No somos novios (pero ya verás) (Familia Cresswell-Donovan 4) Capítulo 10. Nueva en la convivencia
48%

Capítulo 10. Nueva en la convivencia

Harper

Le costó dormirse mucho, pero lo consiguió.

Se despertó de lado y Leo estaba detrás, haciendo la cucharita.

Respiraba hondo, por lo que pensó que estaba dormido.

Su brazo torneado estaba en su cintura, debajo de la camiseta y cerca de su pecho.

Su culo estaba pegado a él y sin duda, haría una buena tienda de campaña.

Intentó moverse, pero el brazo de Leo era pesado y la agarraba fuerte.

Él se metió en su cuello y le dio un beso. ¿No habían dicho que nada de carantoñas en privado? Suspiró y la llamó.

—Será mejor que me sueltes, Leo.

Él se apretó más a ella. Movió la cabeza como pudo. Él tenía los ojos cerrados. ¿Pues no se estaba frotando dormido?

Se separó, pero él la atrajo hacia sí. Entonces lo decidió, le dio un suave codazo para soltarse, pero nada.

Era como un muerto de noventa kilos que no había manera de mover.

Se retorció para volverse hacia él y Leo se acomodó en su cuello, besándolo y poniendo su piel erizada.

Sería fácil dejarse llevar y ella también tenía ganas, pero…

no era eso lo que habían hablado. Lo apartó con algo más de brusquedad y él protestó.

Cogió su mano para retirársela. ¿En serio pesaba tanto un brazo humano?

Acabó sentada en la cama, casi sudando y mirándolo dormir.

Él murmuró algo que no llegó a entender y logró apartarse.

Se giró y extendió el brazo, parecía buscarla, pero se levantó, cogió la toalla y salió corriendo a la ducha.

Una vez acabó se envolvió el cabello para secárselo y comenzó a cepillarlo.

Enseguida llamaron a la puerta. No estaba acostumbrada a compartir baño, así que abrió, algo molesta. Bella sonrió apurada.

—Me hago pis, lo siento.

—Ah, tranquila, me voy.

Cogió su ropa y se fue a la habitación. Cuando entró, Leo estaba desnudo, vistiéndose. Se quedó con la boca abierta. O sea, ya había visto su cuerpo, pero cada vez le gustaba más. Él se volvió, dándole una buena perspectiva de su hermoso culo.

—Tu hermana tenía que ir al baño.

—Sí, claro. Es lo que tiene compartir casa. Vístete, no me giro.

—Tengo que darme crema y eso. Tardaré un poco.

—Entonces me visto yo y te espero abajo.

—Por favor.

Se vistió con un pantalón suelto y una camiseta.

Luego, se revolvió el cabello y salió con una sonrisa.

Ella suspiró. ¿Por qué le estaba empezando a gustar demasiado esta convivencia?

Incluso esa parte juguetona que tenía al relacionarse con sus hermanos.

Ella jamás había vivido algo así y le parecía gracioso. Un poco agobiante, pero agradable.

Se dio sus cremas y se puso unos shorts y una camiseta. No sabía qué tipo de ropa vestirían, pero le parecía que no eran tan formales como se suponía en una familia tan adinerada. Casi le entraron sudores.

Kevin le envió un mensaje.

Voy para allá, para tu no boda. Menos mal que me lo contó Agatha.

Es que ha sido muy repentino y estabas trabajando.

Nena, ¿ir a la mansión Cresswell y ver cómo viven esos ricachones? No me lo perdería por nada del mundo.

Son muy normales, Kevin, pero claro, vente. Creo que lo quieren hacer por la tarde, sobre las seis, cuando el sol esté bajando. Ni te imaginas lo que han organizado.

Por cierto, hoy salen las imágenes de la boda de Las Vegas. El robado que hicimos salió anoche. No sé si lo has visto.

La verdad es que no. Estoy algo desconectada.

Pues ha sido la monda. Tienes como diez mil seguidores más en unas horas y creo que Leo algo parecido. Con la boda arrasaremos.

Sí, vale, muy bien.

¿No te alegras?

Estas personas son encantadoras. No me gusta haberlas engañado. Ojalá no hubiéramos hecho esto.

Serán unas semanas, Harper. Leo les explicará.

Me sigo sintiendo muy incómoda.

Esto te alegrará. Nos han contactado una agencia para comprar unas fotos vuestras paseando por Los Hamptons. Algo romántico. Imagino que Agatha se lo habrá dicho a Leo.

Bufó impaciente.

Lo hablaré con él.

Es una de las grandes, Harper. No es bueno negarse. Serán quince minutos de paseo y vosotros a vuestro aire. Y… ¿cómo se lo ha tomado Leo?

No le gustó que me presentara de repente y sin avisar, pero hemos quedado en seguir con la farsa. Por su familia.

Buenos chicos. Nos vemos pronto.

Colgó y salió de la habitación, casi tropezándose con Jacob, que la saludó con una sonrisa tímida.

—Soy Jacob —dijo levantando las manos y dando un paso atrás.

—Aunque seáis gemelos, sois muy distintos. ¿O acaso Bella se confundiría con Leo?

—Por supuesto que no.

—Ya me has contestado.

Bajó delante con una sonrisa. Empezaba a cogerle el gustito a las bromas familiares.

En la cocina había mucho lío. Charlie, el hermano actor estaba haciendo tortitas y Leo andaba preparando la mesa.

Le sonrió al verla y le indicó un asiento libre al lado de Bella que estaba quemándose al comer una de las tortitas.

—No se lo digas a mi marido, pero las de mi hermano Charlie son insuperables.

Ruby soltó una carcajada. Ellos habían dormido en casa de Mack, pero ya estaban allí a primera hora.

—¿Qué le voy a hacer? Todo por mi sobrino.

Sophie entró corriendo con Fran y se sentaron frente a las chicas.

Vio al padre pasar por la puerta de la terraza.

Sus hijos se callaron. Bella se limpió las lágrimas.

Supuso que pensar que iba a morir y verlo de nuevo más o menos bien era todo un alivio.

Ojalá le hubiera pasado eso a ella. Bajó el rostro concentrándose en el café que le había traído Leo.

Sintió una mano que acariciaba su nuca y lo miró.

Él la miraba como si supiera lo que ella sentía.

Mack y Lorelai entraron en la cocina. Abrazaron a la doctora con alegría y Bella le hizo sentarse a su lado.

—Ven aquí, compañera de embarazo. Prueba las tortitas de Charlie, son lo mejor para nosotras.

—Oye… —protestó Jacob. Ella le mandó un beso y Leo le dio una colleja.  Se puso detrás de Harper apoyado en la encimera con un café y una tortita.

Charlie dejó un plato lleno en medio y todos se lanzaron. Leo se metió entre ella y Ruby y pilló un par para ambas.

—Esto es la ley de la selva, si no os dais prisa, desaparecen y más con dos embarazadas.

—Eres malvado, Leo —dijo Bella cogiendo otra.

—Bueno, ¿cuál es el plan? —preguntó Richard mirando a Bella. Ella se aclaró la boca con la infusión y empezó a hablar.

—Leo ha dicho que tenían compromisos publicitarios por la mañana, así que podemos hacer la ceremonia por la tarde, y de paso, nos da más tiempo a preparar algunos detalles más, si a la novia le parece bien.

—Carta blanca, Bella.

Ella sonrió satisfecha.

—Tenéis el día libre, una vez que ayudéis con todo, y a las seis nos ponemos guapos y hacemos la fiesta. Luego mamá y yo hemos contratado un cáterin para picar; lo traerán sobre las ocho, y un DJ para bailar.

Sophie aplaudió escandalosa y Harper, que iba a protestar, se quedó callada. En el fondo, todos lo hacían por la hermana pequeña. Sonrió y asintió. Bella vocalizó un gracias cuando su hermana pequeña miraba al otro lado.

—Si has terminado, ¿vamos a pasear por la playa? —preguntó Leo.

Ella se levantó. —Muchas gracias por el desayuno. Las tortitas estaban espectaculares, Charlie.

Él le hizo un saludo militar y le guiñó el ojo. Leo le dio la mano y salieron por la puerta del jardín. Cuando ya estaban alejados, él se giró, mirándola a los ojos.

—Muchas gracias por todo esto, Margot me dijo que Sophie estaba muy disgustada. Ella llora muy pocas veces y se dio un buen berrinche.

—Lo siento de verdad. Es una niña monísima.

—Ya. Esta mañana me ha dicho que le encantabas. Joder, se va a llevar un buen chasco.

—No pensamos del todo en las repercusiones.

—Kevin te ha dicho lo de las fotos en la playa, ¿no?

—Sí. ¿Has quedado en algo?

—Nada del otro mundo. Paseemos y que seamos naturales. Desde este lado no nos verán los paparazzi, creo. Aunque tampoco hay tantos. Imagino que cuando publiquen lo de la boda aumentarán.

—Entonces, ¿qué hacemos? —preguntó cuando llegaban a la playa. A esas horas no había demasiada gente.

—Si te parece paseamos, nos paramos, nos sentamos en la arena, puedo besarte si no te importa… esas cosas.

—Claro, me parece bien. Hagamos teatrillo.

—Eso.

Se quedó callado y continuaron caminando hasta el centro de la arena.

Como en esa zona no había nadie, se descalzaron y metieron los pies en el agua.

Él la tomó de los hombros, la apretó a él y le besó en la coronilla.

Ella levantó la cara y Leo se agachó para darle un suave beso.

Tampoco iban a montar una película porno, desde luego.

Después se sentaron y se quedaron callados, mirando el mar. Él levantó el brazo y ella se refugió en su pecho.

—Este lugar es precioso, Leo. Es un privilegio vivir aquí.

—Me compré una casa en Miami. Quería algo así, algo mío, pero no puedo compararlo, aunque las aguas sean más cálidas o cristalinas. Esto para mí es hogar.

—¿Vas a comprarte una casa aquí?

—Me lo estoy planteando. No quiero vivir siempre en casa de mis padres y, de todas formas, tengo mi apartamento en la ciudad. Pero volver aquí siempre me tranquiliza. Creo que me he cansado de viajar tanto.

—¿Y qué quieres hacer?

—Lo más cojonudo es que con la edad que tengo, no lo sé. ¿No te parece patético?

Ella se volvió y negó con la cabeza.

—No me parece mal, Leo. Estás en un momento de cambio. Es posible que yo también, aunque todavía no estoy segura de qué haré. Sé que esto no será. El precio que estamos pagando por los seguidores no me parece justo, sobre todo para tu familia.

—Entonces, ¿te montarás un restaurante o algo así?

—No lo creo. No me siento preparada. Hoy cualquiera puede pensar que, si no tiene trabajo, puede montarse un bar, pero la verdad es que se necesita mucha formación para ello.

—Pero tu padre era cocinero. Dijiste que le ayudabas.

—Aun así. Preferiría empezar desde cero y dentro de unos años, ¿quién sabe?

—Me alegro de que tengas un plan más o menos claro.

—Déjame ayudarte a pensar. Querías ser actor, ¿no?