CAPÍTULO 27
R.E.D y Chloe
R.E.D.
He dormido solo dos horas y lo único que deseo en este momento es regresar a mi cama, pero todavía me queda más o menos una hora antes de terminar con la sesión de fotos para una revista.
Mi agenda ha estado llena de días como este, y también he tenido que asistir a eventos como lanzamientos de marcas o inauguraciones.
Escucho el sonido de la cámara y el fotógrafo anuncia que hemos terminado. Le doy las gracias a todos por su trabajo y me inclino en una reverencia hacia el equipo.
Junto a mi mánager, paso a cambiarme de ropa antes de salir del estudio. Me quedo dormido en cuanto me siento en el auto.
—Ji Soo, Ji Soo.
Me mueven el hombro con suavidad.
—Ya llegamos a tu casa.
No me di cuenta de nada. Me paso las manos por la cara, y es entonces cuando recuerdo que no me quité el maquillaje. Estaba tan agotado que quería regresar pronto.
—Hyung, gracias.
Mientras salgo del auto, busco mi teléfono y me percato de que aún está apagado. Lo enciendo. Ya en el elevador, vibra en mi mano mientras las notificaciones llegan.
Le envío un mensaje a Sarang, aunque tal vez no me responda pronto; anoche me dijo que hoy tenía clases.
Ji Soo:
Hola, Sarang. ¿Cómo estás? ¿Ya comiste?
Acabo de regresar a casa del trabajo.
Hablamos más tarde.
Cuando las puertas del elevador se abren, veo a una chica al final del pasillo.
Lleva el teléfono en la mano y, al verme, se sorprende.
Apresuro el paso hasta mi puerta. No logro verle el rostro porque lo lleva cubierto con una mascarilla.
Veo cómo levanta su teléfono hacia mí y comienza a acercarse cuando llego hasta mi puerta.
Cubro con mi cuerpo la pantalla para que no logre ver el código y me apresuro a entrar.
La puerta se cierra tras de mí y escucho cómo comienzan a tocar la cerradura, introduciendo claves erradas.
Cambio la clave con frecuencia. Me acerco al teléfono interno del edificio y llamo a seguridad.
Pero mientras lo hago, escucho voces fuera de mi puerta, y luego tocan el timbre.
Me fijo en la cámara de la puerta y veo a dos de las personas de seguridad del edificio. Presiono el botón del intercomunicador.
—Hola.
—Señor, solo nos queremos asegurar de que está bien.
Abro la puerta para ellos. Al entrar, ambos hacen una profunda reverencia y me piden disculpas por lo que acaba de pasar.
—Estoy bien, pero debo llamar a mi agencia para que puedan poner la denuncia.
—Los ayudaremos en todo lo que necesiten.
—Gracias.
Cuando ambos se retiran, llamo a mi mánager. Me da un poco de pena hacerlo porque sé que está cansado, pero la agencia debe estar al tanto y poner una nueva denuncia.
Mientras espero a que mi mánager llegue, aprovecho para quitarme el maquillaje y darme un baño.
Mi cuerpo lo agradece, estoy agotado. Al salir, me pongo ropa para dormir, y aunque le dije que lo esperaría, no aguanto.
Igual, él tiene la contraseña y puede entrar.
Me acomodo en mi cama. Seguro me despertará cuando llegue.
Me despierto con el sonido de un teléfono, pero no es el mío, porque está sobre la mesita al lado de la cama.
Me muevo un poco y noto que las cortinas de mi habitación están cerradas, y no recuerdo haberlo hecho antes de acostarme.
Afuera me parece escuchar la voz de alguien.
Debe ser mi mánager. Me estiro lo más que puedo antes de sentarme en la cama.
Tengo hambre, pediré algo para cenar y luego me acostaré de nuevo.
Al tomar mi teléfono, me percato de que aún está en silencio y de que tengo una cantidad de mensajes y llamadas que es realmente una locura.
Por el momento solo escribo en el chat con los miembros.
Todos están preguntando si me encuentro bien.
Era de esperar que se enteraran de lo sucedido. Les aseguro que estoy bien.
Salgo de mi habitación, y es extraño, pero me parece escuchar hablar a Tae Yang. Y no estoy equivocado. Me lo encuentro en la sala, está al teléfono. Voy a la cocina para tomar un poco de agua mientras él termina su llamada. Busco en mi teléfono algo para comer.
—Pensé que nunca te levantarías.
—Anoche solo dormí un par de horas. Necesitaba descansar. ¿Qué haces aquí?
—La agencia nos llamó por lo que pasó.
Afuera ya es de noche, aunque no es tan tarde. El reloj marca las siete y cuarenta de la noche. Me siento en uno de los sillones y Tae Yang hace lo mismo del otro extremo de la sala.
—¿Cómo entró la chica?
—Están haciendo unos trabajos de renovación en una de las plantas. Estaba dentro del grupo de trabajadores. Aunque no creo que viniera a tomar medidas de nada. Estuve viendo los vídeos de las cámaras de seguridad, y se paseó por algunos de los pisos hasta que se encontró contigo.
—Qué suerte tengo.
—Ya se presentó la denuncia y la agencia envió un comunicado a la prensa.
—Por eso tengo tantos mensajes y llamadas.
—Hablé con Ji Hoon.
—Lo llamaré más tarde. Esto no es nada nuevo.
—Pero no debió pasar. Se supone que la seguridad es la prioridad, y es inaceptable.
—Estoy bien. La agencia se va a encargar de todo.
—Has tenido que vivir estas situaciones tan a menudo que parece que ya no te importa, pero en un momento esto se puede tornar peligroso.
—Lo sé, y no es que no me importe. He aprendido a que no me afecte como lo hacía al principio.
La primera vez que tuve un encuentro con una sasaeng, Han Bin, Soon Young y yo regresamos al dormitorio después de un día de prácticas.
Recuerdo que estábamos preparando nuestro siguiente disco.
El auto de la agencia nos dejó en el estacionamiento del edificio donde vivíamos, y al subir al piso, todo era normal, pero al abrir la puerta del apartamento, dos chicas aparecieron de la nada e intentaron entrar.
A pesar de nuestros esfuerzos por mantener la cortesía, la situación escaló hasta el contacto físico cuando intentamos impedirles el paso.
En medio de los gritos, Haru, que ya se encontraba en casa, llamó a nuestro mánager y salió a ayudarnos.
Luego de ese incidente, estuve varios meses un poco paranoico. Supe de casos donde el acoso de algunas fans terminó en urgencias, y no quería correr ese riesgo.
Nunca ha llegado a ser nada grave, pero, como todo, hay un momento en el cual llega a ser realmente molesto. Como todas las ocasiones en que he tenido que cambiar de número de teléfono.
—Pidamos algo de comer.
—No cambies el tema, Ji Soo.
—Ya no tengo veinte años, Tae Yang. Sé que es grave que una fan descontrolada, que piensa que soy de su propiedad, llegue hasta mi puerta. Pero no le quiero ceder el poder de mi tranquilidad.
Nos quedamos en silencio durante un largo rato. Sé que está preocupado, pero no puedo dejar que lo que sucedió me robe más energía. Pedimos la comida más picante que encontramos, y busco un par de botellas de soju.
—¿No tienes nada en tu agenda mañana? —me pregunta, señalando las botellas que pongo sobre la mesa del centro junto a los dos vasos.
—Solo tengo el ensayo de la tarde. Estaré bien, no será la primera vez.
Mientras comemos, hablamos de lo primero que se nos viene a la mente. Ya vamos por la cuarta botella de soju y mi mente comienza a desconectarse.
—¿Has estado viendo a Sarang? —Coloca con fuerza el vaso en la mesa.
Sí, hablamos de todo, pero no pensé que sacaría el tema. Y no es que se lo esté ocultando, pero he visto cómo él la trata, y me parece que no es solo una amiga.
—Sí, hemos salido un par de veces desde que regresé. Justo anoche nos vimos y fuimos al cine. Por eso casi no dormí.
—¿Al cine?
—Sí, al cine.
—Podemos ver una película en mi casa, si quieres.
—Sarang, vamos al cine. No va a pasar nada.
—Pero hay mucha gente en el cine. Nos pueden ver.
—Confía en mí.
Escogimos la película que iríamos a ver.
En un horario no tan temprano. Pasé por ella a su casa, y cuando llegamos al cine, le dije lo que debía hacer y dónde sentarse en la sala.
Contrario a lo que muchos piensan, la oscuridad de las salas de cine es el lugar perfecto para pasar desapercibido.
Con los miembros venimos cuando podemos, y también vengo solo.
Cuando la película está por iniciar, entro a la sala con las palomitas y los refrescos y me dirijo a los asientos.
En la última fila, los dos asientos a la mano derecha.
Vimos la película como cualquier pareja que va al cine.
Y antes de que encendieran las luces de nuevo, la tomé de la mano y la guie hacia una puerta en la parte del fondo, una que generalmente usa el equipo del cine, y por ahí salimos.
Fuimos a comer luego y nos quedamos hablando durante un par de horas.
—¿Ella te gusta? —Me señala con un dedo y suena amenazador.
Sacudo la cabeza tratando de enfocarme, y Tae Yang me mira mientras levanta su vaso para que le sirva.
—Sí, me gusta.
Lleno mi vaso también.
—A mí también me gusta.
No me sorprende que me lo diga. Ambos estamos borrachos, y los borrachos siempre dicen la verdad. Además, Tae Yang y yo nos conocemos desde que éramos adolescentes, llevamos mucho tiempo siendo amigos.
—Pero ella solo me ve como un amigo. —Ahora suena como si fuera a llorar—. ¿Vas... a llorar?
—No... no voy a llorar... por ella. Ni por ninguna mujer.
No sé cómo ni en qué momento llegué a mi cama. Me hace sonreír que a mi lado está dormido Tae Yang. Así ha sido nuestra amistad durante todos estos años.
Me levanto con cuidado y me dirijo al baño.
Necesito sacar de mi sistema parte del alcohol que llevo en el cuerpo.
Enseguida me doy un baño. Al regresar a mi habitación, Tae Yang ya no está.
Lo encuentro sentado en la mesa de la cocina, frente a él una botella de remedio para la resaca y un vaso de agua.
—¿Ramen?
—Me parece bien. Mi cabeza está por explotar.
—Te estás haciendo viejo, amigo. No fueron más que unas pocas botellas.
—Siempre recuerdo la primera vez que nos emborrachamos y que papá tuvo que ir a buscarnos.