Capítulo 17. El malvado plan
Leo
Se despertó con un timbrazo que lo asustó. Harper seguía dormida, desnuda y con una leve sonrisa en la cara. Y es que esa noche y las cinco anteriores habían sido más que buenas. Mejor que buenas.
Se puso un pantalón y salió a abrir. Quizá era Jacob, pero según recordaba, era domingo y las ocho de la mañana.
—¿Dónde está mi chica? —preguntó Kevin entrando en su apartamento.
—Pasa, hombre, no te cortes.
—¿Ocurre algo?
—Pues que tendríais que haberme dicho que estáis juntos de verdad. Han sacado unas fotos vuestras y yo no sabía nada.
Harper salió con una de sus camisetas, el cabello revuelto y cara de sueño. Normal porque llevaban varias noches durmiéndose tarde, no solo por el sexo, sino por hablar hasta que caían rendidos.
—Kevin, ¿qué hora es? ¿Las nueve? ¿Estás loco? Es mi día de fiesta.
—A ver, niños, si estáis juntos de nuevo hay que moverlo y también empezar a aprovecharlo. ¿Qué tal un viaje de novios por Maldivas? Hablaré con Caleb para que te dé fiesta.
—Ey, ey, para el carro, bonito. Que llevo poco tiempo con él.
—Y, además, aunque mi padre vaya mejor, Bella está a punto de dar a luz. Estoy cubriendo a mi hermano.
—Chicos, está todo controlado. Caleb te dará una semana seguro y a tu hermana le faltan como mínimo tres. Y luego está el estreno de la película que hiciste con Charlie. Agatha me lo ha dicho. Ya sabes porque habéis vuelto a ser amigos, que ahora estamos juntos en nuestra agencia.
—No sé, Kevin. Sin un café, no puedo pensar.
—Yo hago cafés —dijo Leo dándole un beso en la nariz.
—Sois una monada. Ya decíamos que os mirabais muy intensamente.
Leo bufó desde la cocina mientras enchufaba la cafetera.
Ella se sentó en la mesa de desayuno con los pies debajo de su trasero.
Kevin se puso a su lado mientras Leo los miraba.
Sacó la cafetera y una botella de leche, algunas galletas de avena y se sentó con ellos.
Harper le sonrió y él la miró conteniendo un suspiro.
Todavía no se creía que estaban juntos. Margot no hacía más que decirle que fueran ambos, pero Harper se sentía algo avergonzada por todo lo que había pasado.
—Nuestra idea es que una semana cada cierto tiempo podáis iros de viaje y hacer un super reportaje, hotel y restaurantes, fotos bonitas, románticas, algo así.
—¿Te recuerdo que tengo otro trabajo? —dijo Harper tomando un sorbo de su café y suspirando.
—Escucha, si tienes más seguidores y luego publicas contenido del restaurante le vas a beneficiar. Todo el mundo querrá ir, ¿o acaso no han notado que han aumentado las reservas?
—Sí, pero no quiero abusar del buen carácter de mi jefe.
Leo bufó. —¿En serio? El otro día volvió a amenazar a Charlie para que se casaran de una vez. Es un tío que acojona.
—No conmigo —contestó—, pero podemos hablarlo.
—Vale. Entonces, estáis juntos, juntos, ¿no?
—Juntísimos —se apresuró a contestar Leo—, para lo bueno y lo malo. Aunque cabezota como es, todavía no se quiere mudar aquí. Es más práctico, grande y está más cerca del trabajo de ambos.
—Eso ya lo hablaremos más tarde. Prefiero mantener mi lugar.
Leo bufó y se levantó al baño. Ya no sabía cómo hacer para que ella diera por fin el paso.
Pero tenía un plan. El siguiente fin de semana era el cumpleaños de Mack y la convencería para ir.
Si tenía que utilizar a Mini Villana para ello, lo haría.
Los dejó hablar mientras cerraba la puerta para llamar a Bella, imaginó que estaría al tanto de que estaban juntos, porque Jacob habría tardado cero segundos en decírselo.
Ella se apuntó. El plan estaba en marcha.
El jueves quedaron para dar una vuelta, empezaba noviembre y el frío les hizo entrar en una cafetería cercana antes de ir a cenar a un nuevo lugar que Caleb les había recomendado. Y de paso, ella haría una reseña.
—¿Qué te pasa? Estás mustio como mis plantas.
—Sí, lo sé. Es que… —dijo mirándole con ojitos de cordero. Ah, sí, eso le salía de maravilla y siempre le había funcionado en casa.
Ella le tomó la mano.
—Háblame, Leo. Dijimos que me contarías todo.
—Ya, pero es que igual no te parece bien.
—Joder, dímelo.
El camarero les tomó nota y pidieron unas infusiones calientes. Ella se veía impaciente. Él, aguantando la sonrisa.
—Como no me lo cuentes te voy a torturar.
—Vale, vale. Es que este fin de semana celebramos el cumpleaños de Mack y la verdad, a mi familia le haría mucha ilusión que vinieras. Ya les he dicho que igual tienes trabajo…
—Ah. Es que todavía me siento avergonzada de haberlos engañado.
—Pero si tu madre lo lleva tan bien… ¿por qué los míos no lo iban a llevar igual? Te aprecian muchísimo. Y todos mis hermanos y hermanastros.
Ella se mordió el labio y él la tomó de la mano.
—No quiero obligarte a nada, pero me gustaría mucho. Sophie me pregunta mucho por ti. Ella no entiende… o sea, piensa que no vamos en serio o algo. Para mí sí lo vamos. ¿Y para ti?
—Sí, Leo. Joder. Eres un manipulador. Está bien, aunque no creas que me siento cómoda.
—Cuanto más esperes, peor.
—En eso te doy la razón —suspiró ella—, y bueno, estamos… casados.
—Ya, y te sigue pareciendo como si no lo estuviéramos.
—Porque fue una boda falsa, Leo. Es… extraño.
—Algún año nos volvemos a casar, Harper y entonces viviremos juntos. Si no quieres en mi apartamento, lo vendo y compramos uno juntos.
—No, si tu apartamento está bien —dijo ella tomando un sorbo. Él la miró. Ya no sabía qué más hacer. Se le ocurrió algo y cuando Harper fue al servicio, tecleó rápido a Bella y ella le mandó algunos aplausos y un enorme OK.
Se fueron a cenar y volvieron de la mano a casa. Ya no les importaba si los pillaban o publicaban sobre ellos, a pesar de las protestas de Kevin. En realidad, todavía no habían puesto fotos en común.
—¿Qué te parece si nos hacemos una foto delante del parque? Según Kevin deberíamos empezar a postear estar juntos.
—Está bien, Leo. Entiéndeme, no es que no quiera, pero me siento rara. Pero sí, dale y me la pasas.
Hicieron unas cuantas y subieron algunas a sus respectivas cuentas con el hashtag #harperleo y se fueron caminando a casa. Él había subido una en la que se daban un suave beso. Estaba algo torcida y mal encuadrada, pero no le importó. Su rostro feliz y sonriente es lo que más le gustaba.
En la cama, saltó un mensaje de Kevin en el grupo que tenían los tres. Enseguida, les llamó por teléfono.
—¡Me encanta esa foto! Ya era hora, chicos. ¿Habéis visto cuántos comentarios?
—Si acabamos de colgarla, Kevin —dijo Harper.
Echó un vistazo a su cuenta, miles de corazones y comentarios muy bonitos. Leo miró la suya y lo mismo.
—Es muy romántica, ¡me encanta! Podíamos colgar alguna de la no boda. Si os parece bien.
—Ya te diremos, Kevin, a dormir y deja de ver las redes sociales.
Colgaron y se acurrucaron, dejando el móvil en silencio.
—Es raro que toda la gente sepa de tu vida íntima, ¿verdad? —dijo Harper.
—Es lo que tiene ser famoso. En realidad, compartes mucho más de tu vida que a lo mejor lo que le cuentas a tu propia familia. Alguna vez mi hermano me decía que sabía dónde estaba mirando mis redes.
—Suena triste, Leo.
Frunció el ceño y se recostó. Ella se apoyó en su pecho para dormirse. —Lo es. Mucho.
Se quedó dormida enseguida y Leo siguió maquinando su plan. Bella ya le había enviado varias ideas y le estaba dando vueltas. Desde luego, con ellas tenía el éxito asegurado.