CAPÍTULO 37 #2
—No ha sido fácil. Han sido muchos años, pero en un momento aprendí que debía cuidar de mí y de mi mente más que nada. Eso fue gracias a mi hermano Ji Hoon, quien me hizo buscar ayuda. Estuve viendo a un terapeuta por alrededor de dos años. Y cuando lo necesito, hay uno al que acudo.
—Yo también he pasado por terapia. ¿Por qué estamos perdiendo tiempo valioso hablando sobre esto? No quiero restarle importancia, pero tampoco quiero darle más de lo que se merecen.
—Porque no solo quiero estar contigo en los momentos buenos, también quiero estar para ti cuando no estés bien.
—Yo quisiera partirle la cara al que se atrevió a tocarte.
Ella sonrió.
—Siento que, si lo volviera a ver, sería capaz de hacerlo yo misma.
—Lo haremos juntos.
Esa noche nos quedamos hablando hasta muy tarde. La botella de vino se terminó y nos fuimos a la cama, y seguimos hablando. Compartimos mucho de nosotros, y cuando el sueño hizo su aparición, solo nos abrazamos y nos quedamos dormidos.
Ji Hoon me envió un mensaje para avisar que ya había llegado.
Me encontré con Tae Yang en la puerta del local.
Mi hermano pidió un reservado para los tres.
Tae Yang tomó de inmediato ventaja del hecho de que no tendría que pagar la cuenta, y pidió todo lo que se le antojó de la carta.
Mi hermano se encargó de pedir las cervezas y las botellas de soju. Tomé la mejor decisión al ir en taxi.
A mi hermano y a mí nos gusta hablar de videojuegos; nunca está de más hacer las comparativas de las jugadas de Faker durante uno de los campeonatos.
Tae Yang se burla de nosotros. A él le gustan más los deportes de contacto, como las artes marciales mixtas.
Hemos ido juntos a ver algunos combates fuera de Corea cuando viajamos por trabajo, y logramos escaparnos un rato en medio de las agendas.
La conversación va de los deportes a los autos, nuevamente a los deportes. Hablamos de lo buena que está la comida, y de que es uno de los restaurantes favoritos de mi hermano. Tae Yang me cuenta que uno de nuestros excompañeros de secundaria le envió la invitación para su boda.
—Hyung, debemos ir.
—No pienso hacerlo. —Me señala con un dedo acusador—. Solo a ti se te ocurren esas ideas. ¿No recuerdas lo mal que la pasamos por su culpa?
El que envió la invitación formaba parte de aquel grupito que no dejaba de molestarme, y al cual Tae Yang golpeó, en su mayoría.
—¿Por qué te invitó entonces, si no son amigos? —Es válida la pregunta de Ji Hoon.
—Porque puedo darle un buen regalo de bodas.
—Por eso debemos ir. Imagínate que llegue a la fiesta y robe toda la atención de los novios.
—El alcohol te está fundiendo el cerebro. No vamos a ir, no es justo para la novia.
Tae Yang tiene razón, la novia no tiene la culpa. Y seguro la noticia correría por las redes sociales de que fui a una boda sin ser invitado.
—Solo iré a tu boda. —Le doy unas palmaditas en la espalda, y él hace un movimiento para que deje de hacerlo.
—Tendrás que esperar unos veinte años más, o tal vez nunca pase.
—No has conocido a la mujer que te haga desear pasar el resto de tu vida con ella. —Ji Hoon lo dice con toda la potestad.
Tae Yang se queda un largo rato callado luego del comentario de mi hermano.
—Espera un momento. ¿Te gusta alguien?
—¿Qué? No.
Me está mintiendo. Muchos años de conocernos, pero decido no tocar el tema.
—Me imagino que estarás planeando algo especial para el cumpleaños de Sarang.
¿Está tratando de dirigir la conversación hacia mí?
Durante el viaje a Jeju le pregunté cuándo cumple años. Falta un poco más de un mes, y por el momento mi agenda no tiene nada ese día, pero puede cambiar en cualquier momento. Y eso me tiene un poco ansioso; quiero poder pasar ese día con ella y hacerlo especial.
Terminamos de comer y entrego mi tarjeta para pagar por todo lo que consumimos. Mi hermano ha pedido un conductor para llevarlo a casa. Esperamos hasta que se vaya, ya que Tae Yang y yo vamos hacia Gangnam.
—¿Nos tomamos unos tragos en mi casa?
Lo conozco tan bien, y sé que cuando hay invitaciones como esta es porque necesita hablar. Un chofer pasa por nosotros, y mientras vamos rumbo a su casa nos mantenemos en silencio.
Aprovecho para escribirle a Sarang.
Ji Soo:
¿Ya estás en casa?
Leilani:
Sí, ya hace un rato.
Tú, ¿estás en casa?
Ji Soo:
Salí a comer con mi hermano y Tae Yang.
Vamos rumbo a Gangnam, pero voy a casa de Tae Yang.
Leilani:
Ok. Voy a dormir.
¿Hablamos mañana?
Ji Soo:
Descansa. Te llamo mañana.
Al llegar a su apartamento, me percato de que ha pasado mucho tiempo desde la última vez que estuve aquí.
Este fue mi refugio antes de que dejara el dormitorio y comprara mi casa.
Hubo un periodo en el que el alcohol fue la mejor anestesia para mí, cuando sentía que quería acabar con todo.
Y Tae Yang también estuvo ahí. Una vez me dijo que sentía temor de que fuera a tomar una mala decisión.
Eso nunca me pasó por la cabeza, pero sí abandonar todo.
—¿Compraste muebles nuevos?
—Es obra de Hyun Jin.
—Discutes demasiado con ella, pero al final hace contigo lo que quiere.
—Es mi hermana, discutir es parte del paquete. Y no siempre la dejo hacer lo que quiere.
Deja sobre la mesa de la sala una botella de whisky, y sé que no voy a regresar a casa hoy. Me siento en el suelo de la amplia estancia. Me sirve, en un vaso, dos dedos del líquido, y de un solo trago lo acabamos. El alcohol me quema la garganta. Nos quedamos en silencio durante un rato.
—¿Tu padre está bien?
—Sí.
Remueve el vaso vacío frente a él. Con el tiempo he aprendido a ser paciente con él.
—Hablé con papá hace unos días. Me voy a tomar un tiempo libre fuera de la oficina.
—¿Unas semanas?
—Por ahora serán tres meses, y luego ya veremos. Estoy agotado.
—¿Pasó algo en la empresa?
—¿Qué si pasó algo en la empresa? —Se ríe cuando lo dice, pero sin muchas ganas—. Pasó que mi padre contrató a un nuevo jefe para el departamento de ciberseguridad, y resulta que no me agrada.
En este momento soy yo el que ríe.
—¿Muchos egos juntos? ¿O es más guapo que tú y ya no escuchas suspiros cuando entras a tu oficina?
La manera en que se gira hacia mí y me mira hace que mi sonrisa desaparezca. Tae Yang puede ser realmente intimidante, inclusive para mí, que lo conozco hace mucho tiempo.
—Es una mujer.
—¡Oh! ¿No ha caído rendida ante tus encantos?
—Suenas como si estuviera detrás de todas las faldas de la oficina. Sabes que no es así.
—En eso tienes razón. Disculpa. Pero no entiendo por qué te desagrada. Si me contestas que es porque es mujer, me iré.
—No seas imbécil, Ahn Ji Soo. Claro que no es por el hecho de que sea mujer.
—Hyung, no te entiendo.
Se sirve un poco de whisky y de un solo trago se lo toma. Deja el vaso sobre la mesa y se pasa las manos por el rostro antes de volver a mirarme.
—Me acosté con ella en Busan.
Soy yo ahora el que toma la botella de licor. Lleno su vaso y el mío, y sin decir nada más, tomamos a la vez.