Capítulo 8. Pillada
Harper
Se fue de Las Vegas bastante disgustada. Y, aun así, estuvo posteando sus reseñas como siempre. Solo que necesitaba desconectar.
—Kevin, me voy unos días a una casita en la montaña. Estaré fuera de cobertura.
—Pero haz fotos. Mientras, publicaremos alguna cosa que tenemos guardada.
—Vale.
Alquiló un bungalow en un parque natural cercano. Se fue con el coche y pasó unos días tranquila, leyendo, paseando por la naturaleza. No tenía cobertura, pero cuando bajó al pueblo para comprar algo de comer, vio todos los mensajes. Alterada, se sentó en una cafetería para ir leyéndolos.
Su madre estaba bien, en el crucero con su tía. Le había enviado algunas fotos y ella aprovechó para enviarle las suyas y decirle que estaba muy bien. Pero lo de Kevin era otra cosa. Solo ponía que lo llamase lo antes posible y esto había sido hacía como tres días.
Lo llamó.
—Por dios santo, ya era hora Harper, casi envío a la guardia nacional.
—¿Estás bien? ¿Ocurre algo malo?
—Sí. A Leo lo atracaron y ha estado en el hospital.
—¿Cómo está?
—Conmoción cerebral, me ha dicho Agatha, pero ya ha salido. Está en Los Hamptons con su familia.
—Bueno, me alegro de que esté mejor. ¿Ya está?
—No, qué va. Resulta que unos turistas os hicieron algunas fotos en el balcón, cuando hacíamos el robado y aunque un amigo de una agencia las ha retenido, pero no será por mucho. Y entonces, todo se descubrirá y a la mierda.
—¿A la mierda?
—Mira, lo primero, que nadie entenderá cómo, si estás casada con él, no te encuentras acompañando a tu marido. Y luego, nos van a joder la exclusiva. Así que en el momento que lo publiquen, que lo harán, tienes que estar allí, con él.
—Pero está con su familia. No pinto nada.
—¿Entonces, todo lo que hemos hecho no va a servir? Piensa en tu carrera, Harper. Te vas allí, estás unos días, luego podéis volver a su apartamento o al tuyo y dentro de un par de semanas, si queréis, rompemos.
Ella bufó, incómoda. La despedida no había sido buena, pero no le quedaba otro remedio.
—No volveré a hacer nada igual, Kevin. Cada vez me parece peor idea.
—Solo que ya está hecho. Haz las maletas y preséntate en su casa.
—¿Sin avisar?
—Sí, mejor así. Y prepárate porque os van a rodear los paparazzi. Tal vez debáis dejar a su familia aparte, Agatha me ha dicho que están con líos de juicios.
—Pues precisamente es cuando tendremos que estar. No creo que Leo quiera irse y si tengo que estar con él, estaré. Menos mal que mi madre sigue de crucero.
Bastante malhumorada, volvió para recoger las cosas y después de hacer una maleta pequeña, condujo hacia Los Hamptons.
Kevin le había pasado las indicaciones de la casa Cresswell y cuando la vio, se quedó atónita.
Eso no era una casa, era una mansión. Dos pisos, un enorme jardín, muelle. ¿Qué narices hacía ella allí?
Le abrieron la puerta con una sonrisa, pero cuando les dijo quién era, abrieron la boca sin decir nada más. Estaba claro que él no les había dicho nada. La acompañaron hasta el porche. De maravilla, estaba toda la familia allí. Bueno, no había forma fácil de decirlo, así que se armó de valor.
—¿Qué coj…? —preguntó al verla.
—Hola, esposito, aquí estoy, para cuidarte.
Se giraron como uno solo a mirarla y luego a él. A pesar de llevar una venda en la cabeza, tenía buen aspecto, si no contábamos su rostro enfadado. El hombre mayor, que supuso que era su padre, se volvió hacia él.
—¿Qué es esto, hijo? —preguntó Richard. Él no contestó y se levantó para enfrentarla.
—Harper, ¿qué haces aquí?
—Visitarte.
—Hablemos dentro —contestó él. La tomó del brazo y la llevó a su habitación, casi a empujones.
—Despacio, hombre.
—¿Qué cojones haces aquí? Esto no estaba hablado.
—Esto y muchas otras cosas, Leo.
La metió dentro de la habitación y cerró la puerta.
—¿Qué te has creído? ¿A qué viene esto?
—He venido a ver cómo estás.
—Como si te importase.
—No lo sabía, Leo. Te hubiera preguntado. He estado aislada en una casa de campo retirada, pensando.
—¿Y la mejor idea que has tenido es presentarte en casa de mi familia como mi esposa?
—Porque nos han pillado. ¿No te lo ha dicho Agatha?
—Quería hablar conmigo, pero le dije que me dejara tranquilo unos días.
—Bien, pues Kevin me dijo que iban a publicar unas fotos nuestras en el balcón y que esto se llenaría de fotógrafos. Tenía que estar contigo.
—Joder, mierda.
Se sentó en la cama y ella se quedó de pie, sin decir nada. Él parecía cabreado, así que se puso a mirar por la ventana. Daba al lago y, desde luego, el paisaje era arrebatador. Entendía por qué le gustaba quedarse en este lugar.
—Mira, Leo. Lo siento. Cada vez me arrepiento más de haber hecho esto. Podemos anularlo y decir que ha sido un rollo y que nos han pillado. Incluso aunque nuestros agentes no estén de acuerdo.
—Has dicho delante de mi familia que eres mi esposa, Harper. Podrías haberte presentado como una amiga que viene a verme.
—Cierto. En eso he sido torpe.
Él la miró, muy serio.
—Bueno, pues ahora te jodes. Y vas a hacerte pasar por mi esposa de verdad, vamos a actuar delante de mi familia hasta que todo esto se pase. Porque estamos en un momento delicado.
—¿Tu padre?
—Gracias a dios, mi padre está mejor, pero vamos a ir a un juicio por la agresión y es más de lo que parece. Joder, Harper, no podía ser más inoportuno.
—¿Yo soy inoportuna? —preguntó ella con las lágrimas casi a punto de salir. Él la miró y se levantó.
—Lo siento, pero de verdad que no es el momento. Nos dieron una paliza gente mala, que buscaba a la novia de Charlie, que es testigo de alguien bastante importante. Querían asustarla. Y detrás de eso hay un entramado que alcanza más lejos. En realidad, no es bueno que estés aquí, por ti.
—En lo bueno y en lo malo, ¿no? Pero si de verdad crees que estorbo, me iré. Solo que no será creíble que estemos casados…
—No quiero decirle a mi familia que es mentira. No ahora que tienen tantas cosas en la cabeza. Por favor. Cuando todo acabe, cuando volvamos a casa… entonces ya se lo explicaré.
—Por supuesto, Leo. Es lo menos que puedo hacer. Lo siento, debería haberlo pensado mejor, pero estaba tan cabreada…
—Ya. Es verdad, no deberíamos haber hecho esta tontería, y si nos iban mal las cuentas, pues mira, a tomar por culo.
—Leo. Creo que tu familia estará esperando una explicación. Deberíamos estar de acuerdo.
—Está bien. Podemos decir que nos conocemos desde hace meses y que nos hemos ido enamorando poco a poco, pero que hicimos un viaje juntos y nos dio por casarnos. Luego, pasó todo y aquí estás.
—Me parece bien.
—Mi hermanastra y la esposa de mi padre no son tontas. Cualquier cosa les hará sospechar. Y Sophie te vigilará. No estás acostumbrada a una hermana pequeña como ella.
Harper no pudo evitar sonreír.
—Tampoco será tan difícil.
—¿Por qué crees que la llamamos Mini Villana? Mira, sé natural y ya está. Ellos saben que no soy de los que están todo el día pegado a su pareja… aunque en realidad, jamás les traje a nadie en serio.
—No puedo creerlo. ¿Nunca les has presentado a alguna novia?
—He tenido mis rollos y Jacob ha conocido a una o dos. Pero en la familia, nunca.
Se masajeó las sienes y entonces alguien aporreó la puerta.
—Leo, que salgáis. Papá y los demás están nerviosos. Ya os achucharéis esta noche.
Siguió una carcajada de Jacob y Leo frunció el ceño.
—He sido el que los ha puteado por comprometerse, así que se tomarán la venganza conmigo. A ti te respetarán, tranquila.
—Sé defenderme.
—Dame la mano y vamos.
—A escena —dijo ella. Él bufó. Abrió la puerta y salieron de nuevo al porche.
—Familia, es verdad. Nos casamos la semana pasada. Ella es Harper.
—Hola —dijo a toda una familia atónita.
La esposa de su padre se levantó y fue hacia ella con una sonrisa cortés. La abrazó.
—Bienvenida a la familia, Harper, aunque todavía estamos en shock , nadie sabía que Leo tenía novia.
—Lo entiendo, señora Donovan.
—Ah, de eso nada. Solo Margot. Te los presento.
Fue nombrando a todos y según lo hacían, se levantaban para saludarla. Cuando llegó a Sophie, notó su escrutinio. Luego miró a Leo y le sacó la lengua.
—Oye, Mini Villana, no te pases.
—No te voy a hablar, porque cuando alguien se casa, me invita a la boda y más si es mi hermano. Eso está muy feo.
—Vámonos dentro —dijo Charlie y se los llevó a todos. Se quedaron con los padres.
—Sentaos, por favor —dijo Richard. La observaba, todos lo hacían.
—Leo, quizá… podamos hablar —empezó Margot.
—No te preocupes, tenemos un acuerdo prematrimonial. Sé que ha sido muy precipitado y pensábamos comentarlo cuando todo esto del juicio acabase, pero Harper estaba preocupada por mí y, además… bueno, nos casamos en Las Vegas y nos hicieron unas fotos…
—Leo, ¿esto ha sido por tus seguidores? —preguntó su padre.
—No. Entiendo que es extraño.
—Señores Donovan…
—Richard, por favor.
—Ha sido muy rápido y tal vez no hemos tomado la mejor decisión. Pero ambos estamos felices de ello. Mi madre tampoco lo sabe, está de crucero. Supongo que estará igual de sorprendida.
Leo apretó su mano y le sonrió.
—No es que no apreciemos que Leo esté enamorado y pareces una chica estupenda. Es… la sorpresa.
—Margot, tú te casaste con papá en meses.
—En eso tiene razón, cariño. Nos enamoramos muy rápido, y mira el resto, Mack, Charlie… ellos también han sido de encontrar a la persona adecuada y saber que lo era al instante casi.
—Sí, tienes razón, Richard. Perdona, Harper. Es solo…
—Lo entiendo perfectamente. Cuando vuelva mi madre también deberemos explicarle.
—Lo haremos, amor —dijo Leo estrechándole la mano. Richard sonrió y también ella. Habían pasado el primer filtro.
—Ahora, enfréntate con tus hermanos, porque después de todo lo que te has metido con ellos por emparejarse, se van a vengar.
—¿Ves? Te lo dije. Y… hay otra cosa. Puesto que Harper es también una creadora de contenido y saldrán las fotos… quizá vengan paparazzi.
—Lo que nos faltaba —dijo Margot con una expresión de contrariedad—. Sabes que estamos en un momento delicado, hijo.
—Ya, pero igualmente iban a venir.