CAPÍTULO 40 #3
No, no lo es. Las manos me tiemblan y me alejo de la puerta.
Escucho cómo intentan abrir. Corro a mi habitación y le pongo el pestillo a la puerta.
Me coloco en la esquina más alejada. Recuerdo entonces que he dejado el teléfono en mi oficina.
Ni siquiera se me ocurrió buscarlo. No tengo teléfono fijo en casa.
El único que hay es el interno del edificio.
Ha transcurrido tal vez una hora cuando considero que ya ha pasado suficiente tiempo y nadie ha entrado.
Con cuidado me acerco a la puerta, y antes de abrir me pego a ella para tratar de percibir algún ruido fuera.
Abro la puerta con cuidado y todo está tranquilo.
Cruzo a mi oficina para buscar mi teléfono.
Voy a llamar a Ji Soo. Estoy en el pasillo cuando escucho el sonido de la puerta y me paralizo.
—¿Por qué están todas las luces encendidas?
Es su voz.
—¿Ji Soo?
—¿Sarang? ¿Qué haces despierta?
Corro por el pasillo y me lanzo a sus brazos cuando lo encuentro.
—Sarang, ¿qué pasa? Mi amor, estás temblando.
—Un hombre intentó entrar diciendo que eras tú —digo contra su cuello, y su cuerpo se contrae.
—Todo está bien. Ya estoy aquí.
Me da palmaditas suaves en la espalda.
No he vuelto a tomar pastillas para dormir; quiero mantenerme consciente de todo lo que está pasando a mi alrededor.
Desde el día uno, cuando publicaron la foto de los dos, Ji Soo se ha mantenido más preocupado por mí que por él.
Veo en las redes sociales cómo a diario hay camiones de protesta fuera de las oficinas de la agencia, con mensajes pidiendo que lo saquen del grupo.
Él me ha explicado que, de la misma manera que tienen fanáticas que apoyan al grupo, están también las sasaeng, quienes se escudan en llamarse fans, pero buscan cualquier forma de invadir su privacidad.
Pero también existen los haters, que son quienes se dedican a hacer campañas de odio hacia los artistas.
Todos me han pedido que no vea las redes sociales, pero no puedo evitarlo. Sé que no me hace bien, pero no puedo estar desconectada de la realidad.
Mis padres llegan hoy, y sé que están preocupados. No sé cómo voy a explicarles todo lo que está pasando.
Aunque quería ir al aeropuerto para recibirlos, lo mejor era quedarme en casa. Por eso, cuando llegaron, me sentí tan feliz de poder verlos. Fui a Australia hace unos meses, pero solo por unos días, para poder ir con Claire a un concierto de BEATS.
Después de dejar sus maletas y refrescarse, todos nos sentamos en la sala. Mamá se sienta a mi lado y me toma de las manos. Mientras papá lo hace en uno de los sillones frente a mí.
—Leilani, te ves cansada. —Mamá frota sus manos contra las mías con suavidad.
—He estado trabajando. Estoy terminando mi siguiente novela, y también tengo trabajo atrasado en la universidad.
—Hija, no tienes que mostrarte fuerte con nosotros. —Papá me mira de una manera que siento que voy a llorar. Entiendo cómo se sienten—. Estamos aquí para apoyarte.
—Leilani. —Mamá mira a papá antes de continuar, y este asiente—. Queremos pedirte que regreses a casa.
—¿Qué? No, mamá.
—Hija, escúchanos. Estamos preocupados por ti y no queremos que pases por esto sola.
—No estoy sola.
—Estoy segura de que Ji Soo es un buen hombre, pero no puede estar aquí contigo todo el tiempo. Tampoco puedes estar encerrada en casa para siempre.
Suelto sus manos e intento poner un poco de distancia.
—Los entiendo. Esto para mí está siendo difícil, pero no quiero huir nuevamente. Ya lo hice una vez y no pienso volver a hacerlo.
—Hija, cuando pasó lo del chico que te agredió, pudimos actuar porque conocimos su identidad y tomamos acciones, pero en esta ocasión puede ser cualquier persona.
Hemos visto los comentarios. Las noticias, todo el mundo está hablando de ello.
En casa también nos han llamado para pedirnos entrevistas.
Le estamos muy agradecidos a Emily, que nos ha ayudado.
—Hija, no podemos cuidarte si estamos a kilómetros de distancia. —Mamá suaviza sus palabras—. Nunca estuve de acuerdo con esto.
—¿A qué te refieres?
—Erina. —Papá dice su nombre con cierto tono de advertencia.
—Jack, Leilani no es una niña, es una mujer adulta, y sé que puede tomar sus propias decisiones, pero nunca dejaremos de ser sus padres.
Decir la verdad puede ser duro. —Se levanta del sofá y se aleja unos pasos—.
Nunca estuve de acuerdo en que te mudaras, no estoy de acuerdo con que tengas una relación con ese hombre, y tampoco estoy de acuerdo en que te quedes aquí exponiéndote a todo esto. Ahí está, ya lo dije.
—Ese hombre se llama Ji Soo. Hace un momento mencionaste su nombre.
—Comienzo a alzar la voz—. Soy una mujer adulta, y como dices, puedo tomar mis propias decisiones, y en esta ocasión decido no huir.
Quedarme aquí y no darle el poder a nadie de decidir sobre lo que siento y lo que pienso.
Ji Soo y yo tenemos una relación, y te guste o no, vamos a continuar siendo una pareja.
—Leilani, cálmate, por favor.
—No, papá. Dime, ¿tú también piensas como mamá?
—Comparto con ella algunos pensamientos, en especial en lo que se refiere a tu seguridad.