CAPÍTULO 41 #3
No me pude resistir, y tuve que acercarme para verla ahí tirada en medio de la acera, en un charco de sangre. La gente se había acumulado a su alrededor, mientras un hombre intentaba detener la sangre que salía de su cuerpo y una de las baristas del local llamaba a una ambulancia.
Por un momento sentí como si ella me estuviera mirando directo a los ojos, pero seguro son ideas mías. Había tanta gente que es imposible, y más aún cuando se estaba desangrando ahí, tirada en frente de todos.
Tal vez fui muy lejos, pero era la única forma para que se aleje de Ji Soo.
Espero que, si sobrevive, sepa que es mejor que se aleje.
Al llegar a Seúl, Tae Yang me recoge en el aeropuerto. Me duele la cabeza, no he dormido ni comido nada desde ayer. Tengo los ojos y la cara hinchados.
No soy religioso, pero le he pedido al universo que le permita a Sarang recuperarse.
—¿Dónde la tienen?
—En el centro médico Asan.
—Mmm.
Nos quedamos en silencio un rato, pero tengo una pregunta atorada y no sé cómo hacerla.
—Ella, ¿está bien?
Mantengo mi vista fija en la calle.
—Está viva. Eso es lo importante. Está luchando por su vida.
Pensaba que ya no podría llorar más, pero al escuchar a Tae Yang decir que está luchando por su vida, hace que vuelvan a brotar.
—¿Qué pasó, Tae Yang? —pregunto con la voz entrecortada—. Se supone que la estaban cuidando. ¿Cómo pasó esto?
—Uno de mis hombres estaba con ella...
—¡¿Y entonces cómo pasó eso?! —grito, y le doy golpes al tablero frontal del auto con el puño.
—No voy a pedirte que te calmes, porque sé que no lo vas a hacer.
Escúchame. Por el reporte de mi agente, estuvieron durante cuatro horas en la cafetería, y cuando Sarang le avisó que ya se retiraban, él salió a buscar el auto, pero le dijo que se mantuviera dentro hasta que él estuviera de regreso, para salir con ella.
—¿La atacaron dentro del local? ¿En un local lleno de gente?
—No, la atacaron en la calle. Por lo que vimos en los vídeos de la cafetería, recibió una llamada y salió del lugar. Y en ese momento un individuo se le acercó y la apuñaló dos veces.
Me paso las manos por la cara varias veces.
—¿Lo atraparon?
—Aún no, pero la policía se está moviendo bastante rápido. Y si ellos no lo hacen, lo haré yo mismo.
El resto del camino nos mantenemos en silencio. A pocos metros de llegar a la entrada del hospital, vemos periodistas en la puerta, por lo que seguimos sin detenernos, y me deja en una puerta más lejana. Me cubro el rostro con una mascarilla y una gorra.
Al entrar, sigo las indicaciones que me dio Tae Yang. Tardo unos minutos en llegar hasta el piso donde está la sala de cuidados intensivos y dar con la habitación. En el pasillo veo a los padres de Sarang en el teléfono, y al acercarme escucho parte de lo que dicen.
—El doctor dice que tendremos que esperar para poder trasladarla de regreso a casa...
Me detengo a una distancia prudente, y cuando ambos se percatan de mi presencia, me quito la gorra y la mascarilla.
—Señores Smith. —Hago una profunda inclinación.
Cuando me enderezo, veo cómo la madre de Sarang se acerca con paso firme, y al estar frente a mí comienza a golpearme en el pecho con fuerza.
—¡Por tu culpa, por tu culpa mi hija está ahí postrada! ¿Por qué tenías que acercarte a ella?
—¡Erina, basta! Él no tiene la culpa de lo que pasó. —El padre de Sarang la aparta de mí.
—Sí la tiene, Jack. Por su culpa, por salir a decir que tiene una relación con nuestra hija, es que Leilani está así.
El padre de Sarang la abraza y ella comienza a llorar entre sus brazos. Yo me arrodillo y me inclino hacia adelante. Coloco mis manos en el piso y bajo hasta que mi frente toca mis manos. Escucho que una puerta se abre y escucho la voz de Claire.
—¿Por qué hay tanto ruido aquí afuera? ¿Ji Soo?
Escucho sus pasos y luego sus manos apoyadas en mis brazos para ayudar a levantarme.
—Ji Soo, levántate, por favor.
—Erina, vamos a tomar un poco de aire fresco.
—No, Jack.
—Erina, por favor, no es el momento.
El padre de Sarang luce apenado, pero también puedo entender la actitud de su esposa. Ella tiene razón: si Sarang y yo no estuviéramos juntos, nada de esto hubiera pasado.
—Vamos, te llevaré a prepararte para que entres. Sé que a ella le va a hacer bien escucharte.
Debo lavarme las manos y ponerme una bata y mascarilla antes de entrar a verla. Al hacerlo, me detengo a los pocos pasos. Sarang está conectada a tantos cables, acostada sobre esa cama.
—¿Cómo está? —No sé cómo logro que las palabras salgan de mi boca.
—Su estado es delicado. Traumatismo abdominal es lo que dijeron los médicos. La tuvieron que operar y aún no ha despertado.
Me acerco muy despacio hasta llegar a un lado de la cama. Es tan difícil verla así. Tomo su mano fría y la acaricio con calma.
—Puedes hablarle. El doctor nos dijo que ella puede escucharnos. Los dejaré unos minutos a solas. Estaré afuera, por si sus padres regresan.
—Gracias, Claire.
Cuando nos quedamos solos, no puedo evitar llorar otra vez. Por más que intento no hacerlo, no puedo evitarlo.
—Mi amor, hola, estoy aquí. Yo... debí estar contigo para cuidarte y no lo hice. Tienes que mejorarte. Para que regreses a casa y puedas seguir contándome sobre lo que escribes.