No quiero pedir perdón CAPÍTULO 33 #4
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CAPÍTULO 33 #4

No sé qué hora es. Anoche cerramos todas las cortinas de la habitación, pero, por la posición en la que estoy, puedo ver, por el poco espacio que hay, que ya es de día. No quiero moverme. Es ella quien comienza a hacerlo con cuidado, por lo que cierro los ojos. Trato de respirar con calma.

Pone su mano sobre mi pecho, para luego quitarla y pasar las yemas de sus dedos por mi nariz y por mis labios con suavidad.

—Me gustas mucho, Ji Soo.

Lo dice bajito. Como si quisiera que solo yo la escuche. Siento de nuevo su mano sobre mi pecho, y espero que no sienta lo desbocado que está mi corazón.

—Sé que estás despierto. Parece que estuvieras en una carrera.

Abro un ojo y ella sonríe. Le doy un beso rápido en la frente.

—Tú también me gustas mucho.

Nos miramos durante unos largos segundos.

Observo sus ojos, su nariz, sus labios. Me concentro en ellos y, sin pensarlo mucho, me acerco y la beso.

Sus labios son tan suaves; los separo, y con mi lengua, con suavidad, rozo con cuidado los suyos.

Bajo las sábanas, siento cómo mete una de sus manos debajo de mi camiseta y acaricia mi espalda con suavidad.

Yo rodeo su cuerpo y la acerco más a mí.

No queda espacio entre su cuerpo y el mío. Sus piernas se entrelazan con las mías.

El beso se vuelve más intenso y nuestras respiraciones se aceleran.

Es entonces cuando me atrevo a deslizar una de mis manos hacia su cadera.

Un suave gemido se escapa de sus labios, y yo sé que estoy a punto de perder todo el control.

Todo mi cuerpo se tensa. Si no me detengo ahora, no podré hacerlo.

Con toda la calma que puedo reunir, que realmente no es mucha, me separo pocos centímetros de ella.

Pego mi frente a la suya y respiro hondo varias veces.

—Yo...

No me deja decir ni una palabra más. Es ella la que toma la iniciativa ahora y me besa.

Hemos llegado a un punto de no retorno. Con suavidad, empuja mi cuerpo para que quede sobre mi espalda, y ella se coloca sobre mí.

Aparta la sábana y coloca sus piernas a ambos lados de mis caderas.

El punto de contacto entre nuestros cuerpos hace que ella vuelva a gemir, y ese sonido hace que mi piel se erice.

Sarang coloca las palmas de sus manos sobre mi pecho y se sienta para quedar a horcajadas sobre mí.

Toma el borde de su camiseta y se la quita.

Me quedo embobado viendo sus senos durante unos segundos.

Son perfectos. Pongo mis manos en sus caderas y, con un leve impulso, me siento; me quito entonces la camiseta y la abrazo.

El contacto de su piel contra la mía se siente maravilloso.

Nos besamos con ansias, nuestras lenguas se tocan, se enredan.

Me muerde el labio y ahora es a mí a quien se le escapa un gruñido.

Con las palmas de mis manos extendidas sobre su espalda, me muevo para que quede acostada, y mi cuerpo queda encajado al suyo.

Me muevo con suavidad, justo en el punto exacto, y siento cómo su cuerpo se tensa.

Dejo escapar sus labios; me muero por escucharla.

Beso su rostro, su mandíbula y su cuello.

Comienzo a descender por su clavícula hasta llegar a uno de sus senos.

Primero lo acaricio y luego paso mi lengua por su pezón, que se pone erecto casi de inmediato.

Pego mis labios a él y succiono con fuerza, para luego lamerlo con calma, mientras Sarang despega su espalda de la cama.

Su cuerpo se agita con suavidad y sus gemidos llenan el espacio.

La respiración de ambos se hace cada vez más pesada, y mientras me dedico a disfrutar de uno de sus senos, acaricio con suavidad el otro.

Brindando especial atención a sus pezones, que están totalmente erectos.

Después de brindarle las mismas atenciones a ambos, comienzo a descender por su vientre, y ella coloca sus manos sobre mi cabello. Al llegar al borde de su pantalón, beso la línea y le paso la lengua con suavidad.

—Ji Soo.

Que diga mi nombre en este momento hace que quiera escucharlo mil veces.

Comienzo a deslizar el pantalón por sus piernas, y un momento de lucidez pasa por mi mente y me separo de ella.

Me levanto de la cama y voy rápido hasta donde tengo mi maleta, y de uno de los bolsillos saco lo que necesito.

Ella me está observando mientras regreso a la cama; me acerco y la beso.

Aprovecho para meter el paquetito debajo de una de las almohadas.

Me quito el pantalón del pijama y vuelvo a la posición donde estaba antes, entre sus piernas.

Beso su piel sobre su ropa interior y luego sus muslos.

Siento su cuerpo estremecerse contra mis labios.

Sonrío contra su piel, y antes de volver a besarla, le quito la última pieza de ropa que lleva puesta. Es tan hermosa.

Deslizo mis manos por sus piernas y me detengo justo en sus muslos.

Muevo mis manos hacia sus caderas y luego hacia su vientre, sigo subiendo por la mitad de sus pechos, y su respiración pesada puedo sentirla en la palma de mis manos.

Me siento en medio de sus piernas y, con cuidado, dejo caer mi cuerpo sobre el de ella.

Mientras la beso, muevo con lentitud mis caderas contra las de ella.

Sarang envuelve mi cintura con sus piernas.

Deslizo una de mis manos por el costado de su cuerpo y luego la meto en medio de nuestras caderas.

Llego hasta el punto donde nuestros cuerpos están unidos, pero a la vez separados por mi ropa interior.

Toco sus labios y ella gime sobre mi boca; está demasiado sensible.

La humedad de su cuerpo hace que mis dedos resbalen, e introduzco uno de ellos, lo que la hace arquear su cuerpo contra el mío.

Lo hago un par de veces antes de quitarme la ropa interior con un poco de dificultad.

Busco de inmediato bajo la almohada, abro el paquetito y me coloco el condón.

Yo también estoy agitado y trato de controlarme lo poco que puedo antes de hundirme en ella.

La sostengo durante unos segundos antes de comenzar a moverme.

Hundo mi rostro en su cuello mientras nuestros cuerpos se unen, beso su cuello y la escucho: su respiración, sus gemidos.

Comienzo a acelerar mis movimientos y siento cómo su cuerpo se va tensando y me aprieta con fuerza.

En un momento se contrae completamente, contiene la respiración, arquea su cuerpo todo lo que puede contra el mío y gime con fuerza al momento en que deja que su cuerpo se estremezca.

Ya no aguanto más, por lo que mis movimientos siguen siendo rápidos, hasta que mi cuerpo por fin encuentra el punto de liberación.

Un gruñido se escapa de mi garganta y mi cuerpo cae sobre el de ella.

Respiro con dificultad mientras Sarang me abraza y pasa sus manos por mi cabello y mi espalda. Cuando recupero un poco el aliento, salgo de su interior con cuidado y me hago a un lado, para luego levantarme. Busco la sábana para cubrir su cuerpo. Le doy varios besos en el rostro.

—Voy a darme un baño y luego prepararé algo delicioso para comer.

Ella asiente mientras cierra los ojos y se acomoda bajo las sábanas.