No quiero pedir perdón CAPÍTULO 41 #2
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CAPÍTULO 41 #2

Han sido días difíciles para ambos, y es triste tener que pensar que para mí es tan común.

Por eso mi vida privada es tan hermética, porque no quiero que lastimen a las personas que quiero.

Tenerla aquí entre mis brazos me hace querer protegerla.

Pero nuevamente pasa por mi mente la idea de que tal vez tomar cada uno su camino es lo mejor.

Esa sería la solución a todo esto. Los “fans” dejarían de protestar y quejarse, los *haters* buscarían otros objetivos y las *sasaeng* dejarían de acosarla.

Me molesta verla tan triste y cansada. Me gusta verla sonreír, hablando de lo mucho que le gusta escribir historias de amor, o contándome sobre el lugar donde le gusta ir a escribir en otoño. Sí, aquella cafetería donde la vi por primera vez.

Solo quiero que ella esté bien. Solo quiero amarla con libertad.

—Voy a salir tarde por tu culpa.

Sarang sonríe, sentada con las piernas cruzadas sobre la cama.

—No me causa gracia.

—¿No te gustó? —dice mientras me mira de forma pícara y bate las pestañas.

Me detengo en seco mientras busco mi reloj.

Me desperté hace más de tres horas, y cuando lo hice, como en otras ocasiones, estaba solo en mi cama.

Pero Sarang no demoró en salir del cuarto de baño, llevando una camiseta mía que le cubría solo hasta la mitad de los muslos.

Puse mis brazos debajo de mi cabeza y la vi moverse con calma por la habitación.

—Buenos días —dijo en tono inocente.

—Buenos días. ¿Dormiste bien?

—Perfectamente. Unos brazos cálidos me hicieron sentir muy bien toda la noche.

—Me alegro.

—¿A qué hora tienes que ir al aeropuerto?

Miré el reloj sobre la mesita a mi lado.

—Dentro de tres horas.

Comenzó a hacer un gesto como si contara con los dedos.

—Estarás fuera una semana. Me vas a deber unos cuantos besos y abrazos.

—¡Oh! Creo que puedo hacer algo en estas horas.

Me encantó verla así, juguetona conmigo. El mundo exterior, los problemas, las noticias, las protestas, todo eso no existía en ese momento.

Y así me levanté de un salto de la cama para atraparla entre mis brazos. Besar sus labios y hacerle el amor antes de que nos tuviéramos que separar por una semana.

—Claro que me gustó. Porque me gustas tú.

Me acerco a ella y me pongo en cuclillas frente a la cama.

—Cuando regrese, te prometo que pasaremos más tiempo juntos.

Ella coloca sus manos a cada lado de mis mejillas.

—No importa si es mucho o poco, pero que sea contigo.

Me acerco para darle un beso suave en los labios, y cuando estamos a punto de que se vaya a descontrolar todo de nuevo, me alejo con suavidad. Mi mánager está por llegar, y si no me alejo de ella voy a perder ese vuelo.

Termino de arreglarme. Una gorra y una mascarilla serán parte del *look* de hoy, porque ya no me da tiempo de ponerme nada. Además, tampoco es que tenga muchas ganas de hacerlo.

Sé que el aeropuerto estará lleno de periodistas y fans. Es la primera vez que apareceré en público desde que salió a la luz la noticia de mi relación con Sarang.

Escucho el timbre, ya han llegado por mí.

—Te quiero mucho, mi amor. Nos vemos en una semana.

Le doy un sonoro beso en los labios y me despido de ella.

**Nueva York, unos días después**

Mis padres y mi hermana vinieron desde Boston para poder cenar conmigo.

Me gustaría que vivieran más cerca para poder verlos más a menudo.

Pero mi hermana aún está en la universidad y mis padres han hecho su vida aquí.

Ji Woo se pasó largo rato preguntándome sobre Sarang.

Se sentía realmente ofendida de que no le hubiera contado sobre ella, y también de que Ji Hoon y los abuelos la hubieran conocido.

Mis padres, por otro lado, se mostraron preocupados por todo lo que está pasando, y traté de tranquilizarlos.

Al regresar al hotel, me doy un baño y me cambio de ropa antes de llamar a Sarang. Cuando me contesta la videollamada, la veo vestida y lista para salir.

—¿Vas a salir?

—Voy a la cafetería a escribir un rato.

—¿Sola?

—Mis padres salieron a dar una vuelta. Creo que están un poco abrumados. Y no, no iré sola. Uno de los guardaespaldas de Tae Yang me va a acompañar.

—Me quedo más tranquilo entonces. ¿Cómo estuvo la cena con tu familia?

—Mi hermana no paró de hablar. —Ella sonríe—. Nunca me va a perdonar que se enteró de que tengo novia gracias a las redes sociales.

—Espero conocerla pronto.

—Estoy casi segura de que en cualquier momento se aparecerá en tu puerta. Solo viajará para ir a conocerte.

Ambos reímos ahora. Hablamos por unos minutos más y la dejo que siga con su día. Como no tengo sueño aún, decido ir a la habitación de otro de los miembros. Tal vez tomarnos algo y pasar el rato. Me siento tranquilo de que Sarang esté poco a poco volviendo a su normalidad.

Unas horas después

Me remuevo en la cama. Todavía tengo el sabor a alcohol en la boca. La cabeza me martillea cuando me muevo. Están tocando la puerta demasiado fuerte. No pasa mucho tiempo cuando escucho voces dentro de la habitación y las luces se encienden de improviso.

—¡Yah!

Uf. Me agarro la cabeza mientras busco cubrirme el rostro con la sábana.

—Ji Soo.

En medio de la niebla de mi cabeza escucho que me llaman. El peso de alguien sentándose a mi lado en la cama hace que me quite la sábana de la cabeza. Entrecierro los ojos, me molesta la luz de la habitación. Veo a dos de los mánagers y a Se Rim, que está sentado en la cama a mi lado.

—¿Qué pasa?

Los tres se miran, y es Se Rim quien habla primero.

—Ji Soo, vamos, necesitamos hablar. Pero para hacerlo, tienes que salir de la cama y sentarte.

Los tres lucen muy serios. Espero que no me digan que alguna sasaeng se coló en el hotel. Me levanto y me dan una botella de agua mientras nos sentamos todos en la salita de la habitación.

—Ji Soo.

—¿Me pueden decir lo que está pasando? Son las tres de la mañana y tengo sueño.

Se Rim me mira y luego baja la cabeza y se pasa las manos por los ojos.

—Ji Soo —dice uno de los mánagers—, recibimos una llamada de Seúl.

Todos se vuelven a mirar.

—¡Por Dios, en serio, ¿pueden decirme qué está pasando?!

—Llamaron para avisar que atacaron a tu novia.

—¡¿Qué?! —Me levanto de la silla volcando la botella de agua.

—Ji Soo, por favor, intenta calmarte. —Se Rim interviene, pero su rostro me dice que las cosas no están bien.

—¿Cómo que la atacaron? ¿Le robaron? ¿Está bien?

Todos vuelven a mirarse, y eso me hace perder el control.

—Maldita sea, díganme qué le pasó a Sarang.

—Un hombre se le acercó en la calle y la apuñaló dos veces. Está internada y su estado es crítico.

—No. —Señalo al mánager de forma amenazante—. Hyung, dime que no es cierto lo que acabas de decir.

—Ji Soo, cálmate. —Se Rim se para frente a mí—. Vamos, Ji Soo.

—¡No, díganme que es una broma de mal gusto! ¡Díganlo, maldita sea! —grito.

—Lo siento, hermano, pero es verdad.

—¡Yah, Kim Se Rim! Dime que no es cierto. Dímelo.

Mi mente se nubla y me muevo con rapidez en un intento de llegar a la puerta. Uno de los mánagers me sostiene.

—¿Adónde vas?

—Voy con ella. —No reconozco mi propia voz—. Suéltame, debo ir con ella. Déjame ir.

Intento soltarme, pero en el forcejeo terminamos en el suelo.

—No, Ji Soo.

—Al demonio todo esto. Debo ir con ella.

Su agarre se hace más fuerte mientras intento quitármelo de encima. Entonces Se Rim se sienta en el suelo a mi lado y me toma en sus brazos. Mientras los ojos se me nublan, intento soltarme de su agarre. Las lágrimas comienzan a brotar.

—Debo ir con ella, Se Rim, déjame ir con ella. Todo esto es mi culpa. Todo esto es mi culpa.

—No es tu culpa, Ji Soo.

—Sí, lo es. Debí dejarla ir. Debí dejarla ser feliz, pero fui un maldito egoísta, y ahora, por mi culpa, está así.

—No es tu culpa, no lo es. —Su abrazo se hace más fuerte.

—Por favor, déjame ir con ella. Necesito verla. Necesito saber que está bien. Por favor, se los suplico, déjenme ir con ella.

Mi paso por el aeropuerto de Nueva York y el de Seúl estuvo marcado por una seguridad férrea.

No he dormido desde que recibí la noticia, no he tenido cabeza para nada.

Las horas se me hicieron eternas mientras esperaba para viajar.

Logré hablar con Ji Hoon antes de volar, para pedirle que fuera hasta el hospital para saber cómo está Sarang, aunque no me fuera a enterar de nada hasta llegar a Seúl.

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