No te enamores de un vaquero (Hermanos Vaughan 2) Capítulo 11 #2
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Capítulo 11 #2

Todos giraron la cabeza al mismo tiempo. Las luces de una pickup aparecieron entre la oscuridad y avanzaron lentamente hacia la entrada del rancho.

Theo no apartó la vista.

Sabía, incluso antes de distinguir el vehículo con claridad, que el hombre que iba al volante solo podía ser uno.

Richard Clarke acababa de llegar.

La pickup se detuvo a escasos metros de la verja.

Richard Clarke apagó el motor y descendió con la misma calma con la que un hombre baja de su coche al llegar a casa después de un día de trabajo. Cerró la puerta sin prisa, se acomodó la chaqueta y caminó hasta el portón mientras los focos de la entrada proyectaban su sombra sobre el camino.

Su mirada recorrió uno por uno a los hombres del rancho Vaughan. Finalmente se detuvo ante Theo.

―No esperaba semejante recibimiento.

Theo dio un paso al frente.

―Suéltala.

Richard arqueó una ceja.

―¿Perdón?

―Has oído perfectamente lo que he dicho. Suelta a Lindsey.

Richard dejó escapar una sonrisa apenas perceptible.

―Me temo que estáis confundidos.

Theo sintió cómo todos los músculos de su cuerpo se tensaban.

―¿Dónde está?

―Está aquí en casa. Ella ha decidido regresar.

Aquellas palabras hicieron que Jesse estallara.

―¡Deja de tomarnos por idiotas!

Raimon levantó un brazo delante de su hermano para impedir que avanzara.

Richard ni siquiera lo miró.

Seguía observando únicamente a Theo.

―Mi hija ha decidido regresar al rancho. Después de una larga conversación ha comprendido que este es el lugar al que pertenece.

Theo negó despacio.

―Eso es mentira.

―Ah, ¿sí?

―Jamás volvería contigo por voluntad propia.

Richard sonrió con una serenidad que resultaba desesperante.

―La conoces desde hace unos meses. Yo llevo veintiséis años siendo su padre.

―Precisamente por eso sé que no habría vuelto.

Los ojos de Richard se endurecieron apenas un instante.

―Entonces no tenemos nada más de qué hablar.

Se dio media vuelta con intención de marcharse.

―¡Richard!

La voz de Theo resonó con fuerza en toda la entrada.

El ganadero se detuvo sin llegar a girarse.

―Que salga ella.

Richard permaneció inmóvil.

―Que salga aquí mismo y me diga a la cara que quiere quedarse contigo. ―Theo no apartó la vista de él―. Si Lindsey sale por esa puerta y me dice, mirándome a los ojos, que se queda aquí por su propia voluntad... daré media vuelta y no volverás a verme.

Jesse giró la cabeza hacia su hermano.

―Theo...

Pero él no apartó la mirada de Richard.

―Hasta entonces no pienso moverme de esta verja.

Richard permaneció unos segundos completamente inmóvil. Después se volvió muy despacio. Una leve sonrisa apareció en sus labios.

―¿Eso es lo que deseas?

―Sí.

―¿Y aceptarás su decisión?

―Si la escucho de sus propios labios... sí.

Richard sostuvo la mirada de Theo durante un largo instante. Parecía estar valorando algo. Finalmente asintió.

―Muy bien.

Richard dio media vuelta y comenzó a alejarse hacia la pickup. Antes de subir volvió la cabeza.

―Esperad aquí.

Theo observó cómo el vehículo desaparecía lentamente por el camino principal.

Jesse fue el primero en romper el silencio.

―No me gusta nada.

Mike negó despacio.

―A mí tampoco.

Raimon seguía mirando la oscuridad por donde había desaparecido Richard.

―Hay algo que no encaja.

Theo permanecía inmóvil, con la vista fija en las luces del rancho. Tan solo necesitaba verla para saber la verdad. Estaba seguro.

A varios cientos de metros de allí, la pickup de Richard se detuvo frente a las antiguas cuadras. El ganadero bajó del vehículo con la misma tranquilidad de siempre y caminó hasta el box donde permanecía encerrada su hija.

El sonido del cerrojo hizo que Lindsey levantara la cabeza de inmediato.

Richard abrió la puerta.

―Levántate.

Ella no se movió.

―No voy a ninguna parte contigo.

Él sonrió.

―Creo que querrás escuchar lo que tengo que decirte.

Lindsey sostuvo su mirada con un desafío que no pensaba abandonar.

―Habla.

Richard dio un paso al interior de la cuadra.

―Theo Vaughan está esperándote en la entrada del rancho. Ha venido con sus vaqueros.

Aquellas palabras hicieron que Lindsey levantara la cabeza de golpe. El corazón comenzó a latirle con tanta fuerza que creyó que iba a salírsele del pecho.

―¿Qué has dicho?

―Ha venido a buscarte.

Durante un instante la esperanza iluminó su rostro.

Richard esperó justo el tiempo necesario para verla sonreír antes de continuar.

―Y si no haces exactamente lo que voy a decirte... ninguno de ellos volverá a salir de aquí.

La sonrisa desapareció al instante.

―¿Qué...?

―Vas a salir conmigo. Delante de Theo le dirás que has decidido quedarte en el rancho por voluntad propia. Le pedirás que se marche y que no vuelva a buscarte.

Lindsey dio un paso atrás.

―No.

Richard ni siquiera parpadeó.

―Piénsalo antes de responder.

―No voy a mentirle.

―Entonces tendré que tomar otras decisiones.

Ella sostuvo su mirada.

―¿Me estás amenazando?

―Lo estoy haciendo, sí.

Lindsey sintió un escalofrío.

―Déjalos marchar. Ellos no tienen nada que ver con esto.

Richard negó lentamente.

―Desde el momento en que decidieron ponerse de tu lado, sí tienen que ver.

La voz de Lindsey comenzó a temblar.

―No serías capaz de hacerles daño.

Richard la observó con una calma que resultaba aterradora.

―¿Todavía sigues creyendo eso?

Ella tragó saliva.

―¿Igual que fuiste capaz de hacer desaparecer a mi abuelo?

El silencio se hizo absoluto.

Richard no respondió de inmediato. Simplemente sostuvo su mirada. Después, muy despacio, inclinó la cabeza en un leve asentimiento. Fue un gesto casi imperceptible. Pero bastó para que Lindsey sintiera que el mundo se derrumbaba bajo sus pies.

Las lágrimas acudieron a sus ojos.

―Dios mío... eres un asesino.

Richard permanecía inmóvil.

―Tu abuelo tomó una decisión que ponía en peligro el futuro de esta familia.

―Era parte de esta familia. Él te quería.

La voz de Lindsey se quebró por completo.

Richard no mostró el menor atisbo de arrepentimiento.

Lindsey sintió que le faltaba el aire.

―Está en tu mano que a la familia Vaughan no le pase nada. Sal ahí y diles que se marchen, o esta misma noche los haré matar por mis hombres, y después quemaré su rancho. Será como si los Vaughan nunca hubiesen existido.

―¿Qué tengo que hacer?

Richard dio media vuelta.

―Sígueme.

Lindsey permaneció inmóvil un instante más. Cada paso que daba le parecía una traición. Pero el miedo era más fuerte que cualquier otra cosa.

Salió del box en silencio.

Richard cerró el cerrojo tras ellos y ambos caminaron hasta la pickup estacionada frente a las cuadras.

Él ocupó el asiento del conductor. Lindsey subió al lado con el corazón completamente roto.

Mientras el motor arrancaba y el vehículo avanzaba hacia la entrada del rancho, solo podía pensar en una cosa.

Dentro de unos minutos tendría que mirar a Theo a los ojos.

Y mentirle por primera vez desde que lo conocía.

No dejaría que le pasase nada. Ni a él ni a su familia. Haría todo cuanto estuviese en su mano.