Capítulo 8. Pillada #4
—Esto es precioso, no tengo palabras.
—Lo decoramos Bella y yo —dijo Sophie orgullosa.
Colgaron el vestido en un lado para evitar que se arrugase. Harper suspiró.
—Sophie, anda, adelántate, que tengo que hablar con la novia.
—Vale, mamá. Cosas de mayores. Ya tengo ganas de cumplir por lo menos catorce y que me incluyáis en todas las conversaciones.
Se marchó canturreando y Margot se quedó sola con ella. Harper se había puesto nerviosa y quería confesarle todo, aunque no debía.
—Leo es… bueno, es Leo. Supongo que sabrás que desde bien joven se fue de viaje para documentar el mundo…
pero pienso que fue una huida hacia delante.
Entiéndeme lo que quiero decirte. Lo amo, como a todos ellos.
Solo que no es de los que se comprometen, ¿sabes?
Por eso, me preguntaba si, al final, todo esto es algo…
comercial para ambos. Y perdona si te ofendo.
Ella fue a contestar, pero Margot la paró.
—No, prefiero que no me digas nada, Harper.
A lo que voy es que amo a esta familia de una forma absoluta.
Y si hipotéticamente hubierais hecho algo así, sería con consentimiento de ambos, lo que me parece perfecto.
Solo que, llegado el caso de romper, si llega, procurad que sea suave, por Sophie, por los demás. Solo te pido eso, Harper.
Se marchó, dejándola sola, pensativa y con lágrimas en los ojos. Se sentía como un gusano. Ni siquiera había podido rebatirla.
Salió, caminando sin rumbo y llegó a un muelle donde se mecía un barco de tamaño mediano.
Le sonaba haberlo visto en las redes de Leo.
Se sentó, aunque no le llegaban los pies al agua.
Gusano era lo mejor que podía decirse. Todo lo habían hecho por los seguidores.
Suspiró, con las manos entrelazadas, mirando hacia el fondo del lago y a punto de echarse a llorar.
Sin embargo, el lago, calmado y con un oleaje suave, la tranquilizó. Escuchó unos pasos y Leo se sentó a su lado.
—Has encontrado nuestro rincón de pensar.
—Eso parece.
—¿Qué tal el vestido?
—Precioso. Margot lo ha pagado sin discusión —dijo sin mirarlo a la cara.
—Bueno, ella es así. Pero te pasa algo más.
—No. Nada —dijo. Había decidido no contárselo porque si no, tal vez él se sentiría peor—. Es que tu familia es encantadora y me siento abrumada por lo bien que me han recibido.
—Ya, siendo una farsa, claro.
Pasó el brazo por sus hombros y la apretó a él. Ella se limpió una lágrima.
—Siento haber sido tan borde, Harper. Me sorprendió, pero hiciste bien. Es que todo lo relativo a mi familia es…
—Tuyo. Lo sé. Quieres protegerlos de todo. Yo haría lo mismo con la mía.
—Y no quiero que sufran. He estado hablando con mi hermano, aunque no le he dicho nada y me jode mentirle. Se ha extrañado de mi enamoramiento repentino, pero tenemos a Mack y Charlie como excusa, ellos se enamoraron así de rápido. Por eso, lo nuestro también cuela.
—Ya. ¿Se han metido mucho con la foto del culo?
—Todo el tiempo. Ni te imaginas. Ahora me llaman Culoman . ¿Tú te crees?
Ella lo miró y soltó una carcajada. Él la apretó con afecto.
—Creo que deberíamos prepararnos unos votos o algo así. Hacerlo emotivo, porque si no a mi hermana pequeña le dará un ataque.
—No quiero hacerles daño.
—Lo sé. Yo tampoco. Dejemos pasar unos días, a ver qué pasa, ¿vale?
El sonido del teléfono la sobresaltó. Kevin. Y Leo también recibió un mensaje de Agatha.
—¿Y ahora qué? —dijo con fastidio. Abrió la aplicación. Ambos tenían las mismas fotos. Una, en el balcón de Las Vegas y la otra en la farmacia con un test de embarazo.
Leo la miró y ella negó.
—No era para mí. No estoy embarazada.
—Madre mía, se van a pensar que sí. Mi familia. O sea, siempre he querido tener hijos, pero…. Joder.
—Que no, Leo, que ayer estuve con mi periodo. Y no hemos hecho nada, ni cuando llegaste bebido y te desnudaste. No quería decírtelo, pero eran para Lorelai.
—Madre mía, eso es un notición para Mack. Volvamos a casa, minimicemos daños.
—Quizá no lo hayan visto.
Pero al llegar al jardín, de la mano, Sophie fue corriendo a abrazarlos y luego se puso en la barriga de Harper a decir cosas bonitas.
—Lo siento, pero se ha puesto muy nerviosa —dijo Margot recogiéndola—, hija, no sabemos si van a tener un bebé. Tranquila.
—Pasemos dentro.
Toda la familia estaba reunida en la cocina, unos sentados, otros de pie. Miró a Lorelai y ella le guiñó un ojo.
—Hijo, ¿es cierto?
—Siento deciros que no, no vamos a tener un bebé —dijo Leo. Sophie lo miró decepcionada.
—Eso no era para Harper, sino para mí. Le pedí que los comprara —se volvió hacia Mack—, lo siento, doctorcito, te lo iba a decir luego, pero vas a ser papá.
Él se quedó quieto, sin reaccionar.
—Ay, diosito, que le ha dado un síncope.
Pero luego sonrió y abrazó a Lorelai, dándole un beso que los hizo abuchear y aplaudir a partes iguales. Todos corrieron a felicitarlos. Leo incluido.
Harper se quedó mirándolos e hizo algunas fotos, era un momento que todos querrían recordar. Pero ella… solo se sentía como una farsante.