Capítulo 43
No era el día indicado para tomar una decisión compleja. Se habían enlazado demasiados acontecimientos en las últimas horas: la velada con Michel Barray, la situación posterior del coche, el mensaje de Nacho al llegar a casa de madrugada, la discusión con su chico.
—¡Irene! No me prestas la debida atención que el informe requiere.
—Sí, perdona. Este tema me tiene despistada.
—Pues no es el mejor momento.
Irene aceptó la reprimenda, desde que era jefa todo el mundo tenía algo de lo que advertirla, y centró la atención en los detalles que había en la pantalla del ordenador.
Eran unas fotos innecesariamente artísticas, rebosantes de belleza.
Las muestras de los pigmentos se conseguían al atravesar menos de un milímetro de las distintas capas de la obra, desde el barniz hasta el soporte.
Eso generaba unas imágenes coloridas que, ampliadas en el microscopio, mostraban el corte transversal: arriba, el pigmento que se encontraba en la superficie del cuadro, un tierra en este caso, pero, según profundizabas, aparecían los aplicados en los estratos inferiores mezclados con aceite; algún brillo más claro, un amarillo, un rojo…
—Y bien, ¿qué has encontrado ?
—Bueno, lo primero: es mi deber advertirte de que no tenemos el estudio de Los fusilamientos, solo el de La carga de los mamelucos. Nos llevaría unos días obtenerlo.
Irene torció el gesto.
—De lo que he podido comparar; identificamos dos capas de preparación equivalentes entre las obras: una compuesta por tierra amarilla, albayalde y pequeñas cantidades de bermellón.
La otra es de tierra roja, minio y también bermellón.
Es ese tono rojizo que a veces trepa hasta el primer plano. Mira: aquí o aquí.
El químico le señaló dos ampliaciones de los cuadros. En efecto, eran similares.
—¿Qué pigmentos has identificado? —preguntó Irene.
—Básicamente coinciden: el azul de Prusia, el bermellón, el albayalde y el negro de huesos. Sin embargo, y aquí está la duda —dijo, y lo recalcó—, el verditer no está presente en el que nos han traído. El que emplea el artista lo consigue mezclando el azul y el amarillo.
—Algo que hacía Velázquez.
—Pero no Goya.
Irene se tapó el rostro con la mano para concentrarse y buscar explicaciones.
—Tendríamos que ver si en otros óleos tampoco lo empleó.
—El análisis que he hecho no es irrebatible, Irene.
El cuadro está en época, eso sí, coincide la preparación, el aglutinante, pero no toda la paleta de color.
Sé que habéis considerado que fuera obra de Rosario Weiss.
Incluso podría ser de Eugenio Lucas Velázquez.
Ambos tendrían acceso a los mismos materiales y podría explicar que el autor prefiriera no usar el verditer.
Trasobares abrió los brazos y apretó los labios para dar a entender que sentía no ofrecerle noticias concluyentes.
Antes de que Irene preguntara por otros detalles, se oyó un enorme revuelo en el taller. Ambos se levantaron y se asomaron a la barandilla.
Era Yolanda Cano, la nueva ministra de Cultura, acompañada por el director del museo.