No quiero pedir perdón CAPÍTULO 43
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CAPÍTULO 43

Sarang ahora que todo está mejorando, tendré que invitarlo a beber para que se suelte un poco y me cuente lo que sucedió.

Es una mujer joven y atractiva, pero también pude constatar que es muy buena en lo que hace. Gracias a ella pudieron atrapar a aquel hombre. Fue prácticamente una cacería.

—Señorita Smith, muchas gracias por venir. Nos alegramos de que se encuentre mejor. Trataremos de ser breves.

El detective a cargo del caso nos guió hasta donde se llevaría a cabo la declaración.

Nos atendieron en una sala de reuniones.

Éramos demasiados, y tampoco admitimos que alguien se quedara fuera.

Sarang se sentó en el medio, y de un lado estaban sus padres y el abogado, y del otro estaba yo, junto a Tae Yang y su equipo.

Frente a nosotros estaban dos detectives.

—Trataremos de no demorar mucho. Como sabe, ya tenemos bajo custodia al hombre que la atacó, pero luego del interrogatorio no nos ha dicho nada.

Estamos seguros de que debe haber alguien detrás de esto, ya que definitivamente no fue un ataque al azar.

Sabemos que fue un evento traumático, pero si hay algo que pueda recordar... algún detalle antes del ataque.

Vi cómo sus manos comenzaron a temblar levemente, por lo que puse mi mano sobre la de ella y la apreté suavemente.

—Yo... solo recuerdo que me distraje un momento con una llamada y salí de la cafetería porque vi que el auto se acercaba para buscarme. Y ese hombre se acercó, me llamó por mi nombre y me atacó.

—Las cámaras de seguridad no muestran nada extraño después. Solo la gente que se aproximó para ver qué estaba pasando. La persona que estaba encargada de su seguridad, y luego la asistencia médica.

Ella se muestra pensativa durante un largo rato.

—Está bien, señorita Smith...

—No estoy segura, pero creo que vi a alguien.

Escuché a la mujer junto a Tae Yang teclear a gran velocidad sobre su computadora. Al cabo de pocos segundos, colocó la laptop en el medio de la mesa.

—Señorita Smith, estos vídeos son de las cámaras de seguridad alrededor del local el día de la agresión. Tengo entendido que no los ha visto, y tiene todo el derecho de decir que no quiere hacerlo en este momento. Pero si puede identificar a alguien en el vídeo, sería de mucha ayuda.

Su tono de voz es muy profesional, pero a la vez empático con la situación.

—Hija, si no quieres hacerlo, no hay problema. Estamos aquí para apoyarte.

—Estoy bien, mamá. Sí, puedo hacerlo.

La mujer le preguntó al detective si podía usar la pantalla de la sala, y este accedió de inmediato.

Ella sacó de su maletín un dispositivo, y en cuestión de pocos minutos conectó su laptop a la pantalla.

El vídeo no mostraba la agresión directamente, y lo agradecí, pero sí se lograba ver a Sarang en la acera, en medio de un charco de sangre.

Adelantaron el vídeo hasta el punto donde se había acumulado la gente.

Sarang miró el vídeo con detenimiento. Rita cambió de ángulo, dándole clic a varios vídeos.

—Ahí. —Sarang señaló la pantalla—. La mujer a la derecha.

Rita amplió la imagen, y no sé cómo lo hizo, pero en pocos segundos había una imagen muy clara de una chica a la cual yo también conocía.

—Ella. Yo no la conozco, pero se acercó a mí en la universidad en la que trabajo.

La miré con extrañeza, porque no me había dicho nada.

—¿Se acercó a usted? —preguntó uno de los agentes.

—Sí. —Ella notó mi mirada y se volteó hacia mí—.

No te lo conté, disculpa. Pasó cerca de la fecha en que la foto de los dos apareció en las redes.

Esa tarde, un estudiante me había pedido una reunión para una asesoría para su trabajo de grado, pero al llegar no estaba el estudiante, y me encontré con ella.

Le pagó al chico para que pidiera la cita conmigo.

—¿Nos puede dar el nombre del estudiante?

—Sí, claro. Solo que él tampoco sabe el nombre de esa mujer.

—Ella es una sasaeng —mencioné.

—¿Una acosadora? ¿La conoce usted, señor Ahn?

—No sé cómo se llama, pero es de las fans que nos sigue donde vayamos.

—Nos encargaremos de ubicarla.

—Yo puedo... —Rita estaba a punto de decir algo, pero con una mirada, Tae Yang la detuvo—. Enviarles la imagen, y así podrán utilizarla.

—Se lo agradecemos, señorita...

—Nakamura.

En unos días, los miembros y yo vamos a salir de Seúl; vamos a Busan para grabar un programa de variedades al que nos invitaron.

Sarang me preguntó sobre la posibilidad de viajar también y que nos pudiéramos quedar un par de días después, pero debo regresar con el grupo. Tenemos un viaje a Japón justo después.

Y por eso, esta noche vamos a reunirnos con mi hermano y su esposa para cenar. Todavía pido una zona privada, porque a pesar de que el mundo sabe que tengo pareja, exponer mi vida privada no está dentro de mis intenciones.

Llegamos juntos, y camino unos pasos detrás de ella, pero en el privado nos sentamos uno al lado del otro.

Mientras nosotros hablamos de videojuegos, Da Li y Sarang hablan sobre las últimas hazañas de mi sobrina en la escuela.

Por un momento me parece que Su Min es hija de Ji Woo y no de Ji Hoon.

Se parece mucho a nuestra hermana cuando era pequeña.

Es una noche tranquila, y me conformo con eso.

Pasar tiempo con mi familia y con la mujer a la que amo.

Tomo su mano bajo la mesa, ella me mira y sonríe.

Leilani es una mujer muy fuerte; nadie podría decir que la persona que está a mi lado estuvo a punto de morir.

Siento que quiero pasar el resto de mis días con ella.

Llegará el momento en el que decidamos dejar los escenarios, y quiero vivir sin arrepentimientos.

Cuando la cena termina, regresamos a su casa, que es la que queda más cerca del restaurante al que fuimos.

Al llegar, nos cambiamos y vamos directo a la cama.

Sarang me abraza y, casi al unísono, ambos damos un fuerte suspiro.

Ella ríe contra mi cuello, y yo paso una de mis manos de arriba a abajo por su espalda.

Son momentos como estos en los que simplemente somos Sarang y Ji Soo. Una pareja como cualquier otra.