No quiero pedir perdón CAPÍTULO 35
84%

CAPÍTULO 35

Vacaciones juntos

Ji Soo

—Me gusta este lunar que tienes aquí. —Sarang coloca la yema de uno de sus dedos sobre el punto que hay debajo de mi labio—. A veces no se nota a primera vista.

—Depende del ángulo en el que toman las fotos.

Sarang pasó la noche conmigo, y aunque nos despertamos hace un rato, solo nos levantamos para lavarnos la cara y los dientes, y regresamos a la cama. Tenerla entre mis brazos, así quisiera estar siempre. Debo aprovechar cada momento, porque pronto regresaré al trabajo.

—¿Me vas a extrañar cuando me vaya?

—No.

La miro extrañado y ella mantiene su rostro muy serio.

—¿No? ¿Ni un poco?

—¿Cómo se supone que te extrañe si te veo en todas partes?

Por un momento pienso que está tratando de ser romántica.

—En los autobuses, en las paradas, hasta en las tiendas de conveniencia. Siempre sonriente, tomando café o soju. Hasta hablando por teléfono.

Es cuando comprendo que habla de toda la publicidad que hay en las calles. Ella intenta contener la risa, pero no puede, y yo me abalanzo contra su cuerpo mientras le hago cosquillas por los costados.

—Así es que me ves en todos lados.

Su risa resuena en la habitación y me contagia. Cuando por fin podemos parar de reír, la beso con calma.

—Sí, te voy a extrañar.

—Solo será un mes, y luego podremos irnos de vacaciones.

Ella se acerca más y me abraza hasta que no queda espacio entre nosotros. Pega su rostro a mi cuello y puedo sentir su suave respiración. Nos quedamos así durante un largo rato, hasta que siento su aliento contra mi piel.

—Ji Soo.

—Mmm.

—Hay algo que te quiero preguntar.

—Pregunta lo que quieras.

—¿Por qué no me contaste que una fanática llegó hasta tu puerta?

Me separo un poco para poder ver su rostro. Ese episodio sucedió antes de que ella me contara lo que le había pasado. No es el tipo de conversación que quiero tener con ella.

—¿Por eso cambias la contraseña de tu puerta constantemente?

Asiento.

—Si se enteran de que tienes una relación, ¿puede ser peor?

—¿Qué te parece si te preparo el desayuno y hablamos?

No luce muy contenta con lo que le propongo, y por ello me acerco, le doy un beso y salgo rápido de la cama cuando la veo contrariada.

La cafetera, las ollas, los ingredientes, jugos, fruta. Estoy sacando todo lo que pueda ofrecerle. Y mientras preparo el desayuno, que es casi almuerzo, trato de poner mis ideas en orden, porque no será una conversación fácil.

Durante todos estos años he vivido situaciones que no me hacen sentir cómodo, y que en su momento me llevaron a buscar ayuda.

O, mejor dicho, Ji Hoon me hizo darme cuenta de que lo mejor era pedir ayuda.

El acoso constante me hacía sentir ansioso.

Hubo un tiempo en el cual solo salía del dormitorio cuando era necesario.

Y eso me hizo perder tiempo valioso con las personas cercanas a mí.

Me gustaría poder borrar de mi mente todos esos momentos, porque cada vez que los recuerdo se me eriza la piel. Pero hay algunos que se han quedado en mi memoria y es difícil olvidarlos.

Estábamos en los días de promoción de nuestro tercer disco, y ese día, luego de la grabación en una cadena de televisión, tuvimos un fan meeting.

Al inicio, algunas fans que habían ganado un sorteo podrían pasar y hablar con nosotros.

Luego solo habría interacción de las fans con nosotros en el escenario, y ellas en sus puestos.

Cuando inició el evento, salimos al escenario, nos presentamos y nos sentamos en nuestros lugares en la mesa para poder tener una breve charla uno a uno mientras las ganadoras pasaban.

Cuando llegó el turno de una de las chicas, casi no habló con Se Rim, quien estaba sentado a mi lado.

Se levantó rápido y se colocó al lado de la chica que estaba sentada hablando conmigo, y nos hizo sentir incómodos.

Cuando se sentó frente a mí, quise mostrarme amable y le hice algunas preguntas, a las que ella contestó. Luego sacó su teléfono; pensé que era para una foto, aunque no debería hacerlo, pero lo que hizo fue hacer una llamada.

—¿No llevas tu teléfono contigo?

La miré con extrañeza.

—Quería saber si en verdad era tu número el que tengo guardado.

Y entonces me mostró la pantalla, y en efecto era mi número, pero hice todo lo posible para mostrar mi mejor sonrisa.

—¿Por qué no contestas a mis llamadas?

—¿Quieres que te firme una tarjeta?

—Me llamo Lee Seo Ah. No olvides mi nombre, porque soy la persona que más te ama.

Luego de decirme eso, se abalanzó sobre mí y terminé en el suelo, con un rasguño en el cuello.

Lee Seo Ah. No he olvidado su nombre. Pasó a ser la primera fanática a la que se le prohibió asistir a cualquier evento de la misma índole. Pero eso no le impidió acercarse a mí cada vez que podía. Me la encontraba en restaurantes, fuera del dormitorio, una vez hasta en la clínica del dentista.

La agencia tomó medidas cada vez más estrictas para los eventos que involucraban a las fans y en los cuales pudieran interactuar con nosotros.

—Huele muy bien lo que estás preparando. Ya me dio hambre.

Levanto la mirada y me encuentro a una Sarang sonriente, vestida con mi ropa. Unos pantalones de básquetbol y una camiseta que le queda enorme. Y eso me hace sonreír también.

—Deberías pensar en traer algo de ropa para cuando te quedes a dormir.

Mientras se sienta en la mesa, veo cómo su sonrisa se amplía mucho más. Pongo los platos y la comida para los dos, y me siento frente a ella.

—Muchas gracias por la comida.

Durante un rato comemos en silencio, pero a pesar de eso no se siente incómodo. Sé que no se ha olvidado de la conversación, pero creo que será mejor tenerla cuando terminemos.

—¿Quieres más café?

—Estoy bien así. Gracias.

Al terminar de comer, sé que ha llegado el momento.

—¿Me vas a contar lo que pasó? —Su voz suena calmada.

—No pasó nada grave. Ese día regresaba a casa, y cuando salí del elevador vi a una chica en el pasillo. Aceleré el paso cuando vi que me reconoció, y entré a casa.

—Por eso cambias tu contraseña constantemente.

—Sí, y en un tiempo también cambiaba mi número de teléfono casi todos los meses, pero me cansé de hacerlo. Ahora simplemente ignoro las llamadas.

—Ayer, cuando Claire me habló sobre las fans y que todo podría ser mucho peor de lo que pasé yo, sentí una extraña curiosidad. Quise buscar información y ver qué tan malo puede ser, pero al final no lo hice.

—Tomaste la mejor decisión.

—Pero quiero que me digas qué tan malo puede ser.

—Sarang.

—Ji Soo.

—No quiero que tu mente se contamine con todo esto. El hecho de que no sepas nada de esto me hace sentir tranquilo.

—Pero si no sé nada de lo que pasa, ¿cómo voy a cuidarme?

—Yo puedo cuidarte.

—No, Ji Soo, necesitamos cuidarnos los dos. Esto es una relación de dos.

No sé por dónde comenzar.

—¿Qué tan malo puede ser? Nuestra vida privada tiene que ser privada. Hermética. Cuidadosa. Tuviste que firmar un acuerdo de confidencialidad por eso.

Pienso con cuidado lo que quiero contarle, pero ella me pide que no le oculte nada.

—Eres muy fuerte. ¿Cómo puedes hacerlo?

—No lo soy. También me afecta, pero ya no tanto como antes. Creo que antes tenía que aguantar muchas cosas sin poder expresar abiertamente lo que sentía. Cuando sonaba mi teléfono durante una transmisión, antes, no decía nada. Si sucede ahora, las amenazo con mostrar el número.

—¿Lo has hecho alguna vez?

—Sí, unas cuantas veces. Creo que pensaron que no sería capaz.

—Todo lo que me has contado hace parecer lo mío como un juego de niños.

—No te voy a permitir que digas eso. Lo que viviste no es un juego de niños.

Ese hombre te hizo mucho daño. Emocionalmente es agotador vivir con miedo de salir de casa.

Que te sigan, que no puedas hacer cosas normales como ir a dar un paseo.

Ahora tienes una vida tranquila, y lo siento mucho por venir a complicarla.

—No la estás complicando.

—Sí, lo estoy haciendo, Sarang. Te estoy arrastrando conmigo a esta vida de hermetismo.

Ella se acerca y toma mis manos.

—Hace un tiempo me dijiste que haríamos esto juntos. No me estás arrastrando contigo. Yo decidí tomar tu mano y caminar junto a ti. Si tú estás bien, yo estaré bien. Podemos hacerlo.

Pongo una de mis manos en su mejilla y ella se apoya en ella.

—Si en algún momento nuestra relación te hace sentir mal o te causa algún daño, dímelo. Buscaré la manera de solucionarlo.

—Tú debes hacer lo mismo. Esta es una relación de dos, ¿recuerdas?

Asiento antes de acercarme y darle un beso.

Al final de la tarde no quiero llevarla a casa, quiero que se quede conmigo. Me estoy cambiando de ropa para llevarla, mientras ella está sentada en la cama, lista para salir.

—¿Quieres quedarte a cenar en mi casa? Podemos pedir comida.

—¿Y Claire?

—Le preguntaré si estará en casa. Estoy dándole su espacio, porque me temo que la ruptura con su novio fue mucho más fuerte de lo que pensaba.

—¿No te puedes quedar conmigo?

—Mañana tengo que trabajar.

—Yo te puedo llevar.

—No tengo ropa.

—Podemos ir a comprar.

Se levanta, se acerca y me abraza por la espalda.

—Prometo que mañana, después del trabajo, vendré a quedarme contigo.

Pasado mañana es la fecha de viaje para que me una a las últimas fechas de la gira.

—¿Lo prometes?

—Te lo prometo.

Tomo sus manos y las acerco a mis labios para besarlas. Mientras vamos camino a su casa, ella le escribe a su amiga para saber si estará en casa. También me pregunta qué quiero comer, para poder ir viendo las opciones.

Cuando llegamos a su apartamento y entramos, todo está en silencio.

—¿Claire?

Mientras me estoy quitando los zapatos, escucho la voz de su amiga.

—Hola.

Nos encontramos en la sala. Se retuerce las manos y luego las mete en los bolsillos de su pantalón.

—Ji Soo se va a quedar a cenar. ¿Qué quieres comer?

—Lo que pidan estará bien para mí.

Sarang la mira con extrañeza, y sé que tal vez su amiga se siente incómoda.

—Tal vez sería mejor que comieran ustedes solas.

—No. Lo siento. —Claire hace una inclinación—. Discúlpame porque el día que nos conocimos fui grosera contigo.

—No lo fuiste.

—Es que... no sé cómo comportarme contigo.