No somos novios (pero ya verás) (Familia Cresswell-Donovan 4) Capítulo 5. Nos vamos conociendo
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Capítulo 5. Nos vamos conociendo

Leo

Si la primera vez se remojó con agua fría, la segunda tuvo que meterse a la ducha y desahogarse. No pudo ni salir, ni mirarlos a la cara.

¿Por qué se había excitado como un adolescente salido? No sabía qué pensaría Harper de él, aunque dijera que a ella también le había pasado. Debería haberle pedido prestado a Charlie esa tela especial que se puso en sus partes cuando hizo las escenas de cama.

Estaba muy cabreado consigo mismo, porque besar a Harper le había gustado demasiado y no quería que llegase a más. Llamó a su hermano para preguntar por todos.

—Jacob, ¿cómo va por ahí?

—Si supieras, Bella está bastante irascible, no puede moverse y como no le dejamos ni mirar el ordenador, nos lleva de cráneo. Hasta Mini Villana ha desaparecido.

—Joder, lo siento. Ya sabes como es. ¿Y si le dejáis hacer algo?

—No estoy seguro, no quiero estresarla.

—¿Y Charlie?

—Mejor, luego vienen. ¿Qué tal te va por donde quiera que estés?

—Estoy en Las Vegas, en un hotel muy lujoso. Mi representante me consiguió un patrocinio bastante ventajoso. Aunque he pensado publicarlo más adelante, por lo de papá.

—No seas tonto. Papá está bien. O sea, no está bien del todo, pero no debes parar tu vida por… esto. Haz lo que tengas que hacer, Leo. Nunca se sabe y, además, puede que se recupere.

—Me gusta tu optimismo, pero ¿recuerdas?, ya perdimos a mamá.

—Y Bella a su padre. Nadie sabe cuándo le toca. No puedes hundirte por ello.

—Lo sé. Cada hora que paso fuera de Los Hamptons pienso que él se va a ir. Y encima, este trabajo.

—¿Qué ocurre? No pareces contento.

—Bah, solo es por… algunas cosas que no me encantan. No pasa nada. Tengo que salir, tío. Debo visitar un club y el jardín por la noche. Empezaré a colgar cosas mañana. Ya verás dónde estoy.

—Qué pena me das, hermano. Aquí con el jaleo que tenemos y tú tan tranquilo.

—Lo sé, te doy mucha pena. En serio, Jacob, avísame a cualquier hora si tengo que ir y dales un beso a todos, especialmente a papá.

—Eso está hecho. Tranquilo, yo te cubro.

—Lo sé. Te quiero, hermano.

—Sí que estás mal, tío. Si en algún momento quieres hablar, me dices. O si no Mini Villana te llamará Mr. Intenso a ti.

Se echó a reír y colgaron. Hablar con su hermano siempre le animaba.

Se arregló más tranquilo y salió a la noche.

Debía comer algo si iba a tomar alguna copa.

Agatha le había dado una lista de sitios donde comer, porque en el hotel no podía hacerlo, por si lo pillaban con ella.

Resopló de nuevo. Era distinta a como se la había imaginado, porque en sus redes parecía muy natural, pero no pensó que fuera tan apasionada. O eso creía. Tal vez estaba actuando.

Sin hambre, se dirigió al club Pelícano, donde hizo su grabación.

Le invitaron a un par de copas y documentó todo.

Incluso un par de chicas se le acercaron y lo reconocieron.

Posó con ellas. Se notaba que una quería llevárselo al hotel, pero si hacía eso, su farsa se iba a descubrir.

Siguió en otro club y otras dos copas. Hacía tiempo que no bebía tanto y aunque no estaba borracho, se sentía flotar.

Regresó al hotel y algo mareado, subió a la habitación. Mañana enviaría los vídeos al editor. Se fue quitando la ropa, los zapatos, hasta quedarse desnudo y cayó en la cama boca abajo. No escuchó nada hasta que la luz le despertó. Alguien estaba clavándole el dedo en la espalda.

—Sophie, joder, no es el momento.

—No soy Sophie, soy Harper y estás desnudo en mi cama.

Abrió el ojo, luego el otro. Tenía una sábana tapando su culo. Ella lo miraba, divertida.

—Joder, lo siento. Ayer no cené y yo qué sé.

—Nada, tranquilo. Al menos no has roncado.

—Me… o sea, si me levanto no llevo nada y… ¿me prestas tu sábana?

—Resulta que no puedo dejártela porque solo… bueno, solo llevo unas braguitas.

—¿Y qué hacemos?

—¿Un selfie ? Aprovechando las circunstancias.

—Um… vale. ¿Qué hago?

—Se me ocurre. Me echo tapada y tú te pones en mi cuello apoyado, como si estuvieras dormido. Luego abres los ojos y miras a la cámara, somnoliento.

—Eso no me va a costar nada. Estoy muerto. Hace mucho que no tomaba ese tipo de cócteles.

—Venga, arrástrate como un cocodrilo.

Se echó a reír y así lo hizo. Ella giró la cabeza discretamente y se colocó sobre la sábana, boca abajo, mientras ella cogía el móvil de la mesilla. Él apoyó la cabeza cerca de la suya y su rostro quedó casi pegado a su hombro.

—Cierra los ojos que voy y luego los abres lentamente como si te hubieras despertado de resaca.

—Me he despertado de resaca.

—Mejor.

Ella empezó a tomar fotos, él abrió los ojos lentamente, la miró, luego a la cámara, sonrió y bajó los labios hasta el hombro, depositando un suave beso.

Luego, sonrió con picardía y pasó el brazo desnudo sobre su cintura, para ponerse un poco encima de ella, lo que hizo que se echara a reír y él alargó la mano hacia el móvil, como si quisiera pararlo, hasta que cayó al suelo.

Estaba sobre ella, respirando agitado. Ella lo miró, sus labios estaban abiertos y no sabía si lo estaba invitando a besarla. Pero no era el momento ni debía hacerlo.  Se deslizó hacia atrás.

—Lo siento, Harper. Me ducho. ¿Hoy tienes trabajo?

—Sí, otro lugar a las afueras.

—¿Ayer te fue bien?

—Mejor que bien. El cocinero me… invitó a salir, pero con esto del contrato, no me pareció bien.

—Puedes volver a verlo en poco tiempo. Si el chico merece la pena. O sea, si sois discretos, a mí no me importa.

—Lo… pensaré. Gracias, Leo. Eres un buen tío.

Se marchó de la habitación sin mirar atrás. Ese día debía visitar un parque acuático y le apetecía menos que nada. Mandó un mensaje a su hermano y él le contestó que todo iba bien. Más tarde los llamaría.

Se vistió y metió en la mochila el bañador de turno. Cuando salió, la encontró ya arreglada, tomando un zumo mientras veía las fotos del móvil.

—Ven, Leo, ¿qué opinas?

Se agachó junto a ella, oliendo su dulce perfume. Se parecía a las rosas que cultivaba su padre en Los Hamptons. Las fotos eran muy naturales. Sus caras de risa parecían auténticas. Tal vez lo fueran.

—En esta foto se te ve un poco el culo. Es cuando pasaste el brazo por encima de mí, se me desvió el móvil. ¿La envío o no?

—No es mucho, podría soportarlo. Están muy bien, Harper. Creo que cualquiera se lo creería.

—Esto… Kevin me ha mandado un mensaje para lo de la boda. Será mañana. Joder. No sé si… esto es lo que debemos hacer. ¿Todo por la fama?

—Ya. Es lo que me pregunto yo cada día, Harper. Tal vez una vez que acabemos con esto salgan nuevas oportunidades. ¿Te ves haciendo esto toda la vida?

—La verdad es que no. En un tiempo, me gustaría trabajar en un restaurante de verdad, aprender de algún chef y olvidarme de las redes. No me veo con diez años más viajando de aquí para allá. Y me gustaría tener una familia, ser madre. Soy hija única y siempre he anhelado hermanos.

—Yo tengo cinco y tampoco es para tanto —dijo él con una sonrisa.

—¿Cinco? ¡Qué maravilla!

—No creas, a veces es muy pesado —dijo, pero no dejó de sonreír.

—¿Y tú, Leo? ¿Seguirías con la interpretación?

—Me gustaría, pero es un tema complicado. Ser actor es una carrera de fondo.

—Al menos tienes un buen físico. Eso es un plus.

—Sí, para que me den papeles en una película romántica, como a mi hermano. Y no digo que sea algo malo, pero dicen que, si te encasillas en algo así, es complicado salir. Habrá otras formas de subsistir, supongo. ¿Qué tal ser director de hotel?

—Es una opción, Leo. Puede que te venga bien estar por aquí para aclararte. Es un lugar único.

—Era una broma. No me siento preparado. En fin, si todo falla, mi madrastra puede darme trabajo, aunque sea para limpiar la oficina.

—No digas eso, Leo —contestó ella tomándole de la mano—, eres un hombre con recursos y habilidades, capaz de hacer lo que te propongas.

—Gracias por tu confianza, aunque no la merezca. Mira qué he tenido que hacer.

—¿El qué? ¿Liarte conmigo? Ya sé que es impostado, pero…

—Lo siento, no sé ni lo que digo. Será mejor que me vaya antes de cagarla más. Perdona, Harper. Supongo que tengo demasiadas cosas en la cabeza. Hoy empezaré a publicar sobre el hotel.

—Vale.

Se marchó porque ella volvió a su móvil. Bien por él, ahora había metido la pata con ella y se había enfadado. Mientras bajaba por el ascensor, subió los vídeos al servidor donde el editor los cogería. Luego se los mandarían ya en el formato adecuado y con subtítulos y él los colgaría con el texto.

La sonrisa de redes apareció en su cara.

Un coche lo recogía para llevarlo al otro lado.

Se bañó, usó la cámara acuática, fingió que se divertía y se hizo muchas fotos.

Comió en uno de los chiringuitos, pensando en Harper.

No sabía cuáles eran sus gustos gastronómicos, pero pensaba preguntarle.

En realidad, no se conocían tanto y debían hacerlo, aunque Agatha le hubiera pasado una ficha con datos sobre ella, igual que debía de tener la suya, pero no era lo mismo. Quería escucharlo de sus labios.

En realidad, quería atraparlos y volver a escuchar su suave gemido. Pagó la comida y llamó al coche para recoger. Debía disculparse con ella.