No somos novios (pero ya verás) (Familia Cresswell-Donovan 4) Capítulo 1. Un contrato infernal
3%
No somos novios (pero ya verás) (Familia Cresswell-Donovan 4)

No somos novios (pero ya verás) (Familia Cresswell-Donovan 4)

Por Anne R. Aband

© inepub.com

Capítulo 1. Un contrato infernal

Leo

—Me da igual, vende la casa de Miami para pagarles.

—Has firmado un contrato. Los contratos se cumplen y lo sabes.

Leo caminó como un león enjaulado en la lujosa habitación del hotel de Las Vegas donde se alojaba. ¿Por qué había aceptado eso? Hacía días que su hermano Jacob se había casado por amor con Bella. Y su padre estaba enfermo.

—¿Acaso no entiendes mis circunstancias, Agatha?

—Leo, ¿cuánto tiempo llevamos trabajando juntos? ¿Cuatro años? No creo que haya tomado decisiones equivocadas o te haya aconsejado mal. Pero si te comprometes, debes cumplir. Si no lo haces, no volverán a contar contigo.  Yo me quedaré sin curro y tú tendrás que ir a vivir con tu papá rico.

—No seas borde. Entiende que son circunstancias especiales.

Se sentó en la terraza que daba al parque, enfrente de su apartamento. Suspiró. Como se temía, conforme iba pasando el tiempo, salían nuevos creadores de contenido más jóvenes, más en forma y que hacían otras cosas. Se veía venir. Por eso quería actuar o lo que fuera. Era una idea.

Agatha era una mujer de unos cuarenta y extremadamente eficiente. Golpeaba rítmicamente el bolígrafo sobre la mesa mientras lo miraba con paciencia. Había confiado en ella para todo lo que había hecho durante todos estos años, pero en ese momento no parecía comprenderlo. Al final, ella suspiró.

—Mira, puedo hablar con su agente y con… ella. Podríamos retrasarlo todo, unas semanas, un mes como mucho. Pero eso repercutirá en tus ingresos. Grabemos todo y lo sacamos más adelante. Hay que aprovechar el buen tiempo, la luz natural… todo eso.

—Tampoco me parece una buena idea. Debo pensar en mi familia…

—Es una decisión empresarial, Leo. Y lo necesitas. Tu audiencia ha bajado demasiado, por mucho que mostrases tu six-pack en la última grabación. La gente quiere otras cosas, no siempre lo mismo.

—Poco me queda entonces en este negocio. Estoy harto. Me gusta viajar, hacer mi trabajo, mostrar los lugares perfectos para quedarse o visitar. No soy un mono de feria.

—Los creadores de contenido no son monos de feria, Leo. Parece mentira que seas tú el que digas eso.

Se mesó el cabello y asintió. —Sí, ha estado mal. Estoy muy… nervioso. Mi padre está mal. Joder. Debería haber ido más a menudo a casa.

—A veces el trabajo es así. Mi marido también se queja de mis viajes, pero no del dinero que llevo a casa. Y… bueno, posiblemente busquemos un bebé este año. Tal vez lo deje, Leo.

—¡No me digas eso! —exclamó él volviéndose alarmado.

—Quiero disfrutar un poco de mi futura familia. Y tal vez deberías hacer lo mismo.

—¿Con una vida falsa?

—No, Leo. Con alguien que te importe de verdad y no con las chicas con las que te acuestas y que solo buscan unos likes con tu foto.

—Y después de esta bronca… —susurró él apoyándose en la pared y cruzándose de brazos.

—No te estoy riñendo. Entiendo tu malestar, tu preocupación, pero o tomas las riendas ahora o te hundirás.

—Puede que sea mejor.

—Llevas diez años trabajando muchas horas, viajando a cualquier sitio, no querrás tirarlo todo por la borda.

—No —admitió masajeándose el puente de la nariz. Empezaba a tener dolor de cabeza.

—Mira, yo perdí a mi madre el año pasado y estuve muy mal, bien que lo sabes porque me ayudaste mucho. Y no digo que vayas a perder al tuyo, pero es que la vida sigue.

—Eso dice él también. No es solo eso, Agatha —dijo levantándose.

Se apoyó en la barandilla de la terraza.

Estaban en el piso cinco y desde ahí se veía la acera del parque, con familias paseando, niños correteando…

normalidad. La verdad, estaba cansado de todo eso.

Puede que ver a su hermano Jacob tan feliz y estable le hubiera removido demasiado la cabeza.

Se volvió hacia ella—. Está bien, lo haremos a cambio de que se publique en un tiempo, esperaremos para ver qué tal está mi padre. No quedaría bien si él… si él… y yo…

—Eso es muy aceptable, Leo. Lo hablaré con ellos.

Gracias —dijo aliviada. Se despidió con un abrazo y él se quedó mirando el exterior.

Luego, subió la vista hacia la calle, había un hotel cerca del que hizo una reseña.

También se había acostado  con la chica de recepción.

Una bonita noche, pero nada más. ¿Esa era su vida?

¿Ir de hotel en hotel? Se había recorrido casi una vez y media el mundo y sí, en realidad, se podría considerar que era un privilegiado.

Mucha gente envidiaría su trabajo, su posición, que había ganado paso a paso, vídeo a vídeo, aprovechando para comenzar lo que heredó de su madre.

Su hermano Jacob lo había invertido en la galería, él en poder viajar, en comprarse una buena cámara.

Pero eso había hecho que apenas parase en casa.

Acabó los estudios y se marchó. Tenía ganas de comerse el mundo y lo cierto es que lo había hecho.

Pero echaba de menos esos momentos en familia, las risas, la intensidad de su hermano, pensó sonriendo, la sonrisa eterna de Charlie o la seriedad de Bella y Mack.

Por supuesto, a Mini Villana. Y a sus padres, porque consideraba a Margot como una segunda madre.

Sopló cuando Agatha le envió un mensaje.

Todo arreglado. Mañana quedamos a las 19h. Te mandaré ubicación.

Bueno, pues ya estaba. Condenado para una buena temporada. Dio un golpe a la barandilla de frustración y se volvió a sentar en la terraza, a contemplar el atardecer. No quedaba otra.