No quiero pedir perdón CAPÍTULO 42
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CAPÍTULO 42

Una canción para Sarang

Ji Soo

Una semana después del ataque

Sarang sigue en cuidados intensivos. Todavía se mantiene pegada a varias máquinas y su estado sigue siendo delicado. Vengo a diario a pasar tiempo con ella y a contarle lo primero que se me ocurra. También le digo lo mucho que la quiero y que espero que despierte pronto.

Con sus padres, en especial su madre, todo es bastante tenso. Ayer, el padre de Sarang me trajo un café y nos sentamos fuera de la habitación.

—Quiero pedirte disculpas por lo que pasó con mi esposa.

—No tiene que hacerlo.

—Leilani es nuestra única hija, y que todo esto haya pasado nos pone en la posición en que, a pesar de que tratamos de ser positivos, es difícil cuando está tan delicada. Pensar en perderla...

—Eso no va a pasar.

—Ya es difícil para nosotros vivir separados de ella.

Entiendo lo que dice, porque he vivido la mitad de mi vida lejos de mis padres. Conozco el sentimiento.

—Sarang es una mujer fuerte. Va a salir de esto.

—Sarang. —Lo mencionó con calma—. Ella nos explicó que significa amor en coreano.

—Así es.

—Es una bonita forma de llamarla. Me gusta Sarang. Tal vez debo comenzar a llamarla así también. —La voz se le quebró—. Gracias por querer a mi niña.

Me dio un par de palmaditas en la rodilla y se levantó.

Dos semanas después del ataque

—Hola, mi amor. —Tomo su mano, como lo hago a diario cuando me siento a hablar con ella—. Ayer fui a casa de mi hermano a pasar la noche. Mi casa se siente vacía. Sé que tú y yo no vivimos juntos, pero hay tantas cosas tuyas que se siente vacía si no estás.

En el último año, nuestra relación tomó una dirección diferente; ya nos sentimos cómodos y hemos creado una especie de rutina en la cual tratamos de compartir nuestro tiempo libre, pero también tomando en cuenta nuestro espacio personal.

Comparto con ella mi agenda, y en base a eso pasamos tiempo juntos.

Yo voy a su casa o ella a la mía. O salimos a dar largos paseos por la carretera.

Solo subimos al auto y salimos de la ciudad sin rumbo fijo.

Hay ropa, artículos personales y fotografías nuestras, tanto en su casa como en la mía.

Por eso, después de estas dos semanas, se me hace insoportable estar en casa.

Ella está presente en su cepillo de dientes en mi baño.

Su champú en la regadera, sus cremas, sus perfumes al lado de los míos.

Su ropa en mi clóset, y su aroma, aún, sobre la almohada que ahora está en su lado de la cama vacía.

Por eso, anoche ya no podía más con la ansiedad; puse ropa en una bolsa de deporte y me aparecí en la puerta de la casa de mi hermano.

Ji Hoon no se sorprendió; al contrario, era como si estuviera esperando por mí.

Mi sobrina me hizo distraerme mientras me mostraba sus juguetes, y al final la ayudé a ponerse su pijama y me inventé una historia para hacerla dormir.

Ji Hoon y yo nos tomamos una botella de soju en silencio, y cuando entré a la habitación para dormir, no podía hacerlo.

Era de madrugada cuando por fin pude dormir un par de horas.

Tres semanas después del ataque

Tomo su mano e intento no llorar. No puedo creer que han pasado tres semanas y aún Sarang está en cuidados intensivos.

—Hola, mi amor. —Trato de no sonar triste—.

Ayer los miembros me pidieron que nos encontráramos para cenar.

Todos te mandan sus buenos deseos para que pronto te recuperes.

Sabes, monstruito me dijo que yo tenía la mejor arma para dejar salir todo lo que siento en este momento. ¿Sabes cuál es? La música.

La observé durante un largo rato, esperando ver alguna reacción, pero no pasó nada. Me siento desesperado, quiero que despierte y quiero sacarme todo esto del pecho. Cuando salgo de mi visita diaria, regreso a casa y comienzo con una melodía.

Llegaste a mi vida una tarde de otoño

Como la brisa suave te metiste en mi mente

Y sabía que tenía que volver a verte

Porque el amor lleva tu nombre

Cuatro semanas después del ataque

Hoy, por primera vez en un mes, voy a regresar a la oficina de la agencia. Pero primero voy a ver a Sarang.

—Hola, mi amor. Hoy voy al estudio que hay en la agencia para grabar una canción. Ya te he cantado algunas líneas, pero todavía falta pulirla un poco más. Te prometo que serás la primera en escucharla cuando esté lista.

Hyun Jae y yo nos encontramos en el estudio.

Hemos estado intercambiando ideas desde que comencé a escribir.

Y entre ellas me comentó que Sung Hoon podría cantar conmigo.

Su voz encajaría perfecto con las partes que llevan más melodía, mientras yo pondría mi parte con el rap.

Al cual tuve que modificarle algunas partes, porque si no lo hacía no sería apta para que saliera a la luz.

No quiero lucrar con ella, y menos con el dolor de Sarang y el mío. Solo quiero que la gente la escuche y pueda entender lo que siento. Por fin poder sacarme tanta rabia que llevo atorada en el pecho.

R.E.D. (rap):

El odio pudo más que el amor que me profesaban

El reflejo de una hoja atravesando lo que más quiero

Si me pides que te quiera después de hacer esto

No entendiste lo que realmente significa el amor

Sung Hoon:

Será que tendré que esperar por ti hasta el próximo otoño

Eso no importa, te esperaré el tiempo que sea necesario

Vuelve a mí para que sigamos escribiendo esta historia

Tomaré tu mano todo el tiempo que quieras

R.E.D. (rap):

Si no te gustan mis palabras

No me importa que apagues esa luz que mueves en mis conciertos

No tienes derecho a meterte conmigo

No tienes derecho a lastimarla a ella

Sung Hoon:

Será que tendré que esperar por ti hasta el próximo otoño

Eso no importa, te esperaré el tiempo que sea necesario

Vuelve a mí para que sigamos escribiendo esta historia

Tomaré tu mano todo el tiempo que quieras

R.E.D. (rap):

Ahora este verso es para ella

Para decirle que la amo más allá de las estrellas

Suena cursi, sí, pero así soy para ella

Ji Soo o amor, Sarang, solo para ella

Cinco semanas después del ataque

—Hola, mi amor, voy a ponerte mis audífonos para que escuches el demo de la canción. Solo vas a escuchar mi voz, porque todavía no la hemos grabado como será al final. Sung Hoon va a cantar conmigo. Seguro que su voz sonará mucho mejor que la mía en la melodía.

Le coloco los audífonos y pongo el demo que grabé.

Los dos minutos y medio parecen eternos, y en el fondo deseo con todas mis fuerzas que ella abra los ojos.

El doctor ha dicho que ya su estado es mucho mejor, pero hay que esperar a que despierte.

Mientras la canción sigue, trato de ver si hay alguna reacción. Nada. No hay nada.

Hoy es domingo, y antes de ir a comer a casa de mi hermano voy al hospital.

Al principio, cuando llegaba a la sala de cuidados intensivos, era motivo de miradas entre el personal médico, pero ya a estas alturas solo soy un hombre que va a diario a hacer una visita.

Fuera de la habitación de Sarang veo a sus padres, y al llegar frente a ellos hago una profunda inclinación.

Lo hago siempre que me cruzo con ellos. Paso entonces a lavarme las manos y colocarme la bata y la mascarilla antes de entrar.

Estas cinco semanas han sido agotadoras, y ya están comenzando a pasarme factura.

Pero tengo que resistir por ella. Ayer fui a casa de Tae Yang, y lo primero que me hizo notar es lo mal que luzco.

Tal vez por eso también las enfermeras del hospital ya no me miran.

La imagen pulida que luzco frente a todos ha desaparecido.

—Qué mal te ves.

—Gracias por tu sinceridad.

—Siempre he sido así. Te ves cansado, y no sé si cabe decir que estás más delgado.

—Tengo casi un mes y medio sin comer ni dormir bien. Estoy por pensar que el cansancio por las giras y el trabajo no se compara para nada con esto.

—Debería darte de comer más que poner una botella de soju frente a nosotros.

—Igual no pasaré de una botella. Mañana debo ir al hospital a verla.

Al entrar a la habitación, trato de hacerlo con las mejores energías, pero no puedo.

El ambiente gris del lugar, el verla ahí en la cama inmóvil, me pega cada vez más fuerte.

Anoche no pude dormir pensando en qué es lo mejor para ambos.

Después de hablar con Tae Yang, me enteré de que aún no han encontrado al hombre que la agredió.

—La policía todavía no ha dado con él. No les daré más tiempo, ahora vamos a intervenir nosotros.

Tae Yang está determinado a hacerlo.

Me acerco a la cama y ocupo la silla que hay a su lado. Tomo su mano y respiro profundo antes de comenzar a hablar.

—Hola, Leilani. En estos días recuerdo mucho la primera vez que nos vimos.

¿Te acuerdas? Ese día yo no podía dejar de mirarte.

La mesa en la que estabas sentada, al lado de la ventana, hacía que se creara un marco, como si fuera una fotografía.

Estabas tú ahí, con tus audífonos, tecleando con rapidez en tu computadora, pero al fondo los árboles con sus hojas doradas parecía que te hacían compañía.

Todo se armonizaba de forma perfecta. Te conté cómo llevé a mi hermano hasta ahí para lograr saber de ti.

Tenía que encontrarte. Muy loco, ¿cierto?

En esta ciudad tan grande, y al final resultó que estabas más cerca de lo que pensaba.

Me quedo callado durante unos minutos, tratando de poner mis pensamientos en orden antes de seguir.