CAPÍTULO 27
De vuelta a ella
R.E.D.
La gira terminó hace una semana, pero Hyun Jae y yo nos quedamos en Estados Unidos.
Estuvimos haciendo música. Por fin pude grabar aquella canción que, con tanto enojo, escribí cuando pusieron un localizador en el auto de la agencia.
No tengo la menor idea de si en algún momento saldrá a la luz, pero me he divertido en el proceso, e hice una especie de catarsis con esta canción.
Hoy es nuestro último día en Los Ángeles. Hyun Jae y yo salimos a caminar un rato. Hicimos algunas compras y almorzamos tarde en un restaurante que encontramos. Regresamos al hotel, dormimos por unas horas, y luego, cuando el sol comienza a caer, volvemos a salir para caminar un poco más y cenar.
Hemos reservado en un restaurante bastante conocido, y al llegar doy mi nombre para que revisen la reserva.
Ya en nuestra mesa, nos sirven agua y nos dan el menú.
—Mañana dormiré todo el viaje, y seguro que cuando llegue a casa dormiré otras diez horas. —Hyun Jae estira los brazos sobre su cabeza—. Ya necesito mi cama.
—Yo también. Me gustaría decir que no haremos mucho en este mes, pero estoy seguro de que no será así.
—Algo podremos descansar.
—Espero que no vayas al estudio todos los días.
—No necesito ir, tengo uno en casa.
Ambos reímos. Mientras decidimos lo que vamos a comer, solo por curiosidad, observo a nuestro alrededor.
Nadie nos está mirando, y es un alivio que no nos presten atención.
Agradezco estos momentos en los cuales solo somos un par de comensales en un restaurante.
Sin que nadie saque su teléfono para tomar una foto, ya sea de forma obvia o intentando ocultar la cámara.
O que se aglomere la gente fuera del lugar para esperar a que salgamos y acercarse.
Pedimos cuando uno de los meseros se acerca, y aprovechamos también para pedir unos tragos. Whisky y vodka.
—¿Vodka? ¿Cuándo vas a unirte al resto?
—Hyung, no insistas. El vodka está bien para mí.
Me parece estar escuchando a Se Rim. Aún recuerdo la primera vez que Han Bin lo probó.
—Creí que tendríamos que llamar al doctor.
Durante un rato platicamos de nuestras anécdotas.
Cuando llegan nuestras bebidas, hacemos un brindis, y como la comida no demora en llegar, tomamos algunas fotos y le pedimos al mesero que nos tome unas para enviarlas al chat de grupo.
También le envío una a Sarang. Dejo el teléfono sobre la mesa mientras comemos.
En mitad de la comida llega su respuesta y tomo el teléfono de inmediato.
Estoy seguro de que parezco un tonto sonriéndole al aparato.
—Ella realmente te gusta. Hace mucho tiempo que no te veía así.
En la primera noche que pasamos en la ciudad luego de que todos los miembros regresaran a Seúl, le conté a Hyun Jae sobre Sarang.
No tenía motivo para ocultarle lo que estaba pasando.
Si esto seguía avanzando, tendría que contárselo a todos.
Sí, es mi vida privada, pero al final, si en algún momento surgiera algún problema, ellos tienen el derecho de saberlo.
—No puedo negarlo. Sí, me gusta.
Creo que es la primera vez que lo digo en voz alta.
Leilani me gusta mucho y quiero regresar a casa para verla.
A lo largo de este mes que he estado fuera, nuestras conversaciones, prácticamente inexistentes al inicio, pasaron a ser llamadas diarias.
Hablamos de muchos temas, y he llegado a la conclusión de que lo mejor en este tiempo es que conozca a Ji Soo y que pueda separar al hombre del artista.
Aunque, al final, uno no puede existir sin el otro, espero que lleguemos a tener suficiente tiempo juntos para que pueda también convivir con esa parte de mi vida.
Será difícil, pero no imposible. Solo espero que ella esté dispuesta.
Luego de la cena y de unos cuantos tragos, estamos listos para regresar al hotel. Al levantarme, siento un tirón en mi rodilla izquierda. Me paso la mano por la rodilla y la muevo con cuidado.
—Hyung, ¿estás bien?
—Sí, creo que se me durmió la pierna de tanto tiempo sentado. Estoy bien.
De vuelta en mi habitación, me meto a la ducha. No estoy borracho, pero sí estoy bastante achispado. Me tomo una botella de agua que saco del minibar antes de llamar a Sarang.
—Hola, Ji Soo.
—Hola, Sarang. ¿Estás en casa?
—Acabo de llegar, salí a comer con Hyun Jin. Dame un minuto para sacarme el abrigo.
Por un momento se apaga la cámara, pero puedo escucharla moverse por su casa. Escucho el golpe de lo que parecen zapatos y algo más pesado que cae sobre el suelo. Pasos, y luego la cámara vuelve a activarse.
—Aquí estoy. ¿Cómo estuvo tu cena?
—Bien. Comimos demasiado y tomamos algunos tragos.
—Con razón tus ojos se ven un poco brillantes.
—¿No brillan siempre?
Ella sonríe, y a mí me parece la sonrisa más hermosa.
—Parece que el alcohol hace que te relajes.
—Mi relación con el alcohol es mucho más cordial ahora. Pero, igual, con o sin alcohol, puedo decirte lo mucho que me gustas.
Su rostro cambia, y ahora su sonrisa se transforma en una más tímida, pero aun así sigue mirando a la pantalla. A pesar de que estamos tan lejos, me siento como si estuviera aquí a mi lado.
—No quiero hacerte sentir incómoda, pero tenía que decírtelo.
Hoy se lo comenté a uno de los chicos, pero más que él, tú necesitabas saberlo.
—Su expresión me hace sonreír—. Creo que en realidad sí estoy un poco borracho.
Pero no quiero que pienses que mis palabras no son sinceras o que solo son producto del alcohol.
—Es solo que me tomó por sorpresa que fueras tan directo.
—En muchas ocasiones debo serlo, porque esta industria en la que trabajo no me permite tomar las cosas con calma. No quiero asustarte, y lo digo en serio. —Levanto las manos.
Nos quedamos unos segundos en silencio.
—Mañana estaré de regreso en Corea. Necesito dormir en mi cama hasta que mi cuerpo lo decida. Pero luego de eso te llamo para que nos podamos ver. ¿Te parece bien?
—Creo que tenemos un plan.
—Genial. Nos vemos pronto, Sarang.
—Que tengas un buen viaje, Ji Soo.
Hyun Jae y yo entramos al país de forma tranquila. Sin fotógrafos ni fans esperando por nosotros en el aeropuerto. Nos despedimos en el estacionamiento y cada uno toma su camino de regreso a casa.
Ya en mi apartamento, antes de desmayarme en mi cama, voy a la lavandería y abro mi maleta. No tengo intención de ponerme a lavar, pero el dejarla abierta ahí hace que lo haga más rápido. Luego me doy un baño con agua caliente.
Al salir, me visto y le envío un mensaje a mi familia para avisarles que he llegado bien a casa. Me aseguro de cerrar todas las cortinas de mi habitación, de poner mi teléfono en silencio, y por fin me acomodo en mi cama. A la hora que despierte estará bien.
Mientras preparo algo para desayunar, aunque en realidad es hora de almorzar, reviso mi teléfono.
Tengo mensajes de mi familia y también algunos de los miembros.
Estaremos casi un mes y medio en casa para luego volver a salir para la siguiente etapa de nuestra gira.
Reviso mi agenda, aunque sé que hoy no tengo nada.
Mañana debo ir a la agencia para una reunión y, seguro, una actualización de actividades.
Tengo algunos photoshoots para revistas y eventos a los que debo asistir.
Miro el reloj: es casi la una de la tarde.
Si inicio ahora puedo tener una tarde bastante completa.
Lo primero que haré al terminar de desayunar es poner la lavadora.
Mi casa está limpia. A pesar de haber estado mucho tiempo fuera, mi hermano me ayuda con una persona de confianza que se encarga de la limpieza.
Dejo los platos sucios en el fregadero y, antes de ponerme a limpiar, me acerco a donde dejé mi maleta abierta ayer.
Separo la ropa y la pongo en la lavadora.
Paso las siguientes dos horas entre lavar ropa y guardar todo lo que compré en Estados Unidos.
Me doy una ducha y, al salir, me pongo ropa para ir a entrenar.
Tengo un espacio en mi apartamento y también puedo hacerlo en el gimnasio de mi edificio, pero hoy quiero salir y caminar.
Tomar el metro como cualquier otra persona e ir a un gimnasio que me gusta.
Antes de salir de casa, me aseguro de cubrir lo necesario.
Una gorra. Llevo puestos mis lentes y no llevo nada llamativo.
Salgo por una de las puertas laterales del edificio y camino hasta la estación del metro. Todos están más atentos a sus teléfonos que a las personas que van a su alrededor, y eso es una ventaja para mí.
Cuando llego, saludo a algunos de los chicos que conozco, y uno de los entrenadores se me acerca.
—Yah, Ahn Ji Soo, ¿cuándo regresaste? —Chocamos las manos y los hombros.
—Anoche.
—Deberías estar descansando.
—Esto es un día de descanso para mí.
Hago una rutina completa, y al terminar siento nuevamente un tirón en mi rodilla izquierda.
—¿Te está molestando la rodilla? —El entrenador se acerca a mí.
—Es un tirón nada más.
—Deberías hacerte un chequeo. Los bailarines tienden a sufrir desgarros y es mejor prevenirlo a que llegues a cirugía. Vuelve a casa y descansa.
Pido un taxi para regresar. En el camino solo me dedico a ver por las ventanas del vehículo cómo la gente en la ciudad se mueve.
En casa, pido comida a domicilio, saco la ropa de la lavadora y pongo la siguiente.
Me doy una ducha y, al salir, mientras espero que llegue la comida, pongo una bolsa de hielo en mi rodilla y me acuesto en el sofá.
Han pasado unos minutos y creo que me he quedado dormido.
El intercomunicador del edificio está sonando; debe ser mi comida.
Pocos minutos después, personal del edificio toca a mi puerta y salgo por mi paquete.
Tomo mi teléfono y, mientras me acomodo en el suelo de la sala, decido que es buen momento para hablar con Sarang. Estoy a punto de colgar porque ha timbrado bastante y no hay respuesta, pero cuando estoy por hacerlo, su voz se escucha del otro lado.
—Hola, lo siento, no escuché el teléfono —dice de forma apresurada.