No te enamores de un vaquero (Hermanos Vaughan 2) Capítulo 13 #2
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Capítulo 13 #2

Lindsey sujetaba la carpeta con tanta fuerza que los nudillos se le habían quedado blancos.

Le costaba incluso respirar. Tenía delante al hombre que la había criado, al hombre al que durante años había intentado admirar, y ya no veía a su padre.

Solo veía a un desconocido capaz de cualquier cosa por conservar el poder.

Las lágrimas resbalaban por sus mejillas mientras sostenía su mirada.

―¿Por qué...? ―preguntó con la voz quebrada―. ¿Por qué lo hiciste?

Richard no apartó la escopeta ni un solo centímetro.

―Porque no iba a permitir que un viejo senil destruyera todo lo que había construido.

―Era mi abuelo, un miembro de esta familia.

―Era un hombre que había dejado de pensar con claridad.

Lindsey negó una y otra vez con la cabeza.

―No. Él sabía perfectamente lo que hacía. Confiaba en mí... por eso me dejó el rancho.

Alzó la carpeta unos centímetros.

―Aquí está. El testamento. Todo este tiempo me hiciste creer que nunca apareció.

Richard sonrió con un desprecio que hizo que a Lindsey se le revolviera el estómago.

―Y funcionó.

Ella respiró hondo, intentando contener el llanto.

―Déjanos marchar.

Richard no respondió.

―Quédate con el rancho. Quédate con las tierras, con el ganado, con todo lo que quieras. No volveré jamás. Pero deja que Theo y yo nos marchemos.

Durante unos segundos el silencio volvió a llenar el despacho.

Richard negó lentamente.

―Ahora ya no puedo dejaros marchar.

Aquellas palabras hicieron que Theo tensara todo el cuerpo.

―Has cruzado demasiadas líneas, Lindsey. Y tú... ―dijo sin apartar la vista de Theo―... nunca debiste entrar en esta casa.

En ese instante la puerta volvió a abrirse.

―¡Richard!

Eleanor irrumpió en el despacho completamente alterada.

Al ver la escopeta apuntando hacia su hija se quedó paralizada.

―¿Qué demonios estás haciendo?

Richard ni siquiera volvió la cabeza.

―Sal de aquí.

―¡Estás apuntando a Lindsey!

―He dicho que salgas.

Mientras ambos discutían, Theo aprovechó aquel breve instante de distracción.

Con un movimiento lento, casi imperceptible, sacó el teléfono del bolsillo del pantalón.

Lo deslizó hasta el borde del escritorio, marcó el número del sheriff y dejó el móvil boca abajo sobre la mesa, procurando que el micrófono quedara descubierto.

No dijo una palabra.

Solo esperaba que, al otro lado de la línea, alguien estuviera escuchando.

Lindsey dio un paso hacia su madre.

―Mamá...

Eleanor la miró completamente desconcertada.

―¿Qué está pasando aquí?

Las lágrimas volvieron a brotar de los ojos de Lindsey.

―Mató al abuelo.

El silencio fue absoluto.

―Él mismo acaba de confesarlo.

Levantó la carpeta roja con manos temblorosas.

―Aquí está el testamento. El abuelo me dejó el rancho a mí. Papá lo encontró, lo escondió... y evitó que saliera a la luz.

Eleanor sintió que las piernas dejaban de sostenerla. Miró primero a su hija. Después a Richard. Negó una y otra vez con la cabeza.

―No... ―Su voz apenas era un susurro―. Dime que eso no es verdad.

Richard permanecía inmóvil.

Su expresión no cambió lo más mínimo.

―Tu padre era un traidor.

Eleanor abrió mucho los ojos.

―¿Cómo puedes decir eso?

―Después de toda una vida trabajando para él, después de convertir este rancho en lo que es hoy... decidió entregárselo todo a ella.

Señaló a Lindsey con el cañón de la escopeta.

―A una niña que ni siquiera quería quedarse aquí.

Lindsey dio otro paso al frente.

―No. ―Su voz sonó mucho más firme―. El abuelo veía exactamente el hombre en el que te habías convertido.

Richard la observó en silencio.

―Veía lo que eras de verdad. Por eso lo mataste.

Richard sonrió.

Fue una sonrisa fría.

Vacía.

―Sí. Y haré exactamente lo mismo con cualquiera que intente arrebatarme lo que es mío.

Sus ojos se clavaron en Theo.

―Le di una oportunidad para marcharse. Tú se la diste, Lindsey.

Apretó con fuerza la culata de la escopeta.

―No quiso aprovecharla.

Y levantó lentamente el arma hacia Theo.

Todo ocurrió en apenas un segundo.

―¡No!

Eleanor se lanzó contra su marido con todas sus fuerzas.

El disparo retumbó por toda la habitación.

La explosión hizo temblar los cristales mientras la carga se incrustaba en el techo, arrancando una lluvia de yeso y astillas de madera.

Richard perdió el equilibrio, y Theo reaccionó por puro instinto.

Se abalanzó sobre él antes de que pudiera recuperar el control de la escopeta.

Ambos forcejearon durante un instante, hasta que consiguió arrebatársela de las manos.

Sin darle tiempo a reaccionar, giró el arma y lo golpeó con la culata.

Richard cayó pesadamente al suelo.

Quedó inmóvil.

Solo entonces el silencio regresó al despacho.

Lindsey corrió hacia su madre y Eleanor la abrazó con todas sus fuerzas, incapaz de contener el llanto.

―Perdóname... ―Su voz se rompía entre sollozos―. Perdóname por no haber visto lo que estaba pasando. Por no haberte protegido.

Lindsey cerró los ojos mientras la abrazaba.

―Tú tampoco sabías quién era realmente.

Las dos permanecieron unidas unos segundos, intentando recomponerse.

Fue Eleanor quien levantó primero la cabeza. Miró el cuerpo inconsciente de Richard, y después a Theo.

―Llama a la policía. Esto debe de saberse. Richard es un asesino.

Theo respiró hondo.

Una leve sonrisa, cargada de alivio, apareció por primera vez en toda la noche. Se acercó al escritorio, tomó el teléfono y comprobó que la llamada seguía abierta.

Lo levantó despacio.

― Sheriff ... ¿ha escuchado todo?

La respuesta llegó al instante.

―Claramente. ―La voz sonaba grave y serena al otro lado de la línea―. ¿Dónde se encuentran?

Theo miró a Lindsey antes de responder.

―En el Clarke Mountain Horse.

Hubo un breve silencio.

―No se muevan. Vamos para allá.