No quiero pedir perdón CAPÍTULO 27 #3
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CAPÍTULO 27 #3

Al ver el lugar, entiendo por qué me dijo que podía venir aquí. Es un lugar pequeño y bastante discreto. Solo hay locales y gente adulta. Solo hay una mesa donde hay tres hombres jóvenes comiendo.

—Es perfecto.

Una sonrisa de satisfacción se dibuja en su rostro. La comida no tarda en llegar. Aunque su cabello solo le llega a los hombros, la veo sacar unas pinzas pequeñas y recogerlo. Eso me hace sonreír.

—Te has acostumbrado a la comida.

—Al principio fue bastante difícil. Pides poco picante, pero eso quiere decir muy picante.

—Cuando regresé de Estados Unidos me tuve que acostumbrar nuevamente. En casa, mi padre no lo tolera, por lo que la comida tiene un nivel bastante moderado. Pero al regresar y salir con los miembros, fue una historia diferente.

Estamos sentados uno frente al otro, y aunque la distancia es corta, me gustaría estar más cerca de ella.

No se siente lejana; ahora está tranquila, como si el no estar rodeada de gente le diera paz, y no quiero que se sienta así.

Pero también sé que, si esto avanza, como deseo que pase, tendré que buscar la manera de que esté tranquila.

Al terminar de comer, nos levantamos, y al dar un par de pasos, siento un tirón en la rodilla.

Trato de no hacer ningún gesto. Pago y salimos nuevamente a la calle.

Caminamos unas cuadras y ella se detiene a tomar fotos.

Cuando se distrae, aprovecho para tomarle una foto.

Recorremos algunas de las calles menos concurridas, y aunque caminamos en silencio, no se siente incómodo. Se siente calmado.

Entramos a uno de los mercados y vamos por los pasillos.

Ella observa con detenimiento todo y me señala lo que más le llama la atención.

Es momento de regresar. Es temprano aún y no quiero que esto termine, pero debo tomarlo con calma.

Viene muy callada. Estamos a pocas cuadras de su edificio cuando se gira hacia mí.

—¿Te gustaría entrar y conocer mi casa?

Sus palabras me sorprenden mucho, y estoy seguro de que en mi rostro se refleja, porque su expresión cambia.

—Disculpa si ha sido atrevido de mi parte preguntar. No tienes que hacerlo si no quieres o si esto te traería problemas.

—No, digo, sí. —Ya no sé ni lo que digo—. Sí me gustaría, y no, no habrá problemas. No pasará nada si nadie se entera de que estoy allí.

Hace poco, un miembro de otro grupo estuvo envuelto en un escándalo porque su exnovia filtró unas fotos de él en una visita a su casa. Las fotos se hicieron virales tan rápido, y la gente sigue hablando de ello.

Sarang vive en un área exclusiva de Seúl.

Al entrar al estacionamiento del edificio, me indica el espacio donde puedo dejar mi auto.

A medida que me guía hacia su casa, me percato de que la seguridad para acceder al edificio es tan férrea como en el mío.

Su apartamento está en el piso veinticinco.

Al entrar, saca de un mueble al lado de la puerta unas pantuflas para mí.

Me quito los zapatos y también el abrigo. Ella hace lo mismo.

Todo está limpio y ordenado. Es un lugar grande y muy luminoso.

—Déjame mostrarte mi casa. Vivo aquí desde que me mudé a Seúl.

Pasamos por la cocina y las áreas comunes. Luego me guía por un pasillo donde me imagino que están las habitaciones.

—Esta es la habitación de invitados. La usan mis papás cuando vienen. También Claire, ella es mi mejor amiga. Vive en Australia. Aunque debo decir que le gusta instalarse en mi habitación para poder hablar toda la noche.

La habitación es amplia y también muy luminosa, como todo el espacio.

—Esta es mi habitación.

Antes de que abra, le digo que no es necesario que me la muestre. Abre la puerta de igual manera. Es un lugar grande y sencillo. Una amplia cama, lámparas de noche a los lados con sus mesitas. Veo libros, y sobre la cama, lo que parece una libreta. Transmite mucha calma.

—Y este es mi lugar de trabajo.

Me señala la puerta al otro lado del pasillo.

Al abrir la puerta, me encuentro con una oficina en una habitación tan amplia como las anteriores.

Me atrevo a dar unos pasos dentro y ella no me lo impide.

Hay un ventanal con una vista de la ciudad, igual que en la sala.

Un escritorio bastante elevado para que puedas estar de pie.

Sobre él hay una pantalla bastante grande, e igual, una laptop al lado.

—¿Aquí trabajas? —Me acerco al escritorio.

Ella se acerca tras de mí y toca un botón que hace que la mesa baje.

—Sí. Paso muchas horas aquí. Por eso compré este escritorio.

En la pared contraria hay una gran estantería llena de libros.

Me acerco para ojear los títulos. Hay muchas novelas románticas, y también hay variedad de libros de historia, guías de viaje, libros de decoración.

Es una mezcla interesante. Hay una de las estanterías que atrapa mi mirada porque contiene el mismo libro en varios idiomas.

Miro los títulos, y uno de ellos me resuena: Atardecer a la sombra de un cerezo.

Lo tomo. La portada me deja asombrado. Es una mezcla de colores donde se ve un dibujo del Palacio Gyeongbokgung rodeado de flores de cerezo.

Chloe Ross es el nombre de la autora. En la parte de atrás, el libro habla de un romance con viaje en el tiempo a la era Joseon.

No suelo leer este tipo de libros, pero me llama mucho la atención.

Me he concentrado tanto en ver los libros que doy un respingo cuando Sarang me habla.

—¿Te llamó la atención? —Ve mi expresión—. ¡Oh! No quería asustarte.

Me giro hacia ella y la veo sonreír.

—No suelo leer novelas románticas, pero esta sí me ha llamado la atención. —Señalo la estantería—. ¿Por qué hay tantas copias? ¿Tienes un negocio de venta de libros?

—Se podría decir que sí.

Con suavidad, me quita el libro de las manos, se acerca al escritorio y busca un bolígrafo. La observo mientras escribe algo en la primera página del libro. Cuando termina, devuelve el bolígrafo a la caja donde estaba. Cierra el libro, se acerca a mí y me lo devuelve.

—Es para ti.

Me sorprende el comentario. Abro el libro y leo lo que ha escrito. Está en coreano, con una caligrafía elegante.

Para Ji Soo:

Espero que disfrutes de esta historia tanto como yo lo he hecho al escribirla. Esta novela fue la que me trajo hasta Corea y tiene un lugar importante en mi vida.

Con cariño, Chloe Ross (Sarang)

Levanto la mirada, sorprendido, y ella sonríe.

—¿Tú eres Chloe Ross?

Ella asiente varias veces.

—¡Wow! Me dijiste que das clases en una universidad.

—Y no es mentira. Doy clases de literatura en la universidad. Pero no es mi trabajo principal. Aunque no diría que escribir es un trabajo. Realmente escribir es algo que me apasiona. Es el motor de mis días.

Se acerca a la estantería y pasa la mano por los lomos de los libros, que ahora noto que todos tienen el nombre de Chloe Ross.

—Estas son todas las novelas que he escrito, y las ediciones de cada vez que han sido traducidas a otros idiomas. Mi agente me envía siempre varias copias.

La miro con asombro; nunca pensé que me encontraría con esto.

—Así como Ji Soo y R.E.D. son la misma persona, Leilani y Chloe también lo son. —Sonríe.