No te fíes de ellos Capítulo 13
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Capítulo 13

Habían pasado cuatro horas desde la suspensión del concierto y la Policía Nacional tenía acordonada la calle en la que vivía Juan Ariztimuño en el barrio de Estrecho, una zona humilde y cercana al estadio.

Los vecinos curioseaban en torno al edificio de cuatro plantas, que era funcional y bien conservado.

Las ventanas colindantes proyectaban música de diferentes nacionalidades; por volumen, dominaba la cumbia colombiana.

—Yo pensé que un fisioterapeuta de un equipo grande ganaría un buen sueldo —dijo el inspector Campos mientras comprobaba el seguro de la pistola.

—Está próximo al estadio —respondió Lola—. Puede ir andando a trabajar. Eso tiene un valor incalculable.

—Y quizá lo llamaron porque vive cerca.

Lola dirigió la mirada hacia el secretario judicial que esperaba a escasos metros y vio a Etham Vance, que, detrás de él, contemplaba la escena a la puerta de un locutorio árabe. La inspectora se acercó.

—Ya tenemos la autorización de entrada y registro. El forense confirma que ha sido un asesinato .

—Me gustaría ir con ustedes.

—Podría ser peligroso.

Vance, con una americana de una talla menos de la que necesitaba, sonrió; era un tipo enorme y con pinta de haber frecuentado zonas de conflicto.

—¿No más peligroso Afganistán? —El acento yanqui no disimuló la ironía.

—Yo me quedo más tranquila, no conoce de lo que son capaces las viejas de este barrio. Pero no se preocupe, que los informaremos.

Lola no esperó respuesta y se giró hacia el equipo cuando notó que el móvil le vibraba. No había conseguido apartar de la mente la desaparición de su hija, por lo que hizo una seña a los compañeros para que esperasen y descolgó a su ex.

—¡¿Sabes algo?!

—Está bien —dijo rápido, entendía que ese era el mensaje que Lola quería escuchar—. Por lo visto, ha habido avalanchas, pero no le ha pasado nada grave, algunos moratones.

—¿De verdad?

—Eso dice, aunque sonaba nerviosa. He quedado en ir a buscarla a la plaza de los delfines. Está con un par de amigas. Me la llevo a casa.

—De eso nada. La dejas en la mía, que quiero hablar con ella cuando llegue.

A su ex no le hizo gracia, pero sabía que Lola tenía la custodia y ya se la había jugado al sacar la entrada del concierto a sus espaldas. La inspectora colgó e hizo una señal al equipo para que, ahora sí, se pusieran en marcha.

El secretario de la administración de justicia aguardó fuera, preparado para levantar acta.

El equipo estaba acostumbrado a este tipo de intervenciones, pero cada una era diferente; al asaltar la casa de un sospechoso nunca sabían con qué se iban a encontrar.

No había ascensor, así que subieron en fila por las empinadas escaleras que llevaban al tercer piso. Uno de los policías señaló el cartel con la letra B, era la dirección que les habían facilitado desde el club.

—Tened cuidado, ya ha habido suficientes heridos en el día de hoy —indicó la inspectora antes de que el ariete derribara la puerta sin oposición, y se colaron al grito de «¡policía!».

Nadie respondió. Recorrieron con rapidez el pasillo hasta llegar al austero salón de muebles de estilo impersonal. El equipo se desplegó hacia las habitaciones que habían visto en el plano, salvo el inspector Campos, que apuntó con su linterna a la pared.

Se sobrecogió.

Susurró el nombre de su superiora, que regresó sobre sus pasos, y ambos contemplaron el tabique repleto de fotos y recortes.

De fondo, los compañeros informaban de que el piso estaba vacío.

Encendieron la luz para valorar con más claridad el muro repleto de fotos de Emcy y hojas con noticias de periódicos y revistas musicales.

En la disposición, se podía adivinar una pauta: los puntos más alejados del centro tenían imágenes más profesionales de la cantante en actuaciones o entrevistas y, según se acercaba la mirada al interior, eran más atrevidas, con posados sensuales para webs de moda o redes sociales.

Había fotografías en las que aparecía casi desnuda y mostraba el cuerpo delgado, fibroso y lleno de tatuajes.

Emcy había lucido agresiva para numerosas publicaciones al tratar de romper con la imagen de chica tonta protagonista de series infantiles.

Alrededor, artículos sobre el concierto de inauguración del Bernabéu.

Y, en el medio, la foto más explícita, en cuclillas, sin ropa, mientras orinaba en la calle.

Tenía una fecha escrita a mano: 2 de mayo 2024.

La inspectora Baltanás y su compañero se miraron.

—Joder…