CAPÍTULO 32 #2
Pido un taxi para ir hasta la casa de Sarang. No puedo conducir y no iba a pedirle a la agencia que me lleve. Me cubro el rostro con una gorra y una mascarilla. Le envío un mensaje para avisarle que estoy en camino.
Me sudan las manos y el corazón me golpea el pecho con fuerza. Solo pienso que debo pedirle disculpas por lo que pasó. Por mis celos sin justificación.
Cuando llego, me detengo frente a su puerta durante un largo rato antes de atreverme a tocar el timbre.
Ella abre, y por unos pocos segundos nos miramos. Luce tranquila y hasta me ofrece una ligera sonrisa. Se hace a un lado para dejarme entrar. Me quito los zapatos y el abrigo. Siento el ambiente cargado de tensión.
Me invita a sentarme en la sala. Ella se sienta en el otro extremo del sofá, alejada de mí.
—¿Descansaste?
—Sí, luego de enviarte el mensaje me fui directo a dormir. Me levanté hace un par de horas.
—¿Cómo estuvo el trabajo?
—Fueron días largos, pero cada vez que veo a la gente que lee mis libros es como llenarme de energía. Me imagino que así se sienten ustedes en los conciertos.
La distancia que hay entre nosotros en este momento me está matando. Tengo que terminar con esto.
—Leilani, quiero pedirte disculpas por lo que pasó. Fue realmente tonto de mi parte ponerme celoso de esa forma.
—Si vamos a tener una relación, lo primero que debe existir es la confianza.
Esto —nos señala a ambos— no es una relación fácil.
Ponte en mi lugar, no puedo ponerme celosa cada vez que tienes contacto con una fanática.
Sería imposible. Debo confiar en que todo es parte de tu trabajo, y que cuando regreses solo seremos tú y yo.
—No lo dudes. Solo seremos tú y yo.
—Le debes una disculpa a Tae Yang también. De todo este asunto, lo que no logré entender es, si son amigos, por qué justamente con él te tenías que poner así.
—Te lo aseguro, no me dejará olvidarlo.
Quiero acercarme, pero no quiero hacerla sentir mal. Ella despega su mirada de la mía y veo cómo sube los pies al sillón y abraza sus piernas. Durante un largo rato la observo.
—Ese día me preguntaste si conocí a Hyun Jin primero. Antes de llegar a Seúl, pasé por un episodio de mi vida que de verdad aún es difícil de recordar.
—No tienes que contarme nada si no te hace bien. No quería hacerte daño con mi actitud. Fue algo que no pude controlar.
—Quiero hacerlo. Tienes derecho a saberlo.
—Respira profundo antes de continuar—. Cuando comencé a publicar con la editorial, decidí utilizar un seudónimo para poder mantener mi vida privada.
No quería compartir nada sobre mi día a día.
Quería llevar una vida normal. Les pedí, incluso, no poner mi foto en las contraportadas de mis publicaciones.
Todo estuvo bien por un tiempo, hasta que comenzaron a enviar regalos a las oficinas de la editorial y luego a mi casa.
—¿Un fanático? —pregunto con las palabras atoradas en mi garganta.
—Un acosador.
Por mi cabeza comienzan a pasar una serie de pensamientos sobre todo lo que pudo haber sucedido para que, aunque haya transcurrido tanto tiempo, aún le cueste hablar sobre ello. Y no son muy agradables. Me paso las manos por el rostro varias veces. No sé si estoy listo para escucharla.
A lo largo de mi carrera he tenido encuentros desagradables con algunas fanáticas.
En especial con las que se sienten con el derecho de invadir nuestro espacio privado.
Esos días en los cuales solo queremos estar con nuestras familias o amigos.
Se sienten con el derecho de pagar para conseguir nuestros números de teléfono o direcciones.
—Comenzó con simples regalos, luego enviaba flores a mi casa, y cuando todo avanzó, también notas.
Pasaron varios meses, y mientras estaba fuera de la ciudad con mis padres, en un lugar donde la editorial me había enviado para descansar y escribir, él consiguió la dirección y aprovechó un día que estaba sola.
No puedo estar más alejado de ella. Me levanto despacio y me siento a su lado. Tomo sus manos y sonríe con tristeza. Ya no quiero escuchar más.
—Me golpeó y me mandó al hospital.
—Sarang...
No me deja hablar. Coloca sus dedos sobre mis labios.
—Ya desde ese momento comencé a vivir con miedo y a que un guardaespaldas me acompañara a todas partes.
La policía no hizo mucho, y lo más que podía hacer era tener una orden de alejamiento.
Por eso, cuando vine aquí por primera vez, la editorial contactó a la empresa de Tae Yang.
Yo no pensaba que fuera necesario, pero insistieron. Así lo conocí.
Me acerco aún más y la abrazo. Quiero protegerla.
—Cuando fui a pasar las fiestas de fin de año con mis padres, me encontré, por casualidad, con aquel hombre en un centro comercial.
Su cuerpo comienza a temblar entre mis brazos y la escucho sollozar.
—No pasó nada, pero revivió todo lo que había sucedido años atrás. Huí hace seis años. Decidí salir de mi casa, de mi país, porque ya no podía soportarlo más.
Y son esas últimas palabras las que me golpean con tanta fuerza.
Llevo años viviendo con ese sentimiento de no poder soportarlo más.
Cuando las campañas de odio encienden las redes sociales.
Cuando las fanáticas llaman sin parar a mi teléfono.
Cada vez que envían regalos a mi casa. Las veces que me toman fotos mientras estoy compartiendo con mi familia.
Aquella vez que pusieron un transmisor en el auto, o cuando aquella chica estaba casi en la puerta de mi casa.
En mi vida esto es diez veces peor, porque no es una sola persona la que lo hace.
No puedo calcular el número de personas que se dedican a hacerlo, y eso es realmente aterrador.
Tal vez algunas se detengan, pero siempre hay nuevos que ocupan su lugar.
Tengo miedo porque sé que estoy enamorado de ella, pero no quiero que pase por algo como lo que yo vivo a diario. Tal vez sea mejor dejarla ir, pero soy egoísta y no quiero hacerlo.