Capítulo 8. Pillada #2
—Está bien, lo afrontaremos como la familia unida que somos —dijo Richard—. Menos mal que ya tienes cama de matrimonio en tu habitación. Te quedarás, ¿verdad?
—Unos días. Esperaremos a que todo se tranquilice para volver a Nueva York.
—Pues bienvenida otra vez a la familia, Harper.
Más relajados, entraron en la cocina, donde escucharon un ruido de pasos corriendo. Leo bufó. Allí estaban todos, recién sentados alrededor de la mesa, haciendo como si no pasara nada.
—Habéis estado escuchando, pues ya lo sabéis. Ella se queda unos días, mientras me recupero.
—El que se reía de nosotros por estar enamorados —dijo Charlie.
—El que decía que era un intenso —dijo Jacob.
—Tú siempre eres intenso —comentó Sophie. Había llorado—, aun así, me he perdido la boda de mi hermano. No me parece bien.
—Organizaremos una fiesta en el jardín —dijo Richard dándole un abrazo—, como si se hubieran casado en casa, como Bella. Y bailaremos todos juntos.
—¡Sí! —exclamó entusiasmada Sophie.
—Siéntate, Harper —dijo la hermana embarazada—, que este tío es incapaz de decirte que lo hagas. Tráenos algo de beber, anda.
Leo la soltó de la mano y se sentó con ellas. La mujer pelirroja, Ruby, se puso a su lado.
—Yo también soy una nueva incorporación a la familia. No te preocupes, dan un poco de miedo al principio.
—Supongo que no estoy acostumbrada a tantos hermanos. Soy hija única.
—Ah, ¿sí? ¿Y qué más?
Sophie estaba con un cuaderno abierto y Leo, al verla, bufó. Pero Jacob le dio una colleja y siguieron preparando algo de aperitivo y para picar. La puerta de la casa se abrió y Sophie dejó sus cosas y fue corriendo a recibir a los recién llegados.
—Mack, Lorelai, Leo se ha casado en secreto.
Harper suspiró. Bella le dio la mano.
—Te acostumbrarás. Está escribiendo un libro sobre la familia. Entonces… ¿lleváis mucho tiempo saliendo?
Y ahí estaba el interrogatorio. Suerte que le había contado algunas cosas.
—Unos meses. Supongo que no es como vosotros que os enamorasteis desde jóvenes.
—En eso te doy la razón. Ruby y Charlie también se enamoraron en poco tiempo. Y Mack, que es el que aparece por la puerta con el rostro serio.
—Mack, mi… Harper —dijo Leo poniéndose con rapidez a su lado, como si la quisiera proteger—. Ellos son Mack, Lorelai y Fran.
El recién llegado puso la misma cara que su madre. Pero la mujer, de aspecto latino y con una gran sonrisa, la abrazó con cariño. Un niño de unos seis años pasó corriendo y le dio la mano a Sophie.
—Bienvenida a esta bendita locura —dijo Lorelai—, ¿así que casados?
—Sí, la semana pasada. Antes de todo el ataque y eso. Iba a ser… secreto de momento, pero bueno, todo se ha precipitado.
—Enhorabuena a los dos —dijo Mack serio. Lorelai le dio un codazo y sonrió, le dio otro y abrazó a Leo, luego a Harper.
—Mi hombre tiene unas reacciones emocionales de una ameba.
Se echaron a reír y él se encogió de hombros.
Luego, todos pasaron a la cocina. No había sitio para sentarse y la mayoría de los hermanos se quedaron de pie.
Ruby le hizo sitio y Lorelai se puso a su lado.
Enseguida comenzó a sentirse cómoda a pesar del barullo y del constante escrutinio de las dos hermanas.
—Entonces, ¿creadora de contenido? —preguntó Ruby.
—Sí, me especializo en restaurantes, así nos conocimos, íbamos a colaborar en un viaje gastronómico y bueno, así se quedó. En el fondo, me encantaría trabajar en un restaurante, mi padre era cocinero.
—Lo perdiste… lo siento. Pero oye, mi hermano va a abrir uno justo al lado de la galería de arte de Jacob, y después de la inauguración del primo de Lorelai, picaremos algo, ellos harán el cáterin y tal vez puedas ver el restaurante. No te digo que hagas una reseña si no te gusta, pero quizá…
—Estaré encantada, Ruby. Ahora somos familia.
Ella sonrió y Lorelai la volvió a abrazar. Ella era la cariñosa de la familia. Ruby también parecía amable, pero más distante. Bella era controladora y Sophie, curiosa. Aunque sentía que estaba dolida por no haber celebrado la boda con ellos. Sacó su móvil.
—Sophie, nos hicieron fotos de la boda, ¿quieres verlas? Tu hermano estaba muy guapo.
—Yo también quiero verlas —dijo Bella.
—¿Y si las pongo en el proyector? —dijo Charlie. Esto se les iba de las manos. Miró a Leo, pero estaba distraído, hablando con Mack y Jacob. Asintió.
Enseguida el hermano actor trajo un proyector portátil y conectó su móvil. Había guardado las fotos que se tomaron en una carpeta aparte, incluidas las del fotógrafo, así que conectó la presentación.
Ella aparecía arreglándose, peinándose, seria, luego sonriendo. Leo aparecía con la camisa, mirándola con intensidad, recordó que fue cuando le preguntó si quería seguir adelante. Leo y los demás se acercaron. La miró, confundido y se puso detrás de ella.
—Tienes cara de tonto, chaval —dijo Jacob en la foto que estaban en el altar, dándole el ramo. Se escuchó algún suspiro.
Luego las fotos pasaron a aquellas que se tomaron cuando amaneció con resaca, desnudo en su hombro, intentó pasarlas, pero se quedó pausada en la que se veía medio culo de Leo.
Los hermanos abuchearon entre risas y ella quitó el móvil, pero la imagen se quedó congelada en la pantalla.
—Joder —exclamó Leo. Se echaron a reír.
—Creo que todos te hemos visto el culo muchas veces, hijo —comentó Richard, tapándose la boca de la risa—. Las fotos son muy bonitas, chicos. Un precioso recuerdo. Pero mañana vamos a organizar una no boda, si no os importa.
—Pues… claro —dijo Leo apretando el hombro de Harper.
—Desde luego, aunque no tengo un vestido.
—Puedo dejarte el mío de boda, está aquí.
—Eres más alta, Bella —comentó Leo.
—Entonces nos vamos de compras —dijo Margot—. Ahora mismo.
—No es necesario, señora… Margot. Cualquier cosa estará bien.
—Pero nos hace ilusión a todos. Por favor, Harper —dijo mirando de reojo a Sophie que la miraba con los ojos brillantes. Asintió.
—Claro, vamos a ello.
Leo la miró preocupado, pero todos se levantaron dispuestos como una organización. Bella empezó a dar órdenes.
—Los chicos, a montar el altar, todo lo que usamos está en un rincón del estudio de Jacob. Sillas, lazos y demás lo vais poniendo en el jardín. Yo me quedaré aquí organizando.
—Yo ayudo a los chicos y por supuesto te maquillaré. Pero ir de compras no es lo mío.
—Iremos con Lorelai y mamá, no te preocupes.
Sophie le tendió la mano y se levantó. Lorelai le dio un cariñoso apretón y Margot fue a cambiarse. Leo la llevó aparte.
—Ten cuidado, Mini Villana es muy astuta.
—Joder, Leo, que no soy idiota.
—Lo sé. Y… gracias por esto. Nos vendrá bien después de tantos disgustos un momento de alegría para toda la familia.
—Suerte con tu hermana la tirana —dijo riéndose. Leo acarició su rostro.
—Venga, tío dale un beso, si total ya te hemos visto el culo —dijo Jacob dándole un puñetazo—, y que sepas que me voy a reír en tu cara toda la mañana.
Él resopló, pero se acercó a ella y le dio un suave beso en los labios.
—Nos vemos luego —dijo persiguiendo a Jacob para darle una colleja. Se lo quedó mirando extrañada. Leo cambiaba mucho cuando estaba con su familia.
—Son dos críos —dijo Sophie extendiendo su mano—, es que cuando se ponen los dos a decir tonterías… y anda que si empieza Charlie, no veas.
—Ya me doy cuenta, ya.
—Es una locura de casa, por eso y porque mi hija está en plan mandona, mejor nos vamos.
Margot, Lorelai, Sophie y ella se montaron en un elegante coche que sin duda pertenecía a la madre. Ella conducía con precisión.
—Antes de que digas nada sobre las compras, que sepas que las voy a pagar yo todas porque soy la madre del novio.
—Pero…
Lorelai le tomó del brazo y negó. —No te molestes, a Margot no le gana nadie a discutir. Déjate llevar —acabó susurrando. Sophie, que se sentaba de copiloto, se volvió y les guiñó el ojo.
Bueno, supuso que era lo correcto. Lo aceptaría, aunque ojalá estuviera su madre con ella. La echaba mucho de menos, claro.
—¿Quieres invitar a alguien, Harper? ¿Tu madre?
—Mi madre y mi tía están de crucero, no tengo más familia aquí, aparte de mi representante, que es como un amigo, pero anda por la ciudad, trabajando. Así que está bien.
—¿Y amigas?
—Bueno, las que tengo en la ciudad no creo que sean amigas de verdad.
—¿No tienes amigas? —exclamó Sophie volviéndose asombrada.
—A veces en el mundo de la creación de contenidos hay poca confianza, pero tengo un par de amigas que son sinceras, pero viven a miles de kilómetros. Nos vemos por vídeo llamada.
—Pues no te preocupes, que ahora somos tus amigas de aquí —dijo Sophie—.
Lorelai es médico de niños, para cuando mi hermano y tú tengáis.
Ruby es maquilladora y lo hace de maravilla, mi hermana Bella es un poco mandona, pero tiene ojos de cordero cuando mira a mi hermano Jacob y mamá es mamá, pero es buena con la familia.
—Mmm, gracias, hija. Supongo. Pero sí, tiene razón. Estamos aquí para lo que necesites, Harper.
Aparcó en una plaza en el centro. Ella estaba bastante callada porque… porque se horrorizaba de mentir a una familia tan maravillosa. Y se iban a gastar dinero en ella. Pero anotaría los gastos y se los devolvería cuando… cuando todo acabase.
Las cuatro fueron directas a una tienda muy elegante. Algunos periodistas estaban por ahí, rezagados, a la caza. Los reconoció enseguida y les hizo entrar en la tienda deprisa.
—Hay fotógrafos, quizá periodistas. No deberíamos haber venido.
—Si piensan por un solo momento que me van a acobardar, lo tienen bastante difícil.
Harper, no me conoces, aunque quizá Leo te haya hablado de mí.
He cerrado fusiones de millones de dólares con ejecutivos y varios CEO que pensaban que, porque era mujer, me iban a amedrentar.
No lo hicieron. En cuanto a este puñado de sensacionalistas, en el momento en el que salga algo perjudicial de mi familia, en la que tú ya estás incluida desde esta mañana, los hundiré en la mierda de donde han salido.
—¡Mamá! Has dicho esa palabra que no me dejas decir —protestó Sophie. Lorelai sonreía y ella no pudo evitarlo. Era como una madre pantera.