No te enamores de un vaquero (Hermanos Vaughan 2) Capítulo 9 #3
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Capítulo 9 #3

―Por supuesto, lo que necesites, cielo. Iré a hacer el pago del semental y me reuniré contigo.

Le dio las llaves de la camioneta.

Theo permaneció unos segundos observando cómo Lindsey se alejaba entre la multitud antes de dirigirse a la oficina donde formalizaban las compras de la subasta.

El trámite apenas le llevó unos minutos.

Firmó la documentación en nombre del rancho Vaughan, revisó junto al responsable el pedigrí del semental y confirmó que el animal permanecería en las instalaciones hasta el día siguiente, cuando un transportista especializado lo trasladaría al rancho.

Guardó la carpeta bajo el brazo y salió del edificio con la satisfacción de haber conseguido exactamente el ejemplar que Raimon buscaba.

Sin embargo, aquella sensación apenas duró un instante.

Desde el encuentro con Richard y Eleanor Clarke, una inquietud persistente no había dejado de acompañarlo.

La imagen de Lindsey, completamente descompuesta al ver a sus padres, regresaba una y otra vez a su cabeza.

Esperaba encontrarla algo más tranquila.

Quizá caminar unos minutos le habría servido para serenarse.

Aceleró el paso hacia el aparcamiento.

La camioneta seguía estacionada en el mismo lugar, pero algo llamó su atención antes incluso de llegar. La puerta del acompañante permanecía abierta de par en par.

Theo frunció el gesto.

―¿Lindsey?

No obtuvo respuesta.

Se acercó rápidamente y entonces vio las llaves tiradas junto a la rueda delantera. Permanecían sobre el asfalto como si hubieran caído de su mano de forma precipitada. Un escalofrío le recorrió la espalda. Se agachó para recogerlas y miró alrededor con creciente inquietud.

―¡Lindsey!

Su voz resonó por el aparcamiento y varias personas se giraron para observarlo, pero nadie respondió.

Abrió la puerta de la camioneta. El asiento del copiloto estaba vacío. Tampoco estaba el bolso de Lindsey.

Durante un instante intentó convencerse de que habría ido al baño o que necesitaba despejarse dando un paseo. Pero enseguida descartó aquella posibilidad. Lindsey jamás habría dejado las llaves en el suelo y la puerta abierta.

Comenzó a recorrer el aparcamiento casi corriendo, preguntando a cuantos encontraba a su paso si habían visto a una mujer rubia, de ojos azules, vestida con una camisa y vaqueros.

El vigilante de la entrada negó con la cabeza.

Un matrimonio que acababa de cargar unas cajas en su remolque tampoco recordaba haberla visto. Nadie parecía haber reparado en ella.

Cada respuesta aumentaba la presión que sentía en el pecho.

Regresó a la camioneta y sacó el teléfono del bolsillo con manos que ya empezaban a temblarle.

Marcó el número de Lindsey y esperó con la mirada fija en el recinto ferial.

El tono sonó una, dos, tres veces, hasta que la llamada terminó desviándose al buzón de voz.

Volvió a intentarlo con idéntico resultado.

Aquello terminó de convencerlo de que algo no iba bien. Sin perder un segundo más, sacó el teléfono del bolsillo y buscó el número de Raimon. Este respondió casi al instante.

―¿Ya vais de camino?

Theo pasó una mano por el cabello, intentando ordenar unos pensamientos que iban demasiado deprisa.

―Raimon... ha pasado algo.

Al otro lado de la línea se hizo un breve silencio.

―¿Qué ocurre?

―Nos hemos encontrado con los padres de Lindsey.

La voz de Theo sonaba tensa.

―Han aparecido en la subasta. Estaban pujando por el mismo semental que nosotros.

Raimon lo dejó hablar.

―Han discutido. Richard la ha amenazado. Le ha dicho que, si seguía con nosotros, estaría contra ellos. Lindsey se ha quedado destrozada. Apenas podía hablar.

Theo respiró hondo, sintiendo que el corazón le golpeaba con fuerza en el pecho.

―Me dijo que me esperaba en la camioneta mientras terminaba de pagar el Angus. Pensé que necesitaba unos minutos para tranquilizarse. No tardé más de diez minutos.

Su voz comenzó a quebrarse.

―Cuando he vuelto... la puerta estaba abierta. Las llaves estaban en el suelo. Lindsey no estaba por ninguna parte.

Raimon guardó silencio unos segundos.

―¿La has llamado?

―Varias veces. No contesta.

―¿Has preguntado a seguridad?

―Sí. También a la gente que había cerca. Nadie la ha visto.

Theo apretó las llaves con tanta fuerza que el metal se clavó en la palma de su mano.

―Raimon... conozco a Lindsey. Ella jamás se habría marchado así. Estoy seguro de que algo ha pasado.

Al otro lado de la línea, la voz de Raimon cambió por completo. Desapareció cualquier rastro de tranquilidad.

―Escúchame bien. No te muevas de ahí. Amaya y yo salimos ahora mismo hacia la feria.

Theo levantó la vista hacia el ir y venir de personas que seguían caminando por el recinto como si nada hubiera ocurrido.

―¿Crees que...?

―No lo sé ―lo interrumpió Raimon―. Pero, después de lo que acabas de contarme, no pienso pensar que esto es una casualidad.

Hizo una breve pausa antes de añadir:

―Llama al sheriff . Quiero que empiecen a buscarla cuanto antes.

Theo asintió, aunque Raimon no pudiera verlo.

―Voy ahora mismo.