No quiero pedir perdón CAPÍTULO 42 #2
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CAPÍTULO 42 #2

—Podría pasarme días aquí contándote lo que sentí en cada uno de los momentos que hemos compartido.

Lo especial que cada uno ha sido para mí, y así es como quiero recordarte.

No sabes lo desesperado que estoy de que despiertes; tal vez no debería decirte esto.

Trato de contarte solo cosas bonitas todos los días.

Pero quiero que sepas que no sé cómo estoy aguantando.

Me miro al espejo y no me reconozco. Y tú no tienes la culpa, yo soy el culpable de todo esto.

De que tú estés en esta cama, de que tus padres estén sufriendo tanto.

De que todos los que te aman estén sufriendo.

Respiro hondo varias veces antes de continuar.

—Te prometí que no iba a llorar, pero no he podido cumplirte esa promesa.

No lloro aquí, pero lo hago cada noche cuando llego a casa.

Y mira, ahora lo estoy haciendo. Pensé que ya no me quedaba agua en el cuerpo para seguir llorando.

No quiero tomar una decisión unilateral, voy a esperar hasta que despiertes.

—Hace una pausa—. Pero creo que lo mejor para los dos es que cada uno siga su camino.

A través de este tiempo que hemos estado juntos, lo he pensado varias veces, pero he sido egoísta y siempre escogí mantenerte a mi lado.

Y mira adónde nos trajo esto. Yo nunca dejaré de amarte, y porque te amo quiero que estés bien.

Que seas feliz. No quiero causarte más dolor.

Pero de eso hablaremos cuando despiertes.

Sé que vas a luchar con todos los argumentos posibles.

—Río, pero sin ganas—. Lo sé, porque cada vez que discutimos, aunque sea por una tontería, siempre tienes todos los argumentos, siempre tienes la última palabra.

Pero no habrá argumento que venza esto que estás pasando.

Acaricio suavemente su mano y le doy un beso sobre la palma.

Me levanto y le doy un rápido beso en los labios, como hago siempre antes de irme.

Al girarme, me percato de la presencia de la madre de Sarang en la habitación.

Estaba tan absorto en lo que le estaba diciendo que no la escuché entrar.

Hago una leve inclinación con la cabeza antes de salir.

He dado solo unos cuantos pasos afuera cuando veo a dos enfermeras y a uno de los médicos correr en dirección a la habitación de Sarang. Cuando abren la puerta, la madre de ella se acerca y me llama.

—Ji Soo, regresa, por favor.

Me apresuro a regresar. Al entrar, su madre me toma del brazo mientras observamos cómo el médico revisa a Sarang.

—Ella... está llorando —dice en medio de su propio llanto.

—El ritmo cardíaco se ha elevado —menciona el médico.

Observo las máquinas, y cuando por fin podemos acercarnos, veo lágrimas saliendo de sus ojos, aunque aún permanecen cerrados.

El padre de ella, quien al parecer había ido por un café, regresa y sostiene a su esposa mientras esta sigue llorando.

No sé qué hacer, si debo irme o quedarme.

Salgo de la habitación y me siento en las sillas frente a esta.

No sé si lo que acaba de pasar es bueno o malo.

Al cabo de unos minutos, veo a la madre de Sarang salir de la habitación. Me levanto de inmediato y hago una inclinación frente a ella. Ella hace un gesto para que vuelva a sentarme, y ella lo hace también a mi lado. Para mi sorpresa, ella toma mi mano y la coloca entre las suyas.

—Escuché lo que le decías a mi hija, y quiero decirte que esto no es tu culpa. Sé que me comporté mal contigo al principio y te pido disculpas.

Intento decirle que no tiene que hacerlo, pero no me deja.

—Te veo todos los días llegar, sentarte junto a ella y contarle sobre el día a día.

Pero hoy fue diferente. Hoy te escuché decirle cuánto la amas y los momentos bonitos que han pasado juntos.

Y esto no es justo para ninguno de los dos.

Eres un hombre joven, y tal vez no entiendo todo lo que se refiere a tu carrera, pero estoy segura de que mi hija no podría tener una mejor pareja que tú.

Ahora soy yo el que comienza a llorar.

—No tienes la culpa de las malas decisiones que toman los demás. Ahora debemos mantenernos fuertes por ella. Estoy segura de que pronto estará de regreso con nosotros.

Unos días después

Esta mañana fui a ver a Sarang, y ahora me encuentro en el estudio con Hyun Jae, trabajando en mi canción. Sung Hoon ya grabó su parte, y le estaré siempre agradecido por acomodar esto en medio de su agenda, que ahora mismo es una locura, ya que está participando en un musical.

Estamos ya dándole los toques finales, y ya hemos fijado una fecha, junto a la agencia, para lanzarla. Solo será un lanzamiento digital. Sin nada más. Ni presentaciones, ni vídeo, ni agendas especiales.

Escuchamos la canción un par de veces, y mientras lo hacemos, mi teléfono comienza a sonar. En la pantalla aparece el número “mamá de Sarang”. Todas mis alarmas se encienden.

—Hola, señora Erina, ¿pasó algo?

—Leilani despertó y está preguntando por ti.

Me dejo caer en la silla con el teléfono en la mano y comienzo a llorar.

—Hyung, ¿qué pasa?

—Sarang... ella despertó. —Me levanto de forma apresurada—. Debo ir al hospital.

El trayecto hasta el hospital se me hace eterno, y al llegar voy a la unidad de cuidados intensivos, pero ya la han movido a una habitación.

Una de las enfermeras me indica el número.

Corro por los pasillos y llego sin aliento a la puerta que me indicaron.

Trato de recuperar un poco el ritmo de mi respiración antes de abrir la puerta.

Apenas lo hago, escucho su voz. Suena como un susurro.

—Ji Soo.

Ahí está. Ya no tiene todas esas máquinas pegadas a ella, solo un par de monitores. Está despierta, y veo cómo sus ojos se vuelven más cristalinos a medida que me acerco hasta ella.

—Mi amor...

—No voy a permitir que me dejes. Tengo muchos argumentos para eso —dice en voz baja.

Las lágrimas comienzan a brotar sin darme cuenta, y la risa también me invade. Lloro y río a partes iguales.