Capítulo 13. ¿Por qué otra vez? #3
Oye, que si descubren que fue un montaje será una putada. Vamos a publicar algunas fotos de la fiesta, y he quedado con Kevin que ella tenía algunos compromisos, aunque está desolada por lo de tu padre, algo que es verdad. Pero joder. ¿La has echado? Dime qué vas a hacer.
Escuchó el mensaje 3.
Joder, Leo. Sé que estás mal, pero esto es una putada. Me ha enviado Kevin un reportaje sobre alguien que decía que era un montaje. Necesitáis aparecer los dos. Le diré que vuelva.
Harto, le envío otro mensaje.
Mira, Agatha, déjalo ya. Deja de organizar mi vida y la de ella.
No le voy a pedir que vuelva y tú tampoco.
Hemos acabado y que digan lo que quieran.
Me da igual. Solo pienso en mi padre y en nada más.
Lo demás me importa una mierda. Si no lo tienes claro, a lo mejor es hora de pasar página entre tú y yo.
Dejó el móvil enfadado en su habitación y se fue al muelle, a pensar.
El barco estaba mal amarrado así que lo colocó bien y comenzó a recoger las cosas, a limpiar lo que habían ensuciado.
¿Era el final de todo? Pues a lo mejor. Recogió la ropa de Harper y cambió las sábanas.
Al menos tenía un maravilloso recuerdo de esa parte del día.
Sonrió cuando la vio descender al pensar que a él le había pasado algo.
Luego, se fue a casa y echó a lavar la ropa, metió las cosas en la bolsa de Harper y se sentó en la cama.
Había otro mensaje de Agatha. Tenía que disculparse por su rudeza, por ser tan borde.
Vale, Leo, si es lo que quieres, dejamos nuestro acuerdo comercial ya mismo. Te mandaré un contrato de renuncia. De todas formas, te has vuelto un capullo, más de lo normal. Que te vaya bien.
Dejó el móvil sin poder contestar. Se echó sobre la cama mirando al techo. Cojonudo. La puerta estaba abierta y se asomó Jacob.
—¿Qué te pasa?
—He acabado con Agatha, o sea, hemos roto nuestro contrato.
—¿Por qué?
—Me estaba presionando demasiado. Estoy hasta los cojones de todo esto, Jacob. Buscaré un trabajo normal.
—¿Ah, sí? ¿Uno en el que tengas que fichar de las ocho hasta las tres o las cuatro, sentarte en una oficina y estar entre papeles y hojas de Excel?
—No tiene por qué ser eso. Puedo hacer otras cosas. Acabé mis estudios de turismo y hablo cuatro idiomas. De algo servirá.
—No te digo que no. Pero te iba muy bien. ¿Y lo de ser actor?
—No creo que funcione. Ni siquiera he ido a ningún casting.
—Charlie ha ido a dos y no lo han cogido.
—Ah, no lo sabía.
—Sé que es complicado, a ver, puedes venir a trabajar a la galería.
—¿Y tenerte de jefe? Ni de coña. Me buscaré la vida como sea.
—Joder, Leo, eres un capullo.
—Me lo dicen mucho. ¿Ha llamado Mack?
—Todavía no. Pero nos hemos vestido para salir en cuanto llame.
—Vale, pues me visto yo también.
—¿Y Harper?
—Es tema pasado, vete con tu esposa y déjame en paz. Me voy a vestir.
—Como si no te hubiera visto veces en pelotas.
Lo miró mal y Jacob se levantó de la cama con un suspiro.
—Leo, eres mi hermano y te quiero, pero ahora mismo eres el tío más imbécil del universo.
Has encontrado una chica que, a pesar de ti, le gustas y vas y la echas.
Estás jodiendo tu carrera solo porque en tus dos neuronas piensas que lo de papá ha sido por ti cuando sabíamos que le quedaba poco y esa terapia fue algo que le mejoró lo suficiente como para disfrutar de…
ese maravilloso día de fiesta que le dimos.
¿No lo viste? Estaba feliz, joder. Quédate con eso.
—Yo… no sé qué hacer, Jacob.
Su hermano se acercó y le dio un abrazo.
—Diría yo que esperemos a que papá mejore y que luego vayas arrastrándote detrás de Harper y de Agatha, les compres un anillo y flores, respectivamente, y dejes de ser tan capullo.
—¿Y si no mejora?
—Pues lo asumiremos como asumimos que mamá se fuera. Nadie sobrevive a la vida, Leo. Lo sabes.
—No estoy preparado.
—Cuando murió mamá, yo te tenía a ti. Sigo estando aquí, aunque ahora tenemos más hermanos y a Margot. Ella también nos necesitará en caso de que ocurra algo. Y Sophie.
—Lo sé. Maldita sea, Jacob. Te has vuelto demasiado sensato.
—Siempre lo he sido. Venga, cámbiate y baja a tomar un café. No aumentes su preocupación. Mini Villana no hace más que buscarte a ver si bajas.
—Soy su hermano favorito.
—Lo dudo, pero baja pronto.
Se puso unos vaqueros y una camiseta y bajó. Era cierto, todos lo esperaban con cariño. Sophie se levantó y le dio un abrazo y él la cogió. Pasó sus manitas por la nuca y enterró su rostro lloroso en el cuello.
—Vamos, minivi , que no es para tanto.
—Ya estoy mejor porque, aunque tus abrazos son menos esponjosos que los de Charlie, me gustan igual.
—¿Esponjosos? —preguntó Charlie mosqueado.
—Sí, cariño, eres muy esponjoso —dijo Ruby.
Él puso el rostro de mosqueo, pero entonces, Margot se echó a reír y todos la acompañaron. Eso distendió el ambiente y Leo se sentó con ellos en el banco de la cocina. Charlie le puso un café y se lo agradeció con una sonrisa.
Sophie se quedó en su rodilla dibujando en su cuaderno. Miró a su familia. Sí, ellos eran lo mejor y estaba muy orgulloso de que, hiciera las tonterías que hiciera, lo aceptaban.