No te fíes de ellos Capítulo 30
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Capítulo 30

Caminaban hacia el aparcamiento que tenía el club en la ciudad deportiva de Valdebebas, y Etham Vance apretó el paso para alcanzar a los inspectores. Hacía calor a pesar de ser primavera y le molestaba la americana de una talla menor.

—Damn!! Os ibais sin mí —protestó tras la carrera final.

—Es que has tardado mucho en el baño —replicó Lola mientras sacaba las llaves del vehículo camuflado.

—Uno tiene sus necesidades.

—Sin detalles, gracias. Por cierto, no me gusta que nadie intervenga en mis interrogatorios.

—Te ibas por las ramas, como decís aquí.

Etham Vance no pronunciaba bien las erres y a veces construía mal alguna frase, pero se hacía entender.

—Veo que ya estás integrado en la sociedad española.

—Más de lo que crees, inspectora. Llevo cuatro años desde que vivo en Madrid, conozco las expresiones y las costumbres.

—Perfecto, pues entenderás entonces «favor por favor».

—Claro, you scratch my back, I'll scratch yours.

—Muy bien, te rasco la espalda, entonces. —Lola se detuvo antes de entrar en el coche. Sacó el móvil y pinchó en la aplicación de fotos. Le mostró una.

—The end —leyó Vance.

—No me des ideas —respondió la inspectora con media sonrisa—. Este papel estaba en la vagina de la víctima.

Etham Vance silbó de manera expresiva .

—Y se corresponde con una lista de canciones que tenía Juan Ariztimuño en Spotify —completó la explicación.

—Verde y con asas —concluyó Vance, irónico.

Por una vez, hizo sonreír a Lola.

—Es como si hubiera recibido una orden, ¿no creéis? —preguntó el inspector Campos interviniendo por primera vez—. El que se ofreciera para tratar a Emcy resulta sospechoso. Estaba obsesionado desde hacía dos años y, de pronto, le surge la posibilidad de darle un masaje.

—Tal vez —aventuró Vance— intentó abusar de Emcy y al negarse…

—No había indicios de violación, ni tampoco de lucha —dijo Lola—. Es como si la víctima no se esperara lo que iba a ocurrir. Estaba confiada.

—That's it. No sabía quién era él, ni qué pretendía.

—Pero es muy rebuscado. Parece demasiado casual que se le presentase la oportunidad —dijo el inspector Campos.

—Es rebuscado, pero ha sucedido —afirmó Lola—. ¿Desde cuándo se sabe la fecha del concierto?

Etham Vance no conocía el dato. La inspectora prosiguió:

—Lo que sabemos hasta hoy: está obsesionado, le surge la posibilidad y la aprovecha. ¿Alguien tendría la capacidad de organizarlo?

Los tres valoraron el razonamiento. Era lo que podían asegurar en ese momento. El resto, tan solo hipótesis.

—¿Te rasco espalda yo a ti? —propuso Vance.

—Demasiado gráfico, pero OK: el móvil de Emcy.

—No lo tenemos.

—¡Venga ya!

—No sé dónde está el teléfono. Honest.

—¿Y qué ha sido de él? Alguien lo cogería.

—Se lo llevaría el fisio si es tan obsesionado por la chica. ¿No me creéis? —preguntó ante la cara incrédula de los policías españoles.

—Es muy raro, la mánager también se esfumó. Me habría gustado interrogarla .

—Sabemos que se fue en el avión de Emcy esa misma noche.

—¿Y no se queda ni a la identificación del cadáver? ¿Podría haber alguna conexión con el fisio? Ella lo dejó pasar al vestuario.

Vance se encogió de hombros, lo que irritó a Lola.

—No estuviste muy colaborador con la jueza. ¡¿De verdad podemos confiar en ti?!

—¡Voy a trabajar con vosotros! Otra cosa es que no me guste que una fucking jueza dirija lo que investigo. En Estados Unidos somos más libres.

A los inspectores no les quedó más remedio que aceptar la versión del agente del FBI.

—¡Encontremos a Juan Ariztimuño de una puta vez! —sentenció Vance sin llegar a pronunciar bien el apellido.