Capítulo 20
Le había vuelto a bajar la regla. Era desesperante no prever cuándo ocurriría, ni lo que iba a durar. Unos meses atrás era como un reloj, pero desde entonces su menstruación se había vuelto tan caprichosa como su hija de dieciséis años. Ambas iban y venían a su antojo. Incontenibles.
Cuando Lola salió del servicio de la UDEV, el inspector Campos la esperaba en el pasillo.
—¡Joder! —dijo ella—, ¡me espías!
—No, perdón, he visto que ibas directa al baño.
—No querrías que regara la oficina con mi sangre.
Por su cara de estupor, resultó evidente que Campos no estaba preparado para recibir tantos detalles. ¿Por qué los hombres se ponían tan tensos con la menstruación?
—¿Qué tal con el juez? —preguntó para desterrar la imagen de su mente.
—La jueza. Nos ha tocado Manrique, con carácter pero razonable.
—¿Y el yanqui?
Lola arqueó las cejas; les iba a dar problemas. Su compañero lo entendió mejor que si fuera una seña de mus.
—No sé exactamente cuál es el papel de Vance, pero me temo que tiene intereses distintos a los nuestros.
—¿Crees que no quiere saber quién lo hizo?
—Tal vez prefiera que no lo sepamos nosotros.
El inspector Campos comprendió las dudas de Lola.
—¿A quién te recuerda el tío? —preguntó para relajar el ambiente—. Con esa envergadura, ese tupé, esa cara naranjita …
Lola no pudo evitar reír con ganas. Lo necesitaba.
—Este incluso da más miedo. Con eso lo digo todo. El caso es que la mánager está ilocalizable y no sé si han dado o no con el teléfono de la víctima.
Llegaron al despacho que tenía asignado Lola. Un pequeño cubículo de muebles reutilizados que había hecho suyo, a pesar de que no era ni grande, ni moderno ni luminoso. El haber colgado dos o tres recuerdos de sus detenciones favoritas y un par de fotos de ellos en acción lo humanizaba.
—La jueza nos autoriza la orden de búsqueda y captura para Ariztimuño —explicó la inspectora Baltanás, ya sentada en su silla.
—Ahora mismo mando las fotos a las comisarías, a los aeropuertos y las estaciones de tren. Tenemos que plantearnos si dárselas a los medios, ya se está filtrando que ha sido asesinato.
—El comisario cree que es buena idea.
—Las envío entonces. Hemos visto las cámaras de los alrededores del estadio y se ve al fisio, que, al salir, cambia de dirección, se esconde entre la gente y después se monta en un taxi.
—¿Cambia de dirección?
—Como si hubiera visto algo que no le gustara, pero no se puede precisar el qué. Hay mucho follón. Tal vez a algún policía.
—¿Se ve la matrícula del taxi?
—Negativo, y tampoco lo hemos podido seguir en otras cámaras. En ese momento había cientos por la zona. Eso sí, hemos analizado los recortes de prensa de la casa. Empiezan hace dos años, más o menos.
—Justo cuando Emcy dejó de actuar.
—En realidad, un poco antes —precisó el inspector—, hay alguno de su último concierto en Wembley. Da la impresión de ser muy metódico. Tenemos que examinarlos con más detalle por si existiese algún patrón.
Lola recapacitó.
—¿Tienes las fotos que hiciste de las pertenencias del fisio en el vestuario? —preguntó .
El inspector buscó en el teléfono las imágenes que había tomado y se las mostró. Lola no necesitó mucho tiempo para valorarlas.
—¿Qué ves?
El inspector Campos creyó entender a qué se refería.
—Hay mucho desorden. El chándal tirado, la crema destapada…
—Y el maletín revuelto. No es el material de alguien metódico.
—Es cierto, pero la obsesión por la víctima podría contribuir a que fuera más sistemático.
—Hay que tenerlo en cuenta para el perfil psicológico. ¿El portátil?
—Lo estamos examinando.
—Muy bien, seguid con eso.
—Una cosa más.
Lola miró a su interlocutor.
—He comprobado su cuenta de Spotify: una locura, tiene doce listas diferentes con las canciones de Emcy divididas por temas: las más juveniles, las que hablan de la depresión, las de amor. Pero hay una que escuchaba más a menudo.
—¿Cuál?
—La lista se llama «The end». Son canciones sobre la muerte.
Lola recordaba algunas de ellas: la propia The end, Love dead…, Bye baby era la que más le impresionaba a su hija; «cuando llegue el final estaré sola y perdida», una premonición. El inspector Campos iba a salir, pero le sonó el teléfono. Respondió y escuchó con interés lo que le decían.
—Nos podemos acercar al anatómico forense. Ya tienen el cuerpo de Emcy.