No te enamores de un vaquero (Hermanos Vaughan 2) Capítulo 7 #3
52%

Capítulo 7 #3

La sonrisa del hombre desapareció.

―Qué carácter. ¿No eres de por aquí verdad?

Mientras hablaba volvió a acercarse demasiado y le sujetó suavemente la muñeca.

Fue un gesto breve. Pero suficiente para ella.

Lindsey retiró el brazo de un tirón.

―No me toques.

Varias personas comenzaron a mirar hacia ellos.

El hombre soltó una risa cargada de alcohol.

―Solo quería bailar.

―Y yo te he dicho que no.

Theo seguía cantando.

Pero sus ojos llevaban varios minutos regresando una y otra vez al mismo lugar de la pista.

La vio tensarse.

Después vio cómo aquel hombre le agarraba la muñeca. Y dejó de cantar. Ni siquiera esperó a que terminara el estribillo. Soltó el micrófono sobre el soporte y bajó del escenario de un salto.

La banda continuó tocando unos segundos más antes de detenerse por completo al comprender que algo ocurría.

Cuando Theo llegó junto a ellos, Lindsey acababa de dar otro paso atrás.

―¿Hay algún problema?

El desconocido lo miró de arriba abajo.

―Ninguno que te importe.

―A mí me importa.

Lindsey levantó la vista.

No lo había visto nunca con aquella expresión.

―Theo...

Él no apartó la vista del hombre.

―¿Te ha molestado?

Lindsey abrió la boca para responder. No tuvo tiempo.

―¿Y tú quién eres? ¿Su novio?

El silencio cayó alrededor.

Theo dio un paso al frente.

―Eso a ti no te importa. Ella ya te ha dicho dos veces que la dejes en paz, y eso es lo que vas a hacer.

El hombre sonrió con desprecio.

―Pues que me lo diga una tercera.

Empujó a Theo con una mano. Fue un gesto brusco. Y aquello fue suficiente.

Theo reaccionó por puro instinto. Sujetó al desconocido por la parte delantera de la camisa antes de que pudiera acercarse otra vez a Lindsey y lo obligó a retroceder un par de pasos.

―Se acabó. Márchate.

Pero el hombre no estaba solo. Dos amigos que habían presenciado la escena desde la barra se acercaron inmediatamente, empujando a la gente para abrirse paso hasta ellos.

―¡Eh! Suéltalo.

Mike dejó escapar un largo suspiro al verlos aproximarse.

―Pues ya está...

Robert se puso en pie de golpe.

―Mike, ni se te ocurra.

―¿Qué quieres que haga? ¿Mirar?

Robert alargó una mano para detenerlo, pero ya era demasiado tarde.

Mike se abrió paso entre la gente dispuesto a echar una mano a Theo. Jesse apareció por el otro lado intentando separar a todo el mundo, aunque terminó recibiendo un empujón que lo hizo cambiar de idea.

En cuestión de segundos aquello dejó de parecer una discusión para convertirse en una auténtica batalla campal.

Jack gritaba desde la barra, hasta que no tuvo más remedio que actuar.

Las sillas caían al suelo. Alguien rompió un vaso.

La música se había detenido por completo.

Lindsey intentó apartarse para no quedar atrapada entre la gente, pero uno de los hombres la empujó sin querer al abrirse paso hacia la pelea.

Perdió el equilibrio.

Theo lo vio. Y fue suficiente para perder la poca calma que le quedaba. Apartó de un puñetazo al hombre que tenía delante y cruzó la distancia que los separaba en apenas dos zancadas.

―¿Estás bien?

Las manos de Theo sujetaron sus brazos con firmeza mientras comprobaba que no se hubiera hecho daño.

Lindsey asintió.

―Estoy bien.

Pero Theo no parecía escucharla. Seguía buscando con la mirada al hombre que la había empujado. Algo en su expresión hizo que Lindsey sintiera un nudo en el estómago. No era miedo lo que reflejaban sus ojos. Era rabia.

Una rabia contenida que Lindsey jamás le había visto.

―¡Theo!

Apenas tuvo tiempo de pronunciar su nombre.

Uno de los amigos del desconocido apareció por el costado y se lanzó directamente contra él. El impacto los hizo chocar contra una mesa, que terminó volcando con un estruendo. Los vasos salieron despedidos y la madera crujió bajo el peso de ambos.

―¡Joder! ―gritó Mike, lanzándose de cabeza a la pelea.

Robert intentó detenerlo.

―¡Mike, espera...!

Demasiado tarde.

Mike ya había derribado de un empujón al segundo hombre, mientras Jesse llegaba por el otro lado dispuesto a sacar a Theo de allí.

Pero aquello ya era imposible.

En cuestión de segundos media taberna se había convertido en un caos de empujones, gritos y puñetazos.

Theo consiguió apartarse del hombre que tenía encima justo cuando otro apareció por su espalda con intención de golpearlo.

Lindsey lo vio antes que nadie.

No pensó.

Simplemente reaccionó.

Se lanzó sobre él y le rodeó el cuello con un brazo, tirando con todas sus fuerzas hacia atrás.

―¡Ni se te ocurra!

El hombre perdió el equilibrio, sorprendido por encontrarse con una mujer colgada prácticamente de su espalda.

―¡Suéltame!

―¡Cuando aprendas educación!

Jesse giró justo en ese instante.

Al ver al desconocido forcejeando con Lindsey, no dudó ni un segundo. Dio dos zancadas y descargó un puñetazo limpio sobre su mandíbula. El hombre cayó al suelo como un saco de arena.

Lindsey, que seguía agarrada a él, terminó sentada encima de su espalda.

Parpadeó un segundo.

Jesse le tendió una mano para ayudarla a levantarse.

―¿Estás bien?

Ella aceptó la mano todavía algo aturdida.

―Creo que sí...

Theo acababa de quitarse de encima a otro de los tipos cuando levantó la vista. Lo primero que vio fue a Lindsey incorporándose del suelo. Lo segundo... Al hombre que acababa de dejar inconsciente Jesse. Se quedó mirándola un instante, completamente incrédulo.

―¿Acabas de tirarte encima de ese tipo?

Lindsey se encogió de hombros, todavía jadeando.

―Iba a golpearte por la espalda.

Theo abrió la boca.

No encontró absolutamente nada que decir.

Mike apareció a su lado riéndose como un loco.

―¡Jefe! ¡La veterinaria pelea mejor que muchos vaqueros!

―¡Cállate y agáchate! ―gritó Robert.

Una silla pasó volando por encima de sus cabezas.

―¡Nos largamos! ―rugió Raimon desde el otro extremo del local.

Acababa de apartar de dos empujones a un hombre que le bloqueaba el paso. Se abrió camino hasta Theo, lo agarró con fuerza del brazo y prácticamente tiró de él.

―¡Se acabó! ¡Todo el mundo fuera!

―¡Pero si nosotros no hemos empezado! ―exclamó Theo.

―¡Me da exactamente igual!

Mike protestó.

―¡Yo todavía no he terminado!

―Precisamente por eso nos vamos.

Jesse señaló la puerta.

―¡Robert! ¡Hank! Mi hermano tiene razón. ¡Es hora de irse!

Entre los cuatro comenzaron a retroceder hacia la salida mientras Jack y varios empleados intentaban contener el desastre que había quedado dentro del local.

Cuando por fin alcanzaron el aparcamiento, todos respiraban con dificultad.

Mike tenía el labio partido. Jesse empezaba a hincharse por un pómulo. Theo llevaba los nudillos ensangrentados. Lindsey tenía el pelo completamente despeinado y el vestido azul empapado de cerveza.

Raimon los observó uno por uno.

Negó despacio con la cabeza.

―No puedo creer que os haya dejado salir juntos.

Nadie respondió.

―Parecéis una panda de adolescentes.

Mike levantó la mano.

―En mi defensa...

―No quiero escuchar tu defensa.

―Era muy buena.

―Precisamente eso es lo que me preocupa.

Amaya soltó una risa al ver la cara de Mike.

―Hay que reconocer que el golpe que le has dado al grandullón ha sido bastante bueno.

Mike sonrió orgulloso.

―¿Ves? Alguien aprecia mi talento.

Raimon volvió a mirarlos.

―Subid a las camionetas antes de que llegue el sheriff y tenga que sacaros de la cárcel.

Esta vez nadie discutió.