No somos novios (pero ya verás) (Familia Cresswell-Donovan 4) Capítulo 13. ¿Por qué otra vez?
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Capítulo 13. ¿Por qué otra vez?

Leo

Primera cagada, diría su hermano. Subió por la escalera y se sentó junto a ella, intentando abrazarla, pero ella le dio un pequeño manotazo. Temblaba.

—Lo siento, Harper. No pensé que te asustarías.

—Esas bromitas que te traes no me gustan nada. ¿No conoces el cuento de Pedro y el lobo?

—Ah, sí, papá solía contármelo a menudo.

—O sea que te viene de lejos. —Se encogió de hombros—. ¿Querías probarme? Si me iba a meter a buscarte o algo, ¿no?

—Discúlpame. A cambio, te prepararé un cóctel buenísimo, que imagino que comida habrán dejado.

—Al menos, tu culo es estupendo.

—Eso dicen —contestó sonriendo. Se fue a cambiar y se puso unos pantalones cortos. Su hermano se iba a enterar, aunque bien pensado, le gustaba que ella lo mirase desnudo. Había tenido que echarse al agua para enfriar el momento, porque se había excitado de verdad.

Abrió las botellas mientras Harper se metía en la habitación. Escuchó una exclamación y fue corriendo. Ella se había quitado la parte de arriba y se miraba al espejo. Se volvió.

—Todo el maquillaje corrido, joder —dijo. Él abrió la boca. Miró su rostro, luego su pecho que se erguía precioso. La reacción fue instantánea. Y ella lo notó.

—Me voy a… lo que estaba haciendo.

Se giró para ir hacia la pequeña cocina. Había aperitivos en abundancia y también champán y zumos. Si solo al ver su cuerpo medio desnudo reaccionaba así, ni se imaginaba qué sería si… mejor no pensarlo.

Ella pasó al baño y llevaba una camiseta ancha cuando salió, ya desmaquillada y con el cabello trenzado.

No quiso mirar sus pechos, ni nada. Se concentró en preparar los aperitivos y el cóctel y lo puso en la mesa.

El agua balanceaba suavemente el barco y no parecía que hubiera peligro de que se tumbasen.

Ella tomó su cóctel y dio un trago.

—Delicioso, Leo. Tenéis buena mano para ello. Margot nos hizo uno antes.

—Ella me enseñó.

Se sentó junto a ella y probó un aperitivo.

—Es que soy así, ¿sabes? Así de idiota, quiero decir, sobre todo, cuando me pongo nervioso.

—¿Estás nervioso?

—¿Por estar a tu lado? Sí.

Ella se giró para mirarlo a los ojos. Él desvió la mirada. No podía decirle que le gustaba mucho, porque no era lo que habían quedado para nada. Y probablemente, ella no sintiera lo mismo.

—Ya nos hemos casado antes, aunque es verdad que todo esto con nuestras familias ha resultado algo… intenso.

—Sí. ¿Quieres que duerma en otra habitación?

—No, da igual. No es como si no hubiéramos dormido juntos.

—Tu madre es encantadora. Y tu tía. Ambas me dieron muchos abrazos. Lloraron en la ceremonia, bueno, creo que nadie se libró. Y es que ver a mi padre tan feliz… y bien, nos toca el alma.

Suspiró y ella le dio un abrazo, él hundió el rostro en su cuello. Ella acarició su espalda y él dejó un suave beso. No pudo evitarlo. Sintió que la piel de Harper se erizaba, pero ella puso la mano en su pecho. Se apartó.

—No es que… no me agrades, Leo. Estás cañón, como dije en la boda, pero no sé si es lo más adecuado.

—¿No te has acostado con nadie porque te apetecía?

—Con alguien que me importase, no suelo.

—Entonces, te importo.

Ella se levantó, dejándole ver su sexy ropa interior y salió a la cubierta. La siguió. Se había sentado en un cojín y se puso a su lado.

—Harper, también me importas. No había pretendido… Que sucediera esto. Pero la idea de estar juntos, bueno, no está nada mal.

—Pero hemos partido de algo falso —dijo ella volviéndose. Él acarició su rostro y se acercó a un suspiro de su boca.

—No importa cómo comenzó sino cómo puede acabar. Ni siquiera tenemos que apresurarnos a nada. Solo ver dónde vamos.

—Y puede que debamos ver si somos compatibles.

—Sí, si te apetece, podrías mudarte a mi apartamento, es bastante grande —dijo y vio que ella sonreía.

—Hay que probar otras cosas, Leo. ¿No lo pillas?

Parecía tonto. Claro que lo había pillado.

Justo en ese momento. Se levantó al instante y la tomó de la mano, bajando las escaleras con prisa.

La deseaba con ferocidad. Sacudió las sábanas para quitar los pétalos de las flores y se bajó los pantalones.

Ella se tapó la cara con las manos, entre risas.

—¿No hay preliminares románticos? —preguntó ella mientras se quitaba la camiseta. Leo abrió los ojos al ver que solo llevaba una minúscula y sexy braguita.

—Tenemos toda la noche para jugar, y el día. Lo que tú quieras, esposa.

Ella asintió y se acercó a él despacio, pasando los brazos por su nuca. Él la rodeó por la cintura y notó sus pechos endurecidos en su torso. Suspiró.

—Seguro que eres deliciosa, Harper. Estoy deseando probar cada centímetro de tu piel.

—Eso suena bien —contestó ella mordisqueando su mandíbula.

Él se agachó para atrapar sus labios. La tomó en brazos y ella se encaramó en su cadera.

Era delgada y manejable, así que la depositó con suavidad sobre la cama, sin dejar de profundizar en su boca una y otra vez, sintiendo su dulce sabor y volviéndose loco de deseo.

Exploró el cuello y le dedicó una sesión especial a succionar y lamer sus pezones que hacían que ella se arquease complacida.

Bajó por su vientre hasta encontrar su braguita.

Rozó su centro, notando la humedad y pasó la lengua por el borde, haciéndola gemir.

Ella levantó su cadera y él aprovechó para quitarle toda la ropa.

—Estoy en el paraíso —dijo cuando exploró su interior. Ella gimió y él acrecentó su velocidad—. Eres tan deliciosa…

Metió uno de sus dedos y notó que ella se contraía, pronto, consiguió su orgasmo. Escaló por su cuerpo con una sonrisa feliz. Ella estaba desmadejada.

—¿Seguimos?

—Por supuesto, Leo. Dios, ¿tienes condones?

—Claro. Mis hermanos han pensado en todo.

No dijo nada, pero se puso uno. Se colocó sobre ella, y muy despacio, se introdujo. La sentía apretada y tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no acabar ya.

Se movió mientras ella gemía. Levantó sus piernas para introducirse más a fondo y notó que ella volvía a excitarse. Sonrió al verla tan entregada.

—No aguantaré mucho más, Harper, estoy… ufff.

—Cuando sea, Leo.

Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo y la miró a los ojos mientras su orgasmo le llevó a descargarse. Ella empezó a moverse y sintió que no podía parar. No supo cuánto rato había estado hasta que ella suspiró y se retiró a un lado. Se quitó el condón y lo tiró al suelo.

—¿Estás bien? —preguntó girándose hacia ella. Sus cuerpos tenían una película de sudor y él pasó el dedo por su vientre, haciéndola estremecer.

—Muy bien, Leo Donovan. Más que bien. ¿Y tú?

—No tengo palabras. Pero quiero repetir esto, varias veces. Todo el día, si se puede.

Ella se echó a reír.

—Bueno, de momento tal vez sería mejor lavarse los dientes y dormir.

—Ayer hicimos la cucharita. Aunque estando desnudos… será difícil contenerse.

—No tenemos por qué contenernos. Pero ahora estoy muerta de sueño.

Ella se levantó para ir al baño y Leo sonrió casi embobado. Claro que había hecho el amor con otras mujeres, pero sentía que era distinto. Solo esperaba que también lo fuera para ella.

Salió y él recogió el condón y lo envolvió con papel para tirarlo a la papelera.

Se lavó y fue al dormitorio. Ella ya estaba en la cama, tapada con una sábana.

Cuando se metió, vio que no se había puesto nada.

Se acurrucaron juntos. Él tenía en la punta de la lengua decirle algo.

Me gustas mucho le parecía poco, decirle te quiero era demasiado.

Pasó el brazo por su cintura y ella se acomodó sin estar totalmente pegada y le pareció bien. Enseguida se quedaron dormidos, mecidos por el suave oleaje y totalmente feliz por haber tenido ese momento con Harper.

Se despertó con el ruido de la radio. Harper no estaba en la cama, así que se levantó desnudo, buscándola. Quizá estaba en el baño. Su hermano estaba en la radio.

—Aquí Estrella de Mar. ¿Qué coño quieres, Jacob?

—Siento molestarte, Leo. Pero han tenido que ingresar a papá. Esta mañana.

—¿Qué ha pasado?

—Dice Mack que ha podido ser un efecto secundario, aunque no está tan grave, de momento, pero creo que es mejor que vengas.

—Por supuesto, ahora mismo volvemos.

Cerró la comunicación.

—¡Harper!

—Estoy aquí —dijo desde el agua— ¿Te bañas conmigo?

—Tenemos que volver. Es mi padre. Vamos, sube.

Ella asintió y nadó deprisa hacia la escalera.

Él la ayudó a subir y ambos se vistieron.

Luego Leo condujo el barco hacia el muelle.

Atracó golpeándolo, y no le importó. Lo amarró y ambos saltaron al suelo firme, sin coger nada.

Iban descalzos y corrieron hacia la casa. Charlie los esperaba, con Ruby.

—Cambiaos, nos vamos al hospital.

—¿Qué ha pasado?

—Ha sido de madrugada. Lo están mirando.

—Vamos, Harper.

—¿Te acompaño?

—Por supuesto.

Se cambiaron en segundos y se montaron en uno de los coches. Charlie les explicó que el resto de la familia ya estaban allí. Harper le tomó de la mano y él acarició el dorso, sin dejar de mirar la carretera.

Llegaron y bajaron deprisa, hacia la sala de espera. Se abrazaron. Leo la dejó y se fue hacia Margot, que estaba sentada con Jacob, ambos cogidos de la mano.

—¿Qué sabéis?

—Ha dicho Mack que nos informará. No sé qué le pasó. Estaba muy feliz y se llevó las manos al pecho. Suerte que se quedó a dormir. Le hizo la RCP.

Hablaba como un robot y él se sentó a su lado. Sophie estaba en brazos de Ruby llorando en silencio. Harper se había quedado de pie, pasando el peso de un pie a otro. Lorelai entró y se puso delante de Margot, agachada.

—Mack iba a salir, pero se han metido al quirófano. Parece haber sido un infarto. En cuanto pueda nos va a informar. Voy a estar por ahí cerca por si puedo saber algo más. ¿Estáis bien? ¿Necesitáis algo?

Ella negó.

Leo se levantó y miró a su familia. Tantas emociones le habían producido un infarto. Y eso era su responsabilidad. Esa tontería de la boda… joder. Cogió a Harper del brazo y salieron a la sala.

—Mira, yo creo que mi padre ha tenido un infarto por toda esta mierda de la boda. Demasiadas emociones y joder…

—¿Tú crees? —preguntó ella temblorosa.