No quiero pedir perdón CAPÍTULO 27 #2
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CAPÍTULO 27 #2

—Hola, no pasa nada. Iba a intentar de nuevo más tarde.

—¿Cómo estuvo tu vuelo?

—Tranquilo, dormí la mayor parte del viaje.

—Es un viaje largo.

—Lo es, pero casi no lo noté. —Me llevo un bocado de comida a la boca—. Discúlpame, estoy comiendo.

—No tienes que disculparte. Es más, eso me recuerda que debo hacer lo mismo.

—¿Te molesta si cambio la llamada a vídeo?

—No, pero dame unos minutos para calentar mi comida.

Como me lo pide, espero unos minutos hasta que me avisa que está lista, y hago el cambio en la llamada. Cuando su rostro aparece en la pantalla, tengo una sensación que hace mucho tiempo no tenía.

Ella de verdad me gusta.

Mientras comemos, hablamos de nuestro día, y ella se sorprende cuando le digo que inclusive fui al gimnasio.

—Pensaba que estarías todo el día durmiendo o descansando.

—Hay ocasiones en las que puedo pasar el día sin hacer nada, pero hoy no es uno de ellos.

—Yo no podría, pero creo que tiene que ver con el ritmo que llevan.

—Igual, ya tenía una semana de estar descansando. Un viaje largo de regreso, pero está bien.

Termino de comer y la observo mientras ella sigue con su comida. Mi mente comienza a trabajar, necesito verla en persona.

—Mañana tengo una reunión de trabajo, pero al día siguiente no tengo nada en mi agenda. ¿Quieres que salgamos ese día?

—Tengo una reunión a las nueve de la mañana, pero después tengo el resto del día libre.

Noto preocupación en su voz.

—¿Algo te incomoda?

—Es que siento que te vas a exponer al salir conmigo.

—No te preocupes. Siempre hay una forma de hacerlo. Confía en mí.

Al llegar a la agencia, en vez de ir a la sala de juntas, voy al estudio de grabación. Seguro voy a encontrar a Hyun Jae allí. Y, en efecto, así es. También están Se Rim y Hyun Sik. Nos saludamos y me acerco a Hyun Jae.

—Espero que no hayas venido directo del aeropuerto.

—Estuve en casa todo el día ayer.

—Jugamos casi todo el día. —Hyun Sik se une a la conversación—. Tú, ¿qué hiciste ayer?

—Limpiar e ir al gimnasio.

—Prefiero quedarme jugando.

Se Rim está en uno de los sillones con su teléfono en la mano. Me siento a su lado y él levanta la mirada del aparato.

—Hyung, ¿cómo estás?

—Tranquilo, he descansado mucho estos días. Casi no he tenido nada en agenda. He pasado tiempo con mi familia y también con Si Hyeon.

—Mañana voy a pasar el día con Sarang.

—Mmm, Sarang.

—Su nombre es Leilani, pero sus amigos la llaman Sarang.

—¿Dónde irán?

—Estoy planeando ir a Suwon.

—Hay un restaurante que me gusta mucho. Te paso el nombre.

—Gracias.

Antes de que podamos seguir hablando, uno de los mánagers aparece para pedirnos que vayamos a la sala de juntas.

Mi agenda tiene un par de cambios, pero en general voy a tener mucho tiempo libre antes de que volvamos a salir del país.

Tengo que aprovechar todo este tiempo para poder estar con Sarang.

Durante el mes que estuve fuera, sentí que avanzamos mucho.

Ahora no va a existir la distancia física, y espero que nos lleve a que en realidad lleguemos a tener una relación.

Luego de la reunión, Hyun Jae me pide que me quede un rato más, y regresamos al estudio.

—Quiero que escuches algo.

La canción en la que trabajamos mientras estuvimos en Los Ángeles está terminada.

Escucharla por primera vez hace que se me erice la piel.

Cuando la escribí, estaba lleno de odio y rabia.

Mi carrera me ha traído momentos increíbles, y la energía de los fans es un motor que nos impulsa a seguir adelante.

Pero también ha traído gente que piensa que tiene el derecho de invadir nuestro espacio personal.

Que somos de su propiedad. Una vez, hace mucho tiempo, leí un comentario que decía que sin ellas no podríamos sobrevivir.

Que si ellas no compran nuestros discos o conciertos, nos moriremos de hambre.

Que ellas nos pusieron donde estamos, que somos populares gracias a ellas.

Y que, así como nos hicieron crecer, de la misma forma nos podían hacer caer. Y la caída sería muy fuerte.

Si en el momento que escribí la canción la hubiera grabado, sé que sonaría totalmente diferente. Cuando le envié el demo a Hyun Jae, no quise escucharlo, porque era agresivo, estaba fuerte. Al momento de grabarla, estuve consciente de que el sentimiento estaba ahí, pero la rabia había disminuido.

Pero ahora, al escuchar la versión final, no puedo negar que Hyun Jae le dio ese giro que necesitaba. Se nota la rabia, pero ya no de forma agresiva. El sentimiento es palpable, y estoy seguro de que, si llega a salir en algún momento, debo prepararme para la ola de comentarios que va a generar.

—Jagiya, ¿te he dicho que eres un genio?

—Tú eres el artista. Solo agregué algo aquí y allá.

—Es mucho más que eso.

—Esta canción no es para quedarse en el cajón, y tú lo sabes, Ji Soo.

—No creo que con los planes de este año se pueda.

—Podemos hablar para que entre en la planeación del próximo. Tienes suficientes canciones para hacerlo.

Con esas palabras dándome vueltas en la cabeza, salgo del edificio de la agencia.

Sarang movió su reunión más temprano, por lo que quedamos en que a las nueve y media pasaré por ella a su casa.

Al llegar al complejo de apartamentos, me dan acceso al estacionamiento subterráneo, y le envío un mensaje para avisarle que la estoy esperando.

Unos minutos después la veo salir de uno de los elevadores.

Me bajo del auto y ella sonríe al verme.

Siento el impulso de acercarme, y por unos pocos segundos me debato entre hacerlo o no.

Al final gana el impulso, y doy unos pasos hacia ella y la envuelvo en mis brazos.

Siento sorpresa en ella y su cuerpo tenso, pero casi de inmediato pasa, y rodea mi cintura con sus brazos, y eso me hace soltar el aire que no me había percatado que estaba conteniendo.

Luego de un momento me separo de ella y la guío hasta la puerta del auto.

Al colocarme al volante, veo que su sonrisa es aún más grande.

—Hola, Sarang. Espero no haberte incomodado. Parece que últimamente tengo el poder de hacerlo.

—No me incomodó, mejor dicho, estoy sorprendida.

—¿Sorprendida? Eso es bueno.

Pongo el auto en marcha y salgo a la avenida principal.

—¿Qué haremos hoy?

—¿Conoces Suwon?

—He ido un par de veces.

—Hoy vamos a ir a esos lugares donde no van los turistas. Alguno de los mercados; uno de los miembros me recomendó un restaurante. Yo tengo mucho tiempo sin ir, por lo que será interesante.

—¿Estás seguro de que no tendrás problemas?

—Aunque no lo parezca, también salgo como cualquier otra persona. Sí, tal vez no voy a lugares muy concurridos o salgo en horarios donde hay menos gente, pero sí lo hago.

—¿Cómo es un día normal para ti?

—Mis días normales involucran trabajo. —Ambos sonreímos—. En un día de descanso, me levanto tarde y hago lo que cualquier otra persona. Limpiar, lavar ropa. Voy al gimnasio o voy a visitar a mi sobrina.

Durante los treinta minutos que tardamos en llegar a Suwon, hablamos de todo lo que se nos ocurre, y estoy tan cómodo con ella que me siento un poco extraño.

Mi círculo es muy reducido. Me han pasado situaciones a lo largo de los últimos años con gente que solo busca acercarse a mí para sacar ventaja, así que sentirme cómodo con alguien me lleva tiempo, y en muchas ocasiones no llega a suceder.

Al llegar a Suwon, busco un lugar para estacionarme cerca del restaurante. Tenemos que caminar un poco, pero el clima es perfecto para hacerlo.

Antes de salir del auto, me giro hacia ella y la noto un poco nerviosa. Observa por la ventana con mucha atención.

—Sarang, ¿pasa algo? —Se gira hacia mí—. ¿Estás seguro de que es una buena idea estar a la vista de tanta gente? —Vuelve a mirar por la ventana.

Sigo su mirada, y sí, hay mucha gente, pero cada uno está dedicado a lo suyo, sin prestar atención a lo que pasa a su alrededor si no es necesario hacerlo.

Sí, es arriesgado lo que vamos a hacer. Siempre existe la posibilidad de que alguien me reconozca o que me tomen una foto sin planearlo.

O que, a pesar de planear mis salidas, alguna sasaeng me haya seguido.

Pero si me pongo a pensar en todas las probabilidades, no saldría de casa nunca.

—Esto es lo que vamos a hacer. Cuando salgamos del auto, seré solo Ji Soo. Olvídate de la gente que hay alrededor. Si no llamamos la atención, no se van a interesar en nosotros.

Ella respira hondo varias veces y me mira directo a los ojos.

—Creo que puedo hacerlo.

—Todo va a estar bien. Solo vamos a caminar un poco hasta el restaurante.

Le doy un par de minutos para que logre calmarse y bajamos del auto. Me he puesto una gorra y mis lentes. No llevo nada llamativo. Nada que pueda atraer las miradas hacia mí.

Los primeros cien metros son los más difíciles para ella, pero cuando por fin se percata de que la gente no nos está mirando, puedo ver cómo se relaja. Y eso también hace que yo me relaje. Caminamos durante un rato en silencio. Para ser un día en medio de la semana, hay mucha gente.

Le señalo por dónde debemos continuar para llegar al restaurante. Cuando salimos de la vía principal, ya no hay tanta gente. Se nota que son más locales en su día a día. Reviso mi teléfono para asegurarme de que vamos por la zona correcta.

Cuando llegamos, nos encontramos con un lugar pequeño y aprovechamos que una de las mesas se está desocupando.

Nos sentamos, y ella mira con mucha atención todo lo que hay a nuestro alrededor.

No luce preocupada, solo está observando todo.

El menú es bastante simple. Mientras esperamos la comida, nos sirven el banchan y agua. Le sirvo un vaso y se lo doy.

—Me encantan estos restaurantes. Se sienten tan confortables. Es como ir a la casa de un familiar.

—Y donde siempre encontrarás buena comida.

—¿Uno de tus compañeros te lo recomendó?

—Sí, Se Rim. Creo que ha venido algunas veces.