No somos novios (pero ya verás) (Familia Cresswell-Donovan 4) Capítulo 15. Coincidencias no casuales
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Capítulo 15. Coincidencias no casuales

Leo

—Sobre lo que dijiste el otro día… necesito un favor.

Jacob había entrado en su habitación mientras él estaba tirado en la cama. Había estado parte de la noche entrando y saliendo de la habitación de su padre hasta que Margot le echó la bronca y se lo prohibió. Al menos, estaba bien.

—A ver, que no sé ni de qué me hablas, Mr. Intenso.

—Dijiste que no sabías qué hacer con tu vida. Y ahora tengo un problema.

—¿Te pasa algo? ¿A Bella? —preguntó incorporándose al ver el rostro serio de su hermano.

—Bueno, va a tener un bebé, si no te has dado cuenta.

—Eso ya lo sé. ¿Qué más?

—No seas borde. Verás, Bella quiere empezar a trabajar enseguida, aunque se tome sus pausas para amamantar al bebé y para ello necesita a alguien que se lo lleve y que lo cuide.

—No voy a ser vuestra niñera, ni de puta coña, Jacob.

—No, no es eso. Quiero cuidar de Alex yo mismo y Ben no puede solo con la galería. Por eso te quería pedir que mientras el peque tenga unos meses y hasta que vaya a la guardería, me sustituyeras.

—Yo no sé tanto de arte como tú, Jacob.

—Tenemos las exposiciones confirmadas de aquí a un año, tiempo suficiente para que el bebé sea más independiente.

Solo tienes que estar ahí, ser amable y vender con encanto.

Eso sí lo sabes hacer. Y puesto que hoy vienen invitados por la exposición del primo de Lorelai, me gustaría que vinieras para hacerte con el ambiente. Llevas días sin salir de casa.

—Ni ganas que tengo. ¿No se lo puedes pedir a Charlie? Es guapo, no tanto como yo…

—Me gustaría que fueras tú. ¿Cuántas veces te he pedido un favor?

Sacó los dedos para empezar a enumerar y su hermano le tiró el peluche de su equipo de futbol a la cara.

—Si no lo haces por mí, hazlo por tu sobrino. Tener a sus padres cerca es importante. No quiero ser un padre ausente.

—Ya. Eso sí.

Suspiró mientras arreglaba la camiseta del osito. Su padre faltaba de casa durante meses y aunque cuando volvía los colmaba de atención, siempre lo echaban de menos.

—Está bien. ¿Tengo que ponerme traje?

—No, camisa y pantalón serán suficientes. Anda, date una ducha, te espero abajo en diez minutos.

—¿Y papá? —preguntó con pánico.

—Está Margot y Mack tiene guardia, pero podrías estar aquí en minutos. Charlie y Ruby acudirán, el restaurante de su hermano nos traerá el cáterin e incluso Sophie va a venir, dice que tiene que vigilar que todo esté bien. Es un familiar de Lorelai quien expone, hay que apoyarlo.

—Deja de hacerme chantaje emocional, Jacob, sí y sí, sí a todo, pesado. Total, no creo que tenga mucho que hacer de aquí a unos meses.

—Nunca se sabe. Pero dúchate por dios. O espantarás a los posibles clientes.

Le tiró el osito y salió volando. Se levantó con pocas ganas.

No era totalmente ignorante de lo que hacían en la sala, porque cuando podía se pasaba, al final, era su hermano.

Y entendía que quisiera pasar los primeros meses con su hijo, de forma que Bella pudiera retomar su puesto.

Entendía muchas cosas, pero no cómo se sentía.

Y no solo por lo de su padre, sino por haber sido tan cabrón de echar a Harper de esas maneras, de no volverle a hablar, de hacerle un ghosting de manual.

Era despreciable, pero no sabía qué más hacer.

Se habría ido quizá a otro lugar para hacer una reseña.

Se metió en la ducha y se afeitó. Lo iba a hacer. Se implicaría en la sala de su hermano y Ben, les echaría una mano y tal vez en unos meses encontraría su camino. Eso que tanto le gustaba, fuera lo que fuese.

Se puso una camisa y pantalones oscuros, para diferenciarse de su hermano, que siempre iba con camisa blanca y después de despedirse de su padre, se metió en el coche, al lado de Sophie que llevaba un precioso vestido azul. Lo miró de arriba abajo.

—No estás mal, Leo.

—¿Gracias?

Bella y Jacob se echaron a reír desde el asiento de delante. Llegaron a la capital solo con una parada porque la embarazada se hacía pis y aparcó cerca de la sala. Habían puesto unas guirnaldas muy elegantes y llamaban la atención desde la calle.

—Me voy al baño otra vez —dijo Bella y Sophie la acompañó.

—Y así cada dos horas. Es una faena, pero te aconsejo que, si alguna vez vas con alguien embarazada, no le sugieras ponerse pañales. Es mala idea.

Leo se echó a reír y le dio unas palmaditas a su hermano. Ben estaba terminando de colocar los catálogos y sonrió al verlos.

—Los Donovan han llegado. ¿Cómo está Richard?

—Mejorando —dijo Jacob—. ¿Ha llegado el artista?

—Sí, allá atrás —contestó de bastante mala gana.

Lo miraron con curiosidad. Se acercaron. Estaba Armando, el cuñado de Lorelai, el artista que era su primo y claro. Ambos se miraron comprendiendo. Stella estaba allí, preciosamente enfurruñada.

—Hola a todos, qué bien veros —dijo Jacob. Se saludaron con amabilidad, incluso Stella.

Toda la animadversión se la guardaba para Ben. Leo se acercó a ella.

—Algún día me contarás por qué odias tanto al mejor tío que conozco.

—Ja. Déjame en paz, Donovan. Que te den.

—Entonces, ¿por qué has venido?

—Lori y Armando me lo pidieron. Solo por ellos.

—Tienes un problema, Stella —dijo Leo molesto.

Se marchó. Estaba seguro de que Ben jamás le haría daño.

Además de haber sido policía y de los buenos, era un gran hombre.

Duro, protector, pero buena gente. Y eso que ese día estaba con algún golpe que otro en la cara.

Sin embargo, no les había explicado. Jacob le dijo que lo interrogarían más tarde.

Empezaron a venir los invitados. El primo de Lorelai parecía tímido, pero cuando explicaba su obra, su rostro se transformaba.

Él y Jacob lo acompañaban y veía cómo se comportaba su hermano, para aprender.

La verdad, lo hacía bien, aunque no se lo diría ni en sueños.

Charlie se unió con Ruby a la fiesta. Luego hablaría con él.

Parecía feliz, aunque claro, él siempre sonreía.

Se cerraron varias operaciones y después de dar las gracias a todos los asistentes, les invitó a pasar al rincón donde habían preparado unas mesas con bebidas.

—Van a venir los del cáterin, ábreles por detrás, Leo —indicó Jacob. Él asintió y se fue bajo la atenta mirada de sus hermanos. Solo era abrir una puerta, joder, no la iba a cagar.

Llegó hasta el final del pasillo y abrió. El hermano de Ruby entró con varias bandejas, también su esposo y una camarera. Siguió sujetando la puerta cuando se encontró cara a cara con ella.

—¿Harper?

—¿Leo?

—¿Por qué llevas el uniforme del restaurante del hermano de Ruby?

—Ay, mierda.

La camarera se acercó y le quitó la bandeja de la mano. Ella quiso darse media vuelta, pero Leo cerró la puerta.

—Hablemos. Es una buena oportunidad.

—No hay mucho de qué hablar, Leo. Me echaste de tu lado, rompiste el contrato y reniegas de todo lo que hicimos. Listo.

—No he publicado nada que diga eso. Estaba nervioso por mi padre.

—Eso lo puedo entender. Pero no lo demás. Y no te importa por qué estoy aquí, aunque está claro que ha sido premeditado. Seguramente ni el hermano de Ruby necesitaba a alguien.

Se quitó el delantal y el gorro con desgana. Decepcionada. Leo chasqueó la lengua.

—Esto han sido mis hermanas. Mini Villana. Jacob me pidió que le ayudase con la galería mientras él cuida a su hijo.

—Ya veo. Son demasiado…

—Sí, son demasiado, pero si me das un minuto, querría contarte algo.

—Un minuto, he quedado con Caleb en ayudarle y no quiero que piense que me escaqueo, si es que todavía lleva idea de contratarme.

—Seguro que sí —Leo suspiró y se rascó la cabeza, revolviéndose el cabello—. No sé cómo ha pasado. Yo… estoy muy confuso. Todo esto… me supera.

—¿Qué te supera? ¿Yo te supero? Te recuerdo que no somos nada…

—Eso también me supera. No eres tú. O sea, quiero ser algo.

—Madre mía, Leo, te explicas como un libro cerrado. Parece mentira con la labia que tienes en redes.

Se apoyó en la pared mientras ella lo miraba con los brazos cruzados, esperando. Al menos, no se había ido.

—Hacer creer que estábamos juntos me gustó mucho. Me hizo sentirme como nunca.

—Somos buenos actores.

—Al principio puede que actuase, luego no. Me gustas mucho, Harper, tanto que… me he enamorado de ti.

Ella se quedó quieta, con la boca abierta y sin responder. Él la tomó por los hombros.

—Pensé que no me iba a enamorar como mi hermano o los demás, que no encontraría a nadie que de verdad significase algo para mí. Y luego, voy y me caso con la mujer más perfecta que se ha cruzado por mi vida.

—No soy perfecta, Leo —susurró ella.

—Perfecta para mí si quieres decirlo así.

Ella se sacudió ligeramente y él apartó las manos.

—Estás influenciado por lo felices que son tus hermanos, pero estábamos fingiendo, tú también fingías —dijo enfadada.

—Entonces, ¿no sientes lo mismo que yo? —preguntó tomándole la mano y llevándola a su pecho donde su corazón latía apresurado.

—No me fío, Leo. No me fío de que dentro de una semana te largues y te des cuenta de que no quieres estar conmigo. O que ocurra algo y que me eches de tu lado. Una relación es para lo bueno y para lo malo. Si estás mal, yo debería acompañarte y tú a mí en el caso contrario.

—Me he comportado como un crío, lo sé. Tengo la inteligencia emocional de una ameba.

Ella sonrió con tristeza y movió la cabeza, pero no la mano.

—¿Lo ves? Bromeas hasta de lo que es demasiado serio. Dices que te has enamorado, ¿pero acaso has venido a buscarme? Si no hubieras coincidido conmigo aquí y ahora, ¿me habrías llamado?

Él le soltó la mano y ella la dejó caer. Suspiró y caminó hacia la sala.

—Madura, Leo Donovan.

Salió de la sala y caminó por las calles sin rumbo.

Y era verdad, Harper tenía toda la razón del mundo.

No la había llamado porque estaba acojonado de sus propios sentimientos.

Se le estaba bien. Se había comportado como un imbécil y se merecía hasta la última palabra y eso que no había sido tan dura con él.

Tal vez… si ella empezaba a trabajar en el restaurante y él en la galería…

Sonrió. Puede que hubiera un tal vez y él se encargaría de ello.