No quiero pedir perdón CAPÍTULO 33
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CAPÍTULO 33

Ji Soo

Mientras los miembros han estado entrando y saliendo del país durante los últimos meses, yo he estado trabajando en mi recuperación.

Ya no estoy utilizando muletas, puedo caminar con normalidad y ya he dejado de tomar medicamentos.

Comencé a hacer ejercicios de resistencia, y podré regresar a los escenarios antes de lo previsto.

He seguido las recomendaciones del médico sin saltarme ningún paso, pero el hecho de que mi condición física sea diferente ha ayudado a que la recuperación se haya dado más rápido.

Hoy iré a ver a mi sobrina después de varios meses. Luego iré a comer con Tae Yang. Todavía no nos hemos podido sentar a hablar. Luego de que regresara de su viaje con Sarang, ha estado ocupado. He tenido unos días para poder digerir toda la información que ella compartió conmigo aquella noche.

Después de esa conversación que tuvimos, no fui capaz de dejarla sola. Se veía cansada, y estoy seguro de que se sentía peor que eso.

Dejé que se tranquilizara entre mis brazos antes de ayudarla y acompañarla a su habitación.

La metí bajo las sábanas y me senté a su lado, con la espalda pegada al respaldo, mientras le daba unas palmaditas suaves en la espalda.

Mi cabeza era todo un lío. Recordaba fragmentos de la conversación que no quería recordar.

No sé qué es peor, que lleguen a dañarte físicamente o que lo hagan con tu mente.

Yo también estaba agotado, y no me di cuenta de cuándo me quedé dormido a su lado.

Desperté con un cosquilleo en la nariz, solo para darme cuenta de que era ella quien pasaba uno de sus dedos con suavidad. Estaba completamente cubierta por las sábanas, mientras yo, a su lado, había dormido sobre ellas.

—Hola.

—Mmm, hola.

Me acomodé de forma que quedamos de frente, y supe de inmediato que quería tener más momentos como este junto a ella. Pero que no estuvieran empañados por recuerdos tristes. Crear momentos especiales juntos.

—No quería despertarte. Te veías tan tranquilo.

—¿Dormiste bien?

—Sí, en otro momento habría tenido que tomar pastillas para dormir. Pero creo que estaba tan cansada que no fue necesario.

Hice todo lo posible para que mi expresión no cambiara. Yo también, en un momento, tuve que hacerlo. Tomar pastillas para dormir. Intentar que mis pensamientos se detuvieran.

Después de desayunar juntos, nos despedimos con un largo beso y yo regresé a casa.

Me encuentro con mi familia en un parque a la orilla del río Han.

Buscamos un espacio para que Su Min pueda jugar sin molestar a las personas a su alrededor.

Da Li trajo todo lo necesario para montar un pícnic.

Desde bocadillos hasta bebidas. El clima está perfecto hoy.

Ya casi termina la primavera y está soleado y fresco.

Intento ayudar a acomodar todo mientras Su Min está pegada a mí.

Desde que me vio bajar del auto no me ha soltado.

Ha pasado un largo tiempo, y aunque no es la primera vez, es como si supiera que en esta ocasión fue diferente.

Jugamos durante un largo rato y sus risas son como una inyección de felicidad.

La extrañaba, porque momentos como estos son los que me hacen sentir no solo tranquilo, sino también me hacen sentir normalidad, cotidianidad.

Que tengo una vida más allá de los reflectores.

Mi familia siempre ha sido mi cable a tierra.

Nos sentamos en la manta que ha colocado Da Li, y Su Min se coloca en medio de mis piernas mientras toma agua, y luego comemos algo de fruta.

Al terminar, me recuesto sobre la manta y Su Min me quita la gorra que llevo puesta para cubrir parte de mi rostro, y de forma muy hábil se sienta sobre mi pecho y comienza a apretar mis mejillas, justo como yo hago con ella.

Le ofrezco mis rostros más graciosos y su risa nos contagia a todos.

—Su Min, ven con papá, vamos a caminar un poco.

Ji Hoon la levanta y se alejan, teniendo una conversación que solo ellos entienden.

—Ji Hoon me comentó que tienes novia.

Da Li me ofrece una botella de agua.

—Sí, se llama Leilani.

—Me contó cómo la conociste. —Ella sonríe—. En ocasiones pasa de formas que no imaginas.

—Un poco loco, diría yo.

—Espero conocerla pronto.

Nos quedamos en silencio durante un rato. Ella mira alrededor tratando de ubicar a mi hermano y a su hija. Hago lo mismo hasta que los veo, y le señalo hacia donde están. Han llegado hasta la orilla y están viendo las aves.

—En este momento siento envidia de ustedes.

—¿Por qué?

—Si no existiera la posibilidad de que alguien me reconociera, la hubiera podido traer hoy con nosotros. Tener citas es un poco difícil.

—Pero puedes hacer que sean especiales. El hecho de que estés dando este paso con ella es importante.

Lo harás bien. Recuerdo que, cuando Ji Hoon y yo cumplimos nuestros primeros cien días, pensé que él no lo recordaría.

Yo lo había marcado en mi calendario y fui a comprar unas camisetas de pareja.

Pero él lo recordó, y lo más gracioso fue que también había comprado unas sudaderas iguales. Fue muy especial para mí.

Me paso las manos por el rostro. Los primeros cien días, lo había olvidado.

—Te has puesto pálido. Debo suponer que lo olvidaste.

—Han pasado muchas cosas en los últimos meses. Y tampoco sé a partir de qué día comienzo a contar. ¿Desde que la vi por primera vez? ¿O la primera vez que salimos? Pero de ese día ya ha pasado mucho tiempo.

—Puede ser desde un momento especial. Algo que haya pasado y que sientas que siempre van a recordar.

Repaso en mi mente el tiempo que he pasado con ella, y me doy cuenta de que, aunque han sido tal vez pocos momentos, todos tienen algo significativo. Recuerdo entonces el día que nos besamos por primera vez. Busco mi teléfono y, en mi agenda, ubico la fecha. Fue antes de ir a Japón.

—Ya tengo una fecha.

Con un punto de partida puedo organizarme y ver mis opciones. Tengo que hacer algo especial para ella.

Después de un par de horas de correr por todas partes, Su Min cae rendida y es hora de regresar a casa. Ayudo a sentarla en su silla y me despido de mi hermano y mi cuñada.

En el camino de regreso a casa, le pido al chofer parar en el supermercado para comprar algunas cosas que se me han terminado.

Al llegar, arreglo la compra y luego me siento con mi laptop para intentar organizar mis ideas. Paso el resto de la tarde anotando lugares, mirando regalos, pensando qué podría gustarle.

Cuando miro el reloj, es casi hora de volver a salir, por lo que dejo todo a un lado para cambiarme. Me voy a encontrar con Tae Yang en un restaurante a unos treinta minutos caminando desde casa, y como sé que vamos a tomarnos unos tragos, prefiero ir caminando.

Me toma un poco más de tiempo llegar, por lo que, cuando lo hago, Tae Yang ya se encuentra en el restaurante. Me guían hasta uno de los salones privados. En la mesa ya hay un par de botellas de cerveza y de soju.

—Yah, Park Tae Yang, comenzaste sin mí.

—He tenido unos días demasiado malos.

Me quito el abrigo y me siento en la silla justo frente a él.

De inmediato pone un vaso frente a mí y me sirve soju.

Debería ser al revés, porque él es mayor que yo, pero nos conocemos hace tanto tiempo que las formalidades entre nosotros quedaron atrás hace mucho.

Y eso me hace pensar que me comporté como si no fuera así, al dudar de él.

O tal vez dudaba de mí. Soy consciente de que mi relación con Sarang debe darse desde un contexto totalmente diferente.

Él ya ha pedido la comida, y a los pocos minutos comienzan a llegar los platos.

Hay suficiente carne para darle de comer a varias personas.

No dudo de nuestras capacidades, pero es bastante.

Deslizo las mangas de mi suéter hacia arriba antes de tomar la cuchara para la sopa, y también darle un primer bocado a la carne.

Desde que nos conocimos hemos sido siempre directos y honestos al decirnos las cosas.

Y a lo largo de los años hemos tenido muchos momentos malos.

Nos hemos ido hasta los golpes. Pero eso nunca ha mermado nuestra relación.

Estar aquí comiendo y hablando de cualquier tema, sin que el ambiente se sienta raro, es como siempre ha sido nuestra amistad.

—Creo que me iré a Busan unos días. Estoy cansado.

—Yo estoy cansado, pero de estar en casa todo el día.

—Trabajas demasiado.

—Tú también.

—¿Ya tienes fecha para tu retorno?

—Sí. Voy a comenzar a ensayar nuevamente. Haremos unos ajustes en algunas de las coreografías.

—Deberías aprovechar y darte una escapada antes de que comiences a trabajar en serio otra vez.

—Podría ir a Busan contigo.

—No, amigo, necesito calma y que el mundo a mi alrededor esté en silencio. Podrías ir a Jeju a ver a tus abuelos.

Sus palabras resuenan en mi mente. Jeju, podría llevar a Sarang a la isla.

Las botellas se siguen acumulando sobre la mesa.

—¿Hablaste con Sarang?

Así, sin más, Tae Yang saca el tema.

—Sí, nos vimos hace días. Me contó lo que le pasó en su casa con el tipo que la acosaba.

—Veo que tomó mi consejo. Lo mejor es que lo supieras, así podrás protegerla.

Cuando nos contactaron por primera vez, no me pareció extraño, porque lo vivimos a diario con todas las celebridades que cuidamos, pero cuando nos reunimos, me di cuenta de inmediato de que no era capaz de manejarlo.

La Sarang que conoces ahora no es la misma que yo conocí entonces.

Al final decidió mudarse, y lastimosamente su hogar en Australia dejó de ser un lugar seguro para ella.

Me imagino que te contó lo que sucedió hace unos meses.

Yo asiento.

—Cuando regresó, vi nuevamente a esa chica que conocí hace años. —Toma otro trago—. Sarang es una mujer inteligente, cariñosa, amable, y, ¿cómo no me iba a gustar? Pero, como te dije, ella nunca me ha dado esperanzas. Siempre me ha tratado como amigo.

Nos quedamos un rato en silencio.