No quiero pedir perdón CAPÍTULO 27 #2
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CAPÍTULO 27 #2

—La charla que nos dio al día siguiente, uf. No estaba gritando, pero podía sentir sus palabras retumbar en mi cerebro cada vez que hablaba. Estaba realmente molesto.

Mientras termino de preparar el ramen, él pone la mesa. Coloco la olla en medio y ambos nos servimos. Comemos en silencio.

Al terminar, limpiamos todo.

—Me voy a casa.

Por un momento pienso que debemos retomar el tema de Sarang, pero creo que ahora mismo no es el momento.

Tae Yang no es de los que hablan de sus sentimientos de forma abierta.

Ha sido así siempre. Cuando nos conocimos, había pasado poco tiempo del fallecimiento de su madre, y no hablamos sobre ello hasta años después.

Hyun Jin me contó que Tae Yang no lloró el día de su funeral, y que eso la hizo enojar tanto que, a pesar de que es su hermano mayor, un día le gritó tanto, y hasta lo golpeó, para que reaccionara.

Su padre tuvo que intervenir. Cada año, para el aniversario de la muerte de su madre, luego de visitarla junto a su padre y su hermana, se encierra en su casa, llora y bebe como si no hubiera mañana.

En el auto, camino al ensayo, me conecto en directo en la plataforma que usamos para comunicarnos con las fans. Esto lo hago para que sepan que estoy bien, ya que la noticia de lo sucedido en mi casa ha corrido como pólvora por todos los medios.

“Hola, Voice, ¿cómo están? ¿Comieron algo delicioso hoy? Voy camino a un ensayo, pero quería pasar a decirles que estoy bien. Por favor, no se preocupen. Sé que se enteraron de lo que pasó ayer, pero les aseguro que estoy bien.”

Trato de no extenderme en el tema y de no leer en voz alta los comentarios que hacen al respecto.

He planeado llevar a Sarang a mi casa antes de volver a salir de gira, pero siento que los días se me vienen encima y no logro acomodarme.

Por eso, esta noche, cuando termine el ensayo, hablaré con ella.

Cuando llego a la sala de ensayo, los miembros se acercan a preguntar sobre lo sucedido.

—Ya los de seguridad de mi edificio ni siquiera me llaman para preguntar, porque todos los días llegan regalos y comida a mi casa —comenta Hyun Sik.

—Siento tanto coraje cuando pasan estas cosas —dice Se Rim, sonando molesto—. Las sasaeng son realmente molestas.

—No pasó nada. Hace un rato recibí un mensaje de la administración diciendo que van a reforzar la seguridad. Seguro mis vecinos ya se enteraron.

—¿No has pensado en mudarte? —pregunta Han Bin.

—No puedo mudarme cada vez que pasa algo. Ya me cansé de cambiar mi número de teléfono. Al final, el dinero lo mueve todo y consiguen la información. Me gustaría decir que se van a detener después de denunciarlas, pero sabemos que no va a pasar.

—Chicos, vamos a ensayar.

El coreógrafo hace que nos pongamos a trabajar.

El ensayo terminó temprano, y mi mánager me trajo hasta la puerta de mi apartamento, y eso me hizo mucha gracia. Todos me dicen que estoy tomando lo sucedido con mucha calma, incluso los miembros, pero no gano nada con enojarme o desesperarme y tomar malas decisiones.

Como terminamos temprano, al llegar a casa me doy un baño, y antes de sentarme a comer busco mi teléfono para llamar a Sarang. Después de varios tonos, no responde. Voy a esperar un rato para intentarlo de nuevo. Pero a los pocos minutos, mi teléfono comienza a sonar y es ella.

—Sarang.

—Hola, Ji Soo, estaba lejos de mi teléfono.

—¿Cómo estás? ¿Ya cenaste?

—Sí, ¿y tú?

—Llegué hace poco y ahora voy a comer. —Disculpa que ayer no contesté a tu mensaje. Hyun Jin llegó de improviso y salimos a comer. Regresé un poco tarde. En realidad, lo olvidé y me siento mal por ello.

—A mí también muchas veces se me olvida contestar mis mensajes.

Por lo visto no se ha enterado de lo que me pasó, y es mejor así. El tema de las sasaeng no es algo que quiera compartir con ella.

—Mañana tengo ensayo en la tarde, pero debemos terminar temprano. Estaba pensando si te gustaría venir a conocer mi casa. Ya yo conocí la tuya, y me parece justo que tú también conozcas mi espacio.

—Me encantaría. Yo estaré en casa trabajando. Solo tendrías que avisarme a qué hora y adónde debo ir.

—Te avisaré la hora en la que paso por ti.

La escucho reír.

Al terminar de cenar, limpio, y luego reviso que en casa todo esté en orden. Mañana no tendré tiempo de limpiar ni ordenar nada. Antes del ensayo tenemos una entrevista para el canal de YouTube de una revista.

Son casi las ocho de la noche cuando voy rumbo a la casa de Sarang.

El ensayo terminó un poco más tarde de lo que pensaba, y estuve a punto de decirle que lo dejáramos para otro día, pero eso tal vez sería cuando regrese de la gira, porque mi agenda está completa estos días.

La llamé para preguntarle si no le molestaba que fuera tarde, y su respuesta fue que para ella no había problema. Que entendía que estaba trabajando.

Cuando estoy cerca de su edificio, la llamo para avisarle, y ella me dice que esperará en la acera.

Y así la veo, parada justo fuera de su edificio.

Afuera hace frío; ya casi termina el invierno, pero las temperaturas aún descienden demasiado.

Me estaciono frente a ella y bajo la ventana del pasajero hasta la mitad.

—Vamos, hace frío.

Ella se apresura a entrar y la escucho dar un fuerte suspiro al sentir la calefacción dentro del auto.

—No pensé que estuviera tan frío afuera.

Es lo primero que me dice.

—¿No me digas que estuviste mucho tiempo fuera esperando?

—No, salí cuando me llamaste.

—¿Está bien así o necesitas que suba la calefacción?

—Así está perfecto, gracias.

—Quería prepararte la cena, pero he tenido que correr al finalizar el ensayo. Podemos pedir lo que quieras cuando lleguemos.

—Te advierto que tengo mucha hambre. Casi no he comido nada en todo el día.

—¿Por qué?

—Estuve escribiendo toda la mañana. Tengo una fecha de entrega y estoy un poco atrasada.

—Vamos a pedir mucha comida entonces. Yo termino hambriento luego de los ensayos.

—¿No estás cansado?

—Tengo más hambre que cansancio.

Al llegar a mi edificio, vamos desde el estacionamiento a la planta en la que vivo.

Abro la puerta y la dejo pasar. Enciendo las luces y solo puedo escuchar una exclamación de sorpresa.

En la entrada he dejado unas pantuflas para ella, pero creo que la sorpresa no es por eso.

Me mira como pidiendo que la deje pasar.

—Adelante, eres bienvenida en mi casa.

Ella es la primera persona, fuera de mi familia, los miembros y mis amigos cercanos, que entra en mi casa. O, mejor dicho, es la primera mujer que me interesa a la cual traigo a mi casa. Cuando salí con Hee Sun, todavía vivía en el dormitorio con los miembros, por lo que nunca la llevé allí.

Me quito el abrigo y lo dejo en el armario en la entrada. Me acerco a ella y le pido el suyo. Ella me lo entrega, pero sin dejar de mirar alrededor.

—Permíteme mostrarte mi casa.

Sin pensarlo mucho, la tomo de la mano y la guío por el pasillo donde están las habitaciones.

—Esta es la habitación de invitados. —Abro la puerta—. La usan, sobre todo, los miembros, cuando alguno de ellos viene y se queda a dormir.

—Luce muy acogedora.

Pasamos a la siguiente habitación.

—Este es mi estudio.