Capítulo 9 #4
La llamada terminó, pero Theo permaneció inmóvil unos segundos con el teléfono todavía en la mano. No dejaba de darle vueltas a una única idea. Richard Clarke había aparecido de forma inesperada. Había amenazado a Lindsey. Y apenas unos minutos después... Había desaparecido sin dejar rastro.
Las luces azules de varios vehículos del sheriff iluminaban el aparcamiento cuando Raimon y Amaya llegaron a la feria.
Dos agentes recorrían el recinto preguntando a comerciantes y visitantes, mientras otros revisaban las cámaras de seguridad instaladas en los accesos principales. Aquello no parecía una búsqueda a gran escala, sino una comprobación rutinaria.
Theo los vio bajar de la camioneta y caminó hacia ellos con paso apresurado.
Su aspecto hablaba por él. Tenía la camisa arrugada, los nudillos todavía enrojecidos por la pelea de la noche anterior y una expresión que Amaya jamás le había visto.
―¿Habéis encontrado algo? ―preguntó Raimon.
Theo negó con la cabeza.
―Nada. ―Miró alrededor con impotencia―. Estoy convencido de que se la han llevado sus padres.
Amaya abrió mucho los ojos.
―¿Estás seguro?
―No puedo demostrarlo, pero lo sé. Richard Clarke la amenazó delante de mí. Le dijo que, si no estaba con ellos, estaba contra ellos. Diez minutos después Lindsey había desaparecido.
En ese momento un hombre alto, de cabello completamente blanco y sombrero beige se acercó hasta ellos. Llevaba una placa colgada del cinturón y caminaba con tranquilidad.
―Raimon.
― Sheriff Collins.
Ambos se estrecharon la mano.
―Gracias por venir tan rápido.
El sheriff asintió.
―Conocía a vuestro padre desde mucho antes de que vosotros nacierais. Era un buen hombre. Si hay algo que pueda hacer, lo haré.
Theo dio un paso al frente.
―Entonces búsquenla.
El sheriff lo miró con serenidad.
―Ya lo estamos haciendo. ―Señaló discretamente el recinto―. He puesto a mis hombres a recorrer toda la feria y estamos revisando las cámaras de seguridad de los accesos. También hemos hablado con la organización de la subasta para comprobar si alguien la vio salir.
Theo negó con impaciencia.
―Eso no basta.
―Es lo que puedo hacer de momento.
―¡Le estoy diciendo que la han secuestrado!
El sheriff permaneció impasible.
―Lo que me estás diciendo es que una mujer adulta ha desaparecido después de discutir con sus padres.
―¡No ha desaparecido! ¡Se la han llevado!
―¿Lo viste?
Theo apretó la mandíbula.
―No.
―¿Algún testigo vio cómo la obligaban a subir a un vehículo?
―No.
―¿Has encontrado signos de violencia?
Theo bajó la mirada hacia las llaves que seguía sujetando.
―Solo las llaves... y la puerta abierta.
El sheriff asintió lentamente.
―Entiendo tu preocupación. De verdad. ―Hizo una pausa antes de continuar―. Pero, legalmente, todavía no tengo pruebas de que se haya cometido un delito.
Theo dio un paso más.
―Escuché cómo su padre la amenazaba.
―¿Qué dijo exactamente?
―Que, si no estaba con ellos, estaría contra ellos.
El sheriff guardó silencio unos segundos.
―Esa frase puede interpretarse de muchas maneras.
Theo dejó escapar una risa amarga.
―Claro.
El sheriff mantuvo el mismo tono tranquilo.
―Richard Clarke es un empresario conocido. No puedo acusarlo de secuestro únicamente por esa conversación.
Aquellas palabras terminaron de colmar la paciencia de Theo.
―Entonces no hagan nada más. ―Se dio media vuelta―. Ya me ocuparé yo.
―¡Theo!
Raimon lo sujetó del brazo antes de que pudiera alejarse.
El sheriff suspiró.
―Haz el favor de tranquilizar a tu hermano.
Miró a Theo con cierta tristeza.
―Te conozco desde que eras un crío. Sé el hombre que eres y no quiero verte haciendo una tontería de la que luego puedas arrepentirte. ―Después volvió la vista hacia Raimon―. Voy a intentar localizar a Richard Clarke. Quiero escuchar su versión y comprobar si Lindsey está con ellos.
Raimon asintió.
―Gracias.
―En cuanto tenga cualquier noticia, os llamaré.
El sheriff se alejó dando instrucciones a dos de sus agentes mientras Theo permanecía inmóvil, observándolo marcharse.
Su respiración seguía acelerada.
Amaya se acercó despacio.
―La encontraremos.
Theo negó lentamente.
―No. Yo sé dónde está. Y, si ellos no hacen algo, yo mismo lo haré.
Theo condujo detrás de la camioneta de Raimon durante casi una hora en dirección al rancho, sin recordar apenas el camino recorrido. El paisaje desfilaba frente al parabrisas como una sucesión de imágenes vacías mientras una única idea se repetía una y otra vez en su cabeza.
«Tenía que haber ido con ella».
Cuando las puertas del rancho Vaughan aparecieron finalmente ante él, la culpa pesaba mucho más que el cansancio.
La noticia ya había corrido por toda la propiedad.
Nada más detener los vehículos frente a la casa grande, los trabajadores comenzaron a salir de los establos, de los corrales y de los talleres.
Mike, Robert, Hank, Mery, June, Jesse...
uno tras otro fueron reuniéndose bajo el amplio porche de madera de la entrada principal.
Nadie hablaba. Todos esperaban. Y todos comprendieron, nada más ver el rostro de Theo, que Lindsey todavía no había aparecido.