No somos novios (pero ya verás) (Familia Cresswell-Donovan 4) Capítulo 12. Celebremos todos juntos
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Capítulo 12. Celebremos todos juntos

Harper

Sophie se la llevó al piso de arriba donde estaban las mujeres de la casa.

Habían preparado en la habitación de Bella un sillón y todas llevaban el cabello recogido con pinzas.

Bella ya tenía una mascarilla en la cara y Ruby, con el rostro cubierto por una pasta verde, extendía otra rosada en la cara de Margot.

—Estáis geniales —dijo Sophie emocionada—. Siéntate que te van a dar crema.

Lorelai entró en la habitación.

—Ya estoy aquí. Fran quería ir al bar y también quería venir con nosotras. Martha lo convenció de quedarse en la cocina con un pedazo de tarta.

—¿Qué tal lleva lo de tener un hermanito? —preguntó Ruby mientras le señalaba una silla libre.

—Muy bien. Me ha preguntado si podría elegir tener una hermana. Ya le he dicho que eso no se puede elegir. Está haciendo una lista de nombres. En su vida había anotado nada hasta que ha llegado Mack.

—Mi hermano es una influencia positiva en cuanto a hacer listas —rio Bella y todas la acompañaron. Ruby levantó la mano.

—Nada de reírse, que se agrieta la mascarilla. Te toca, Harper. Siéntate aquí.

Margot se levantó y se echó en la cama y ella se sentó. Le puso una cinta para apartar el cabello y bufó.

—¿Tan mal está?

—No he visto una piel tan bonita en años —dijo Ruby—, a ver qué mascarilla te pongo.

—Es genético. Verás mi madre cuando venga.

—Te pondré una hidratante.

Pasó un algodón humedecido en limpiador, luego tónico y extendió la mascarilla. Cuando ya todas estaban preparadas, incluso Sophie, se colocaron por diferentes lugares. Harper y Ruby acabaron echadas en el suelo con unos cojines. Margot suspiró.

—Este día lo apuntaré como uno de los mejores de mi vida. Chicas, ya sois mis hijas y ver que hacéis felices a los hombres de mi vida es simplemente perfecto. Os lo agradezco.

Ruby estiró la mano hacia Lorelai y hacia ella. Lorelai hacia Sophie, Sophie a Margot y ella a Bella. Todas se unieron de la mano.

—Dios, se me está moviendo la mascarilla —dijo Bella—. ¿No sabéis que las embarazadas lloramos mucho?

—Y las que no —dijo Ruby—. Vamos a quitarlas y a ducharse y lavarse el pelo todas para prepararnos.

—Que empiece la novia, luego las demás. Mientras, prepararé unos cócteles sin alcohol —dijo Margot levantándose.

Cuando salió de la ducha con el cabello mojado, Ruby le hizo sentarse en un tocador.

—¿Quieres que te haga un recogido o algo?

—Yo puedo secarme el pelo, si quieres.

—Se me da bien, si no te importa.

—Claro, adelante.

Lo cierto es que sí se le daba bien. Le hizo un semi recogido con cabellos sueltos que enmarcaban su rostro. Hizo un gesto y Sophie trajo una corona de flores. Ella abrió los ojos sorprendida.

—La hemos hecho entre todas, a juego con tu vestido. No sé si te gusta.

—Me encanta —dijo ella y limpió una lágrima emocionada. Margot se asomaba con Sophie. Ambas tenían los ojos enrojecidos.

Se la colocaron y Ruby distribuyó el cabello con mucho arte.

—Leo se va a desmayar cuando te vea —dijo Bella entrando ya con el cabello seco—. Hay que ver cómo te mira, Harper.

Ella se sonrojó y asintió. Leo era un gran actor, o eso suponía. No podía ni hablar. Ojalá todo esto fuera verdad. Ruby la giró y empezó a preparar su piel.

Margot apareció con una bandeja de copas con un líquido color coral y sombreritos de colores.

Lorelai silbó, emocionada. Enseguida le pusieron una copa en la mano mientras Ruby extendía la prebase o la base, ya no lo sabía.

Mientras ella buscaba algo, le dio un trago.

Era dulce con un toque ácido. Delicioso.

—¿Qué lleva?

—Es una receta secreta, pero os la daré ya que sois mis hijas. ¿Alguien quiere ponerle algo de chispa?

Sacó una petaca de ron y Ruby y Harper alargaron la copa. Las demás las miraron resignadas. Brindaron después de añadir esa chispa.

—Está delicioso —dijo Ruby—, aunque no quiero maquillaros como un payaso, así que para mí es suficiente.

Volvieron a reír y Sophie buscó una lista de reproducción de música para bailar y todavía estaban más animadas. Ruby acabó y pasaron las demás.

—Te acompaño al estudio de Jacob para que te vayas vistiendo —dijo Margot que ya se había ido a vestir. Miró la hora. Eran las cinco y veinte.

—¿Estás preocupada por si no llega tu madre? Podemos esperarla.

—Sí, la verdad, todo esto me está resultando algo estresante.

—Tranquila, solo es una fiesta familiar.

Bajaron a la cocina y Martha aplaudió al verlas. Ella también se había arreglado y se afanaba en recoger las bandejas del cáterin en la despensa.

—Te ayudo —dijo Margot—. ¿Recuerdas dónde estaba el estudio? Si quieres puedes irte vistiendo. Luego acudirán las chicas.

—Claro, sin problema.

Estaba segura de que ella le estaba dando intimidad.

Salió al jardín hiperventilando. Llegó al estudio y se quedó mirando el vestido.

Cuando se casó por primera vez no estaba tan nerviosa.

Tenía claro que era algo falso y que, aunque Leo era atractivo, no había nada de nada. En ese momento no estaba tan segura.

Suspiró al ver el precioso vestido y se desnudó para ponérselo.

Al mirarse, con él, aunque todavía descalza, pensó en Leo.

En su familia. ¿De verdad les iba a hacer esto?

Y su madre estaba a punto de llegar. Le entraron ganas de llorar, de salir corriendo.

Escuchó un ruido y se limpió la cara. Leo se asomó y al verla, se quedó pasmado.

—Joder, has arruinado la sorpresa.

—Estás tan preciosa que no tengo palabras. Y lo siento, pero pensé que tenía que venir a verte. Te he visto caminar sola hacia aquí. ¿Estás bien?

—Ay, Leo. Me siento muy mal.

—Ya. Lo mismo digo, pero no podemos hacerles esto. No hoy —dijo tomándole de las manos.

—Les haremos daño —insistió ella. Él negó.

—Nos daremos un tiempo, un par de meses. ¿Te parece bien?

—Será raro.

—No tanto. Kevin y Agatha nos pueden preparar una especie de itinerario en plan viaje de novios. Se lo he sugerido.

—No has contado conmigo.

—Te lo pregunto ahora. ¿Te apetece?

—Bueno, puede estar bien.

Leo acarició su rostro muy suave y levantó la barbilla. Le dio un suave beso en los labios que ella correspondió. ¿Qué estaba haciendo? Se apartó.

—Mi maquillaje.

—Uy, sí, Ruby me matará.

—¡Leo Donovan! —el grito de Mini Villana les dio un susto de muerte—. ¿Qué narices haces aquí viendo a la novia? Era una sorpresa.

—Y me ha sorprendido. Nunca la había visto tan preciosa, como tú. ¿Lleváis las mismas flores en el pelo?

—No intentes distraerme, lárgate.

—Y pon cara de sorprendido —dijo Harper cuando se iba corriendo.

—Es que mi hermano es así. Siempre hace lo que quiere.

—Ya, no me digas.

Y, sin embargo, había sido muy tierno ir a ver cómo estaba. Las demás llegaron al poco y terminaron de arreglarse. Martha apareció con su madre y con su tía que estaban emocionadas. Hubo besos y abrazos a pesar de los bufidos de Ruby que andaba retocando caras.

—Vámonos todas a las sillas. Solo se queda la madre de Harper.

Margot las echó a todas y se fueron hacia el jardín donde estaba todo montado. Su madre la tomó de las manos.

—Son una familia encantadora y he conocido a Leo. Sé que ha sido muy rápido, pero tu rostro enamorado me dice que es el correcto. Papá y yo nos casamos en dos meses. Digamos que tú has sido más rápida, pero me vale. Espero que seas muy feliz.

Ella suspiró y sonrió. No podía darles ese disgusto con la ilusión que tenían todos. Esperarían un par de meses. Le echarían la culpa a la convivencia. Sí, eso harían.

—Me han dicho que esperemos a la música y que luego vayamos para allá.

—Cuéntame algo sobre el viaje, estoy nerviosa.

Su madre asintió y le comentó que su tía había ligado y que el capitán del barco le había echado los tejos. Dijo que se jubilaba este año y que si la podía visitar.

—Pero me parece demasiado, Harper. Yo no sé si estoy preparada.

—No tienes por qué casarte. Podéis empezar por conoceros.

Iba a replicar cuando sonó la música.

—Vamos, hija. Tu familia política es lo más. Ojalá papá estuviera aquí.

Ella tuvo que respirar hondo para no echarse a llorar. Las dos caminaron hacia el jardín. Kevin apareció para hacerles unas fotos, pero no le hizo ni caso. Ese día no lo hacía por las redes, sino por la familia.

La luz del atardecer iluminaba el jardín, sacando destellos de las flores azules que habían colocado por todas partes.

No le habían dejado verlo y se quedó enamorada.

Había un arco de flores al final de las sillas donde estaban sentados todos los hermanos y algunas personas que no conocía, pero que parecían igual de emocionadas.

Levantó la vista y lo vio justo debajo del arco.

Llevaba una camisa azul claro y pantalones oscuros y sonreía.

¿Cómo podía ser tan atractivo? Su cabello artísticamente revuelto brillaba al sol y ofrecía su mano para que ella la tomara.

Habían preparado una plataforma y Richard estaba en medio, sonriendo.

Su madre, ya con el pañuelo en la mano, se colocó en la primera fila de las sillas, junto a su tía. Leo la tomó de las manos.

—Estás preciosa, Harper, llena de luz.

—Y tú estás cañón, Leo —dijo ella. Richard se echó a reír y también los de la primera fila.

No podía quitar la vista de ese hombre y todavía no se explicaba por qué.

Richard carraspeó y todos se giraron hacia él.

—Querida familia. Bienvenidos a esta no boda entre Leo y Harper.

Hubo risitas entre sus hermanos.

—La palabra felicidad se queda corta para expresar lo que siento al ver a mis hijos encontrando el amor de su vida. Jacob y Bella, Mack y Lorelai, Charlie y Ruby… y ahora, el que pensábamos que jamás se comprometería, Leo y Harper.

Las carcajadas de sus hermanos no parecieron importarle. No apartaba los ojos de ella.

—Hoy es un buen día para celebrar la vida, la salud, el amor, los bebés que van a llegar y, sobre todo, que nuestra familia se amplía. Es un día para recordar que lo más importante es amar.

Tuvo que limpiarse las lágrimas y Margot se colocó junto a él, tomándole de la mano.