No somos novios (pero ya verás) (Familia Cresswell-Donovan 4) Capítulo 2. La mejor o peor noticia
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Capítulo 2. La mejor o peor noticia

Harper

Terminó de grabar en el restaurante donde se encontraba con un sentimiento de frustración.

Había hecho fotos desde la cocina a la sala, baños incluidos, y no le gustó lo que vio.

Por mucho que le pagasen, no iba a engañar a la gente que acudía a sus redes para obtener información. Una información veraz.

El dueño del restaurante y supuesto cocinero jefe, un tipo que parecía más un ejecutivo que un chef, se acercó a ella con una sonrisa de anuncio de pasta de dientes.

—¿Qué tal, Harper? ¿Has disfrutado de la comida?

—Sinceramente, esperaba otra cosa.

El tipo cambió la expresión a una seria, incómoda. —¿Qué es lo que no te ha gustado?

Se sentó a su lado y ella se retiró sutilmente.

Llevaba ocho años siendo creadora de contenido..

Al principio hacía vídeos de cremas o maquillaje, luego, empezó a cocinar platos que recordaba que hacía su padre y con los que se emocionaba.

Hasta un día intervino su madre y eso le llevó, hacía unos dos años a ir a un restaurante y mostrar desde la cocina cómo preparaban los platos.

Se hizo viral y desde entonces, su agente empezó a aceptar colaboraciones de otros lugares.

Solo que este, en Nueva York, no le gustaba.

Y menos, el dueño, que parecía ser un ejecutivo de Wall Street. Un ejecutivo venido a menos, eso sí.

—Primero, la cocina estaba sucia. Los aceites de las distintas freidoras estaban oscuros, hace tiempo que no los cambiáis.

Y en general, tus empleados no parecían muy…

limpios. En cuanto a la comida, no es tan sofisticada como subís en redes.

No me habéis puesto nada de lo que supuestamente ofrecéis en las imágenes.

—Eso fue algo puntual. Antes teníamos otro cocinero, pero estás siendo muy dura, Harper. Te pago mucho y no eres un crítico culinario, que yo sepa.

Ella se puso rígida. —No lo soy, desde luego, pero tengo ojos en la cara. Le diré a mi agente que te devuelva el dinero y te pagaré lo que he comido hoy, aunque sea poco. No aceptaré tu colaboración, a menos de que cambies un poco.

—No hace falta que pagues la comida. Pero devuélveme mi dinero. Eres muy poco profesional.

—Al contrario. Soy profesional. No puedo recomendar a mis seguidores algo que da pena. Me marcho.

Cogió sus cosas y salió a la calle, enfadada.

Claro que no era una crítica culinaria, pero su padre había sido cocinero y sabía perfectamente cómo debían de estar las cosas en una cocina.

Además, durante años lo ayudó en su restaurante, hasta que se puso a trabajar como creadora de contenido.

Él siempre le decía que lo más importante de una cocina es que estuviera limpia y lo siguiente, tratar bien los alimentos.

Cocinar con amor, solía decir, era el secreto.

Llamó a su agente y le contó lo sucedido.

Aunque se disgustó y protestó, le dijo que haría la devolución.

Eran varios miles y eso le haría daño a su economía, porque acababa de comprarse un apartamento en Nueva York.

No importaba, debía ser honesta consigo misma.

Se puso la gorra, las gafas y se entretuvo mirando un escaparate de una galería de arte.

Un tipo rubio y con coleta estaba montando unos cuadros.

Otro moreno salió con un martillo en la mano.

¿Era Leo Donovan?  Miró bien, no, creía que no.

En alguna ocasión vio en sus redes que tenía un gemelo y que se dedicaba al arte. Eso debía de ser.

Seguía en redes a Leo porque su agente se lo aconsejó.

Tal vez podrían trabajar juntos en algún momento.

Él viajaba por todo el mundo, visitando hoteles y hacía rutas turísticas.

Ella se dedicaba a ir a restaurantes de todo el país.

Sí, era un posible colaborador. Además, sus comentarios solían ser bastante honestos, quizá con cierta ironía graciosa, no como esos creadores que decían que todo estaba bien. Eso sí le gustaba.

Aprovechó para llamar a su madre. Ella vivía en Jersey, en una casita con jardín que le compró en cuanto ganó el dinero suficiente. Le encantaba el jardín y solía cultivar un pequeño huerto de hierbas aromáticas y verduras, tal vez en memoria de su padre.

—Mamá, ¿te pillo mal?

—No, cariño, estaba cortando hierba seca. ¿Todo bien?

—Regular. El restaurante estaba muy sucio y los platos más regulares que buenos. He renunciado a la colaboración.

—Vaya, lo siento. ¿Y eso no te perjudicará?

—Más lo hará si digo que algo es bueno cuando no lo es. Tranquila. Todo bien, solo llamaba para ver qué tal estabas.

—Bien. Tu tía no hace más que decirme que debería ir a un crucero de esos de mayores, pero no sé…

—No tienes que ir a la busca y captura de un marido, como hace ella. Pero puedes divertirte, conocer gente. Ya hace cuatro años, mamá.

—Y lo echo de menos cada día. Está bien. Me iré con tu tía, le diré a mi vecina que me riegue las plantas, así no tienes que venir tú.

—No me importa. De todas formas, quizá haga una pausa.

—Ya sabía que te pasaba algo.

—No, no es eso. Pero tengo varias colaboraciones sin publicar, así que eso me permite tomarme unos días.

—¿No querías ir a Las Vegas? Era el sueño de papá, ver uno de esos espectáculos.

—Íbamos a ir juntas.

—Cuando vuelva del crucero, iremos otra vez. Pero si te adelantas, podrías ir viendo lo que está bien y lo que no merece la pena.

—Está bien, iré. Total, tampoco es que tenga otra cosa que hacer.

—Cariño, si quieres puedo quedarme en casa, no ir al crucero y así vienes a pasar unos días.

—De eso nada. Ha sido ese tipo desagradable, nada más. Ya se me ha pasado. Te quiero, mamá.

—Y yo a ti, Harper.

Sonrió cuando se acercó a la oficina de representaciones donde llevaban su carrera, además de otras. Su agente y amigo, Kevin, la esperaba con una gran sonrisa.

—Vaya, no pareces muy disgustado por haber tenido que devolver la colaboración.

Él negó, con un suave movimiento de mano. —Tengo algo mejor, algo que te va a hacer volar en redes. Acabo de cerrarlo.

—Sorpréndeme —dijo sentándose. Su manager le puso un café en la mano.

—Vas a hacer una colaboración con Leo Donovan. Acabo de hablar con su agente. Te vas a Las Vegas.

Harper se quedó estupefacta. ¿Existían las casualidades o solo ocurría en novelas predecibles?

—Explícame un poco más.

Kevin aplaudió emocionado y se sentó sobre la mesa. Cruzó sus largas piernas en sus estilosos vaqueros Armani y abrió las manos aparatosamente. Eso solo lo hacía cuando la noticia era grandiosa.

—Estamos valorando varias opciones. La que más nos gusta es que tú y Donovan vayáis a hacer un tour por varios lugares, él como creador de contenido especializado en hoteles y excursiones, tú valorarás las cocinas, las comidas, todo eso.

Pero tenemos otras ideas que habrá que hablarlas —dijo algo receloso. Ella se dio cuenta.

—No me parece mal. Es una buena idea.

—Lo sé. Pero lo que va a hacer que vuestras dos cuentas exploten es lo que he hablado con Agatha, su agente.

—Vamos, suéltalo de una vez. —Ahí estaba.

—¡Os vais a casar! —exclamó con una risa emocionada.

Ella se lo quedó mirando. Movió la cabeza, por si no había escuchado bien. Luego abrió la boca. No dijo nada.

—¿No es una pasada? —dijo Kevin aplaudiendo.