

un comentario sobre Emcy que la desconcertó: «¿Por qué aparece un supuesto Goya en el Prado el mismo día en que asesinan a Emcy? ».