No quiero pedir perdón CAPÍTULO 37
87%

CAPÍTULO 37

Personal

Ji Soo

Acabamos de aterrizar en Seúl. Al salir del avión, me encuentro con personal de nuestra seguridad esperando por mí.

Se supone que no debe haber ni periodistas ni fans afuera, porque este es un viaje personal.

No es parte de una agenda de trabajo. Llevo el rostro cubierto con una gorra y una mascarilla, y por más que quiera mirar hacia atrás y asegurarme de que Sarang está bien, no puedo hacerlo.

Nos saludamos con una inclinación de cabeza.

—Afuera hay una gran cantidad de periodistas, y también se ha reunido gente alrededor.

Respiro hondo. No gano nada con enojarme. Saco mi teléfono para enviarle un mensaje a Sarang, y justo me llega uno de Tae Yang.

Park Tae Yang:

Sacaremos a Sarang de forma segura y la llevaremos a casa.

En ese momento me atrevo a mirar en su dirección y veo que una mujer se acerca a ella. Por un momento me inquieto.

—Vamos, Ji Soo. —Me señala hacia dónde dirigirme—. No te preocupes, ella es de la agencia.

Estoy listo para salir, y por mucho que quisiera decirles a los periodistas que es tan molesto que se metan en mi tiempo personal, tengo que aguantarme. Quería regresar de forma tranquila y silenciosa al país, y no está pasando.

Escucho los flashes de las cámaras y algunos gritos ahogados. Levanto la cabeza, y ahí están, una horda de periodistas. Más personal de seguridad se acerca a nosotros para ayudarnos a pasar.

—Ji Soo, bienvenido a casa.

—Gracias.

El espacio se reduce mientras nos dirigimos hacia la salida. Hay algunos fans también que intentan acercarse y tomar fotos o vídeos con sus teléfonos. Escucho que me preguntan por mis vacaciones, pero me mantengo en silencio siguiendo a los de seguridad.

—Ji Soo, ¿dónde estabas? ¿Fuiste a Estados Unidos? —pregunta una chica de forma insistente.

—¿Estabas en la playa?

—¿Con quién estabas?

Por fin logramos salir, y voy de inmediato hacia la camioneta. La puerta se abre y entro lo más rápido posible. La puerta se cierra, el ruido y las preguntas se detienen. Busco mi teléfono para escribirle a Sarang, pero ella se me ha adelantado.

Leilani:

Voy camino a casa.

Ji Soo:

Yo también.

Estoy cansado del viaje y solo quiero llegar a casa para poder dormir. Me gustaría que Sarang estuviera conmigo, pero regresar también significa volver a ser cuidadosos con nuestros pasos.

RED_Princess:

Quería quedarme en casa, pero no pude. Tenía que ir al aeropuerto para poder verlo. Había tanta gente esperando por él que sabía que no podría acercarme. Había también personal de seguridad esperando. Era una locura, pero tenía que intentarlo.

Me acerqué lo más posible a donde se encontraba el personal de seguridad del grupo. Llevaba tantos años siguiendo sus pasos que ya me daba cuenta hasta si había personal nuevo. Traté de mantenerme lo más calmada que pudiera. No quería llamar su atención.

Y entonces sucedió algo un poco extraño. Una chica salió con una gorra y el rostro cubierto, acompañada por otra mujer, y uno de los de seguridad se acercó a ellas, las saludó, tomó su maleta y le señaló hacia dónde dirigirse.

Me pareció extraño. Lo poco que pude ver de ella no parecía ser una local.

Tampoco era una celebridad, porque nadie le prestó atención cuando salió.

Me moví un poco y tomé algunas fotos, aunque no se le veía el rostro.

Me distraje unos minutos, y entonces escuché los gritos.

Me apresuré a volver a donde estaba, y fue cuando lo vi. Era él, era Ji Soo.

Estoy recostado en el sillón de mi sala revisando mi agenda para ver los espacios que tengo libre para poder ver a Sarang. Hoy pensaba ir a verla, pero tiene una cena con sus compañeros de la universidad. Por lo que aprovecharé e iré a comer con mi hermano.

Mi teléfono comienza a sonar. Park Tae Yang.

—Yah, Park Tae Yang.

Escucho una cantidad de insultos que me hacen reír a carcajadas.

—No estoy de humor.

—No es nada raro viniendo de ti. Hyung, no había tenido la oportunidad de darte las gracias por lo que hiciste por Sarang hace unos días en el aeropuerto.

—Puedes pagar una cena y estaremos a mano.

—Ji Hoon y yo vamos a comer y a tomarnos algo esta noche.

—Envíame la dirección y ahí estaré.

Mi hermano eligió el lugar, por lo que le envío la dirección a Tae Yang.

Desde que regresé de mis vacaciones, mi agenda ha estado llena de compromisos y también de grabaciones.

A la par de estar preparando el siguiente álbum del grupo, estoy trabajando en un mini álbum como solista.

El último que saqué fue justo antes de ingresar al servicio militar.

Y esto último me recuerda que, dentro de más o menos un mes, Hyun Sik ingresará a su servicio militar.

La fecha la tengo marcada en mi agenda. Todos pedimos que ese día nuestros compromisos inicien después de acompañarlo al centro de entrenamiento en el cual va a estar.

Observo por los ventanales el día soleado que hay, y eso me transporta a la villa en Bali donde Sarang y yo pasamos los mejores días de mi vida.

Todo es mejor cuando estoy con ella. Me olvido de las agendas y los compromisos.

De los periodistas y de las fans. Soy solo Ahn Ji Soo, un hombre de treinta años con muchos defectos, pero que cada día trata de ser mejor. No perfecto, solo mejor.

Sarang está conociendo a ese hombre, no al famoso. No al cantante, no a la estrella. Sino al que extraña a sus padres y a su hermana por la distancia. Al que hace espacio para ir a jugar con su sobrina. El que le canta canciones de trot a su abuela.

Nuestros días en Bali estuvieron llenos de risas, besos, cercanía, noches haciendo el amor.

Pero también hubo conversaciones largas y profundas.

Una que otra lágrima, y un sentimiento de paz al poder mostrarle lo vulnerable que puedo llegar a ser con situaciones que las personas piensan que son normales.

Me di el permiso de abrirme a ella con todo lo que soy. Una noche en particular, a la mitad de nuestro viaje, fue una de las más duras, pero a la vez liberadora.

Decidimos que solo usaríamos el servicio del chef privado de la villa cuando deseáramos algo especial, y que no sería una norma para todos los días.

Le pedimos al mayordomo de la villa que nos comprara alimentos para poder preparar nosotros mismos lo que queríamos comer.

Pero aquella noche el chef preparó una cena romántica para los dos, y al terminar nos llevamos una botella de vino y unas copas, y nos sentamos en la piscina.

La piel de Sarang había adquirido un color dorado que me traía loco. Mi piel se veía más oscura, pero no tenía el brillo que la de ella ofrecía. Se había puesto un vestido largo de tela liviana y tirantes muy delgados. No llevaba una gota de maquillaje, pero eso no importaba, se veía hermosa.

Nos servimos vino, y durante un largo rato nos quedamos en silencio observando el cielo y escuchando los ruidos de la naturaleza alrededor de la casa.

Ella estaba recostada en la silla al lado mío. Se había quitado las sandalias.

—¿Alguna vez pensaste que llegarías a ser tan famoso?

Su pregunta me llamó la atención. Me tomé un par de minutos para pensar en la respuesta.

—No, inclusive en un momento pensé en abandonarlo todo y regresar a Estados Unidos.

—Creo que no había dimensionado tu fama hasta que tuve que firmar el acuerdo de confidencialidad.

—Es una práctica que tienen todas las agencias. No es solo por ser famoso. Todas deben proteger su inversión. Y eso implica también mantener la ilusión de las fans.

—¿Por qué querías dejarlo todo?

—Estaba cansado. No solo físicamente, también emocionalmente.

Ya me había pasado en una ocasión cuando era trainee.

Me escapé del dormitorio y estuve en casa de Tae Yang varios días.

Todo era demasiado difícil para mí, y el estar separado de mi familia también contribuía a que me sintiera peor.

Las horas de ensayo eran extenuantes, tenía que estudiar, ir al colegio, y el tiempo cada vez era menos.

Si dormía un par de horas, era un milagro.

Creo que gracias a eso desarrollé la habilidad de poder dormir donde sea.

A veces me quedaba rendido en el suelo de la sala de ensayos.

O, al llegar al dormitorio, en ocasiones no alcanzaba a llegar a la cama.

—Debió ser difícil.

—Tú eres famosa también.

Ella se removió en la silla y se giró para poder mirarme. Sonrió, pero no llegó hasta sus ojos. Era una sonrisa triste.

—Lo mío es diferente. Soy conocida en un ámbito en el cual puedo caminar por las calles e ir adonde quiera. O eso pensaba, antes de aquella persona que me acosaba.

—Disculpa, no quería hacerte recordar esos malos momentos.

—Está bien, ha pasado ya un tiempo y he estado trabajando en ello. Fue una época oscura, pero, aun así, todo lo que me sucedió me llevó hasta Seúl, y aunque lo hice para huir de todo lo que me estaba pasando, si no hubiera tomado esa decisión, no estaría aquí. No te habría conocido.

Estiré mi mano para poder tomar la de ella. Acaricié sus nudillos con suavidad. Era cierto que, si no hubiera pasado eso, no estaríamos aquí. Pero de igual manera sentí un peso en mi estómago al pensar que ese hombre se atrevió a golpearla.

—¿Cómo ha sido para ti?

Me volví a quedar en silencio. Contarle las cosas que me han pasado podría llevarla nuevamente a esa época oscura que me mencionó.

No quería decir que era algo normal, porque no podemos normalizar que te acosen.

Que invadan tu espacio personal. Pero creo que era mucho peor lo que vivieron grupos de generaciones anteriores.

Que entren a tu casa y se lleven artículos personales.

Que te tomen fotos en momentos íntimos. Que te persigan y causen accidentes solo para poder estar cerca. Instalar cámaras donde vives.