No te fíes de ellos Capítulo 6
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Capítulo 6

Al bajar las escaleras del recinto, las manos le temblaban incontrolables.

La piel transpiraba debajo del chándal, que le parecía de una densidad insoportable; no podía ser el mismo con el que había llegado apenas una hora y media antes.

Y es que esa noche había cobrado sentido la llamada que recibió unos meses atrás, un mensaje que tardó en comprender y mucho más en asimilar, una amenaza que llegó a pensar que nunca sucedería.

Encontrarse antes del concierto con la joven tumbada en la camilla lo había cambiado todo.

Apartó los recuerdos pasados y las sensaciones presentes. No quería dar vueltas a lo que había hecho, ni a las repercusiones que pudiera acarrear.

Cuando salió a la calle, las farolas iluminaban el paseo de la Castellana.

Un soplo de viento lo alivió, pero solo durante un segundo.

Aceleró el paso y el sudor regresó a las axilas y a la frente.

Se le nubló la vista. Una masa de seguidoras de Emcy, sin entradas, pugnaba con la seguridad del evento para saltarse el control y colarse.

A pesar del adiestramiento, los perros policía ladraban nerviosos.

A trompicones, intentó esquivar la muchedumbre y se dirigió hacia Concha Espina, más despejada.

Cuando iba a traspasar la zona acordonada creyó ver a un hombre de raza negra vestido de traje que, entre el gentío, le observaba impávido, y le hizo una señal que no quiso entender.

Desobedeció el gesto, no lo iba a acompañar, aunque las consecuencias de la decisión fueran imprevisibles.

En ese momento, cientos de fans doblegaron el cordón policial, corrieron hacia las puertas como si una vez más la libertad guiase al pueblo, y lo envolvieron con pasión y gritos .

Juan Ariztimuño aprovechó el caos para escabullirse.

Cuando la policía consiguió recuperar el control, no quedaba ni rastro del fisioterapeuta que había tratado a Emcy. El hombre que lo aguardaba se sintió engañado, marcó un número en la memoria del teléfono y habló en inglés.

—Ha escapado.