No quiero pedir perdón CAPÍTULO 30 #2
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CAPÍTULO 30 #2

—La operación salió muy bien, y el trabajo de terapia que han estado haciendo permite que recuperes el rango de movilidad necesario después de la intervención.

Voy a cambiar tus medicamentos por una dosis menor.

Vamos a ponerte una rodillera diferente.

Debes seguir utilizando las muletas, no puedes apoyar el peso de tu cuerpo aún sobre esa pierna.

La fisioterapia también va a comenzar a cambiar para ir avanzando en tu proceso de recuperación.

—¿Cuándo cree que pueda volver a mis actividades?

—¿Cuándo volverás al escenario? Estas lesiones pueden tomar hasta seis meses.

—No, doctor, no puedo estar seis meses inactivo.

—Cálmate, Ji Soo —me advierte mi hermano.

—Eres un hombre con un buen estado físico. Estás al nivel de los deportistas de élite, por lo que tu recuperación puede ser más rápida. Pero tampoco podemos apresurar todo, porque la idea es que tengas una recuperación total, y así evitar una recaída.

Trato de mantener una buena actitud el resto de la consulta, pero me altera saber que podría estar seis meses en reposo.

—Vamos, te llevaré a comer algo delicioso para que se te pase ese mal humor.

Nadie rompe el silencio durante el trayecto. Ji Hoon sabe que no es un buen momento para mí, y se lo agradezco. Tengo demasiados pensamientos dando vueltas en mi cabeza. Pido lo más picante que hay en el menú, que puede que me ayude a despejar mi mente.

—La chica que fue a visitarte hace unos días es la misma de la cafetería, ¿cierto?

—Sí, es ella.

—Recuerdo que la vi en tu fiesta de cumpleaños, pero ese día en tu casa, a primera vista, no me percaté de que era ella.

—Llevamos unos meses hablando. Durante la gira, a pesar de la distancia, pude conocer sobre ella, y hemos salido a mi regreso.

—O sea que mi hermanito tiene novia.

Nos sirven la comida, y durante unos minutos nos quedamos en silencio mientras comemos. Mi hermano se levanta para servirnos agua y seguimos comiendo.

—¿Ella sabe lo de esa política de confidencialidad que hay?

—No la voy a hacer firmar un papel. Eso te lo puedo asegurar. No hemos hablado aún de ello, pero te aseguro que ella no lo comentará con nadie. También tiene una vida pública.

—¿Ah?

—Aquí en Corea no, pero fuera sí. Es escritora y tiene ya varias publicaciones.

Luego de que Leilani me lo comentara, no puedo negar que me impresionó bastante, y al llegar a casa lo primero que hice fue buscar información sobre ella en internet.

Ella escribe bajo un seudónimo, y por algunos años nadie sabía quién estaba detrás del nombre que utilizaba.

Pero en los últimos años su foto aparece junto al seudónimo que utiliza.

Algo que noté es que en ninguna biografía publicada dice que vive en Corea.

Me imagino que, si mantuvo su identidad fuera del foco por varios años, no decir dónde vive actualmente es su forma de mantener su vida privada.

—Ohhh, escritora.

—Además, es amiga de Hyun Jin y Tae Yang.

—Me alegro mucho de que hayas encontrado a una persona especial, pero sabes que debes hablar con ella de cómo será todo.

—No solo con ella. También debo hablar con la agencia y con los miembros.

—No quisiera estar en tus zapatos en este momento. Sabes que te apoyo en todo lo que decidas y que admiro todo lo que has conseguido. Yo no habría podido hacerlo.

—Gracias, y espero recibir tu apoyo.

—Ahn Ji Soo, fighting. —Levanta el puño y ambos reímos.

Estoy a punto de ponerme a llorar; la fisioterapia me tiene al límite de mis fuerzas.

Ya han pasado casi dos semanas desde mi operación, y siento que el fisioterapeuta me odia.

No es cierto, es una buena persona y muy profesional, pero no sé cómo voy a sobrevivir los próximos meses. Pronto debo dejar de usar las muletas.

Mientras espero que acerquen el auto para que me lleven de regreso a casa, le envío un mensaje a Sarang. Esta tarde irá a casa para cenar juntos. En estas dos semanas hemos creado los espacios para vernos. Esta noche quiero pasarla tranquilo en su compañía.

Pedí una reunión en la agencia para tocar el tema de mi relación con ellos, y cuando eso suceda, estoy seguro de que será de cualquier manera, pero nada tranquilo.

Mi contrato ya no cuenta con la cláusula de no relaciones.

Eso fue hace mucho tiempo, pero debo ponerlos al día de lo que está pasando, por si alguien nos llega a ver juntos.

La agencia debe enterarse por mí, no por la prensa.

Solo he tenido una relación seria en todos estos años, y tuve que pasar por esto.

La diferencia es que era mucho más joven, y que en ese momento, como ella era parte del equipo, la conversación fue bastante fuerte.

En ese momento ella tuvo que firmar un acuerdo de confidencialidad con un sinnúmero de detalles.

Todo lo que podía y no podía hacer. Fue realmente humillante que tuviera que pasar por ello.

Por eso, en esta ocasión, no quiero que Leilani lo haga.

Quiero pensar que la agencia verá las cosas de forma distinta.

Aunque, en el fondo, sé que mis probabilidades son nulas.

Ya en mi casa, lo primero que hago es cambiarme de ropa, y de ahí a mi cama.

La fisioterapia me deja exhausto. Pido que me despierten dentro de una hora para poder estar listo cuando Sarang llegue.

En casa hay suficiente comida para no tener que pedir a domicilio.

Ahora que hay una persona que se encarga, la dinámica es diferente.

Estoy en la sala cuando llega Sarang. Es hora de que la señora de la limpieza vuelva a casa.

—Hola, Sarang.

—Hola, Ji Soo.

La temperatura afuera, durante el día, comienza a ser más agradable, pero en las noches sigue estando bastante frío.

Veo cómo se quita el abrigo y lo deja en el mueble de la entrada.

Se quita los zapatos y busca las pantuflas que compré para ella.

Sonríe mientras se sienta, con cuidado, a mi lado.

Paso mi brazo por detrás de ella y la acerco a mi costado.

Beso su cabello, luego su frente, y en medio de carcajadas beso todo su rostro hasta llegar a sus labios.

—¿Cómo te sientes? —Se separa un poco de mí, aunque me niego a soltarla.

—Pude descansar un poco después de la terapia.

—¿No tienes que mantener la rodilla elevada?

—Solo para cambiar de posición, porque aún no puedo poner mi peso en ella. Pero estoy mucho mejor.

—Me alegra que te sientas mejor. Ya verás que te recuperarás muy rápido.

—¿Quieres deshacerte de mí? —Sonrío.

—No digas eso. Vamos a comer.

Logra soltarse y va directo a la cocina. Comienza a servir la comida y a traerla a la mesa de la sala. Busco mis muletas para levantarme y ayudarla.

—No te atrevas, quédate ahí tranquilo.