No somos novios (pero ya verás) (Familia Cresswell-Donovan 4) Capítulo 8. Pillada #3
38%

Capítulo 8. Pillada #3

—Por supuesto, estoy totalmente de acuerdo. He vivido de cerca los comentarios de odio y no suelen afectarme, pero si se meten con mi familia, eso es otra cosa.

—Me gustas, Harper —dijo Margot acercándose al mostrador—. Buenos días, Maryann, quiero ropa para mi nueva chica.

—Claro que sí, es preciosa. ¿Qué necesitáis?

—Un vestido de no boda —dijo Sophie. La dependienta la miró extrañada, pero luego sonrió.

—Venid, tengo algo que os va a fascinar.

Las llevó por un almacén que estaba fuera de la vista del público hasta el caballete de su talla.

—Dios mío, esto es un sueño… —dijo Harper rozando con cuidado los vestidos.

—Tengo una colección privada que suelo comprar para mis clientas especiales. A veces son diseñadoras locales, otras, europeas y no tienen por qué ser terriblemente caras. Solo son vestidos especiales. Mira si encuentras alguno.

—¿Puedo grabar? Soy creadora de contenido.

—Sí, claro, adelante.

Ella deslizó la mano por algunos vestidos, hipnotizada.

Lorelai cogió su móvil para grabarla mirándolos y entonces su mano llegó a uno.

Lo paró. Lo descolgó y pensó que era el adecuado.

Color azul claro, le recordaba a los ojos de Leo.

De tirantes y con vuelo, espalda al descubierto, largo, pero no con cola. Miró a la dueña.

—Es perfecto para ti, pruébatelo.

Le señaló el probador y enseguida se lo puso.  Se recogió el cabello en un moño anudado y salió, nerviosa.

Margot se quedó callada, pero Lorelai y Sophie comenzaron a aplaudir. Sophie cogió el móvil y la grabó. Estaba emocionada.

—No se lo voy a mandar a Leo, no te preocupes, mamá.

Dio una vuelta y la tela, que hacía aguas azules, se movió unida a su cuerpo.

—Es un Dior vintage y parece que está hecho para ti —dijo la encargada.

—¿Te gusta? —preguntó Margot emocionada.

Ella asintió, sin poder decir nada más.

—Ponlo en mi cuenta. Y las sandalias.

Fue a decir algo, porque eran varios miles, pero Margot negó con la cabeza. Aceptó. Lo menos que podía hacer es no contrariar a la familia.

Luego se fueron a tomar un café en un lugar apartado, en una calle lateral, con la bolsa en la mano. Sophie también había insistido en comprar diademas azules para todas las chicas.

—¿Qué queréis, chicas? —preguntó la camarera dándole un beso a Sophie.

—Café solo —dijo Lorelai. Margot se apuntó, Sophie pidió un vaso de leche fría y ella un té frío.

—Muchas gracias, Margot, el vestido es un sueño.

—Voy a encargar un ramo de rosas que predomine el azul, ¿te parece bien? Si quieres elegirlo, adelante.

—No, es perfecto. Siento mucho haberos disgustado —dijo, mirando a Sophie, sobre todo. Ella hizo un gesto con la mano.

—Qué va. Es que… me gustan las bodas de mis hermanos. Un día se casará Lorelai y Mack y otro Charlie y Ruby, pero la verdad, no pensábamos que Leo se casara. No es que haya ido con muchas chicas.

Lorelai se echó a reír. —Eso no lo sabes. Tu hermano es adulto.

—¿A que no hemos conocido a otras novias, mamá?

—Eso es verdad. Nunca nos ha presentado a nadie, Harper. Eres la primera. Y eso significa que puedes ser la última.

—Nunca se sabe —suspiró ella. Lorelai le echó una mano.

—Es cierto, las relaciones están hechas para durar cuando hay amor, pero a veces pasan cosas y no todas tienen por qué ser malas.

Sophie se quedó pensativa y Harper se sintió mal. Quiso entretenerla.

—¿Sabes que una vez me dieron albóndigas de grillos en un restaurante? —dijo y Sophie abrió los ojos, asombrada. Margot la miró, agradecida. La niña sacó su cuaderno y esperó.

—Cuéntame, por favor.

—No creas que fue en un país exótico, sino en un restaurante asiático en Minesota que decían que era experimental.

La niña tomaba notas.

—El caso es que me las ofrecieron, tenían un nombre extraño, pero me dije, hay que probar de todo.

—¿Estaban buenas? —preguntó Margot algo asqueada.

—Sí, sabían bien, pero crujían cuando las mordías.

Sophie abrió la boca asombrada, pero Lorelai se marchó corriendo al baño con la mano en la boca. Harper se levantó tras ella.

Cuando entró, vomitaba el desayuno.

—Ay, lo siento, lo siento mucho.

Le pasó una toalla de papel y ella se lavó la cara y las manos.

—¿Estás bien? Lo siento, de verdad —volvió a disculparse.

—Ay, diosito. No esperaba esto tan pronto. Pero entregarse al sexo con tanta frecuencia es lo que tiene.

—¿Estás embarazada?

—Creo que sí. A Mack le va a dar un ataque.

—Con lo que parece que te ama, será un ataque de amor.

—Tengo que comprar un test en una farmacia, ¿me cubres?

—Desde luego. Madre mía, menudo notición para la familia. No te preocupes, yo lo compraré y te lo doy en la casa.

—Con Fran me pasaba también, había algunas cosas que me hacían vomitar al instante.

—No volveré a hablar de ciertos… alimentos, te lo prometo.

—No tienes culpa. Será mejor que volvamos y disimulemos. No quiero decir nada porque Sophie se emocionará demasiado. Además, es Mack quien debe saberlo primero.

—Sin problema.

Le dio un abrazo. Cuando salieron, Margot las miró, pero ellas solo sonrieron y le quitaron importancia. De camino al coche, Harper vio una farmacia.

—¿Os importa esperarme un momento? Tengo que comprar algo.

—Claro, nos quedamos en el coche.

Lorelai la miró agradecida. Cruzó la calle rápido y entró en la farmacia.

Detrás entraron dos jóvenes y ni los miró.

Compró dos test de embarazo, por si acaso y los metió en el bolso.

Luego, se fueron hacia el coche. Cuando llegaron, se los pasó a Lorelai con disimulo y fue a dejar el vestido en la habitación de Leo, pero Sophie y Margot la acompañaron fuera, al jardín.

—Jacob tiene un estudio donde pinta y Bella se vistió allí cuando se casó. Lo hemos puesto bonito y se quedó así, con un gran espejo, flores. Ya verás.

Sophie la tomó de la mano y caminaron dos minutos hasta lo que parecía un invernadero.

Estaba lleno de cuadros y caballetes, también había equipos de gimnasia y una zona decorada con flores artificiales, con una pequeña plataforma y dos espejos, para verse por delante y de espaldas. Ella abrió la boca asombrada.