CAPÍTULO 26 #3
Se gira hacia mí. Sus ojos se llenan de lágrimas y se abalanza sobre mí. La abrazo mientras llora.
No sé cuánto tiempo pasa hasta que se calma.
Y en el mismo silencio le acerco la taza de té, y a pesar de lo que pensaba, la recibe y le da unos sorbos.
Mientras lloraba abrazada a mí, trajeron la avena, pero no sé si la va a recibir.
Aun así, lo intento, y aunque no se la come toda, por lo menos come la mitad.
Al terminar, la ayudo a acostarse y me quedo un rato solo sentada a su lado. Para mi sorpresa, se queda dormida al cabo de unos minutos. Debe estar agotada. Con cuidado, cierro las cortinas y salgo de la habitación.
De vuelta en mi habitación, al entrar, mi teléfono está sonando. En la pantalla veo el nombre de Ji Soo. Abro la videollamada. Me sorprende un poco el ángulo, ya que está acostado en su cama, de costado.
—Hola, Sarang.
—Hola, Ji Soo.
—¿Estás ocupada?
—No, pero no estoy en mi casa. Estoy en Busan, en la casa de los Park.
Su rostro refleja un poco de extrañeza, pero cambia de inmediato.
—Oh, he ido un par de veces con Tae Yang.
Decido adoptar la misma posición que él. Estoy cansada después de todo este viaje inesperado. Él sonríe. Sé que es tarde, muy tarde para él. Pero a través de nuestras llamadas he aprendido que sus horarios son tan locos que sus horas de sueño son igual de locas.
—Ya casi terminan la gira.
—Solo nos quedan dos conciertos más, y luego de eso podremos descansar un poco.
—Es bueno que puedan descansar.
—Seguro tendremos algo en nuestras agendas, pero no tan apretada como ahora. Pero no hablemos de mi trabajo. Cuando termine la gira por completo, tomaremos un descanso más largo. Serán unas vacaciones. Quiero pasar tiempo con mi familia y con mis amigos. Quiero pasar tiempo contigo.
¿Es muy temprano para que sienta que el corazón se ha saltado un latido al escucharlo decir que quiere pasar tiempo conmigo?
Nos quedamos unos minutos en silencio y solo nos observamos por la pantalla. En un momento, sin querer, bostezo. Estoy cansada.
—Vamos a descansar.
—A veces se me olvida que no estamos en el mismo horario. Debes estar cansado por el viaje.
—Dormí en el avión. Luces cansada, intenta tomar una siesta. Hablamos pronto.
—Hasta luego, Ji Soo.
—Hasta luego, Sarang.
Al cerrar la llamada, tengo una sensación de tranquilidad que me hace relajarme por completo.
Me acomodo en la cama, y mientras lo hago, mi mente comienza a dibujar una historia.
Una en la cual una chica conoce a una estrella de la música y, sin darse cuenta, comienza a sentirse bien con solo escuchar su voz.
Mi cuerpo se siente cada vez más pesado.
Me despierto asustada. Miro alrededor. Me toma unos minutos orientarme.
Afuera es de noche, y mientras me siento en la cama, escucho un fuerte ruido afuera.
Algo pesado cayendo en la piscina. Sacudo la cabeza por unos segundos, y es cuando recuerdo que no estoy sola.
Me levanto apresurada y corro a la habitación de Hyun Jin.
La puerta está abierta y ella no está dentro.
Entonces corro de nuevo por el pasillo hasta las escaleras.
Estoy a punto de caerme en mi camino hacia el jardín.
Al llegar al borde de la piscina, la veo en el fondo, y sin pensarlo me lanzo.
Cuando llego hasta ella, la tomo del brazo y ella abre los ojos.
Sin poner resistencia, me deja sostenerla y ayudarla a subir a la superficie.
—¿Estás bien? Hyun Jin, contéstame.
Nos acercamos a la escalera y la ayudo a salir de la piscina.
Una de las empleadas de la casa ha aparecido y trae dos toallas.
Luce preocupada, pero se mantiene en silencio.
Envuelvo a Hyun Jin en una toalla y tomo una para mí.
La llevo adentro y la acompaño a su habitación.
Espero a que se cambie de ropa antes de volver rápido a mi habitación para hacer lo mismo.
Al regresar, me encuentro dos tazas de té caliente sobre una de las mesitas.
Le ofrezco una a Hyun Jin y tomo la otra.
Ambas le damos sorbos, y se siente tan bien.
La observo durante un rato antes de hablar.
—Aquí estoy para acompañarte. Sabes que no tienes que contarme lo que pasa si no estás lista para hacerlo. Solo te pido que no intentes hacerte daño.
Es ahora ella quien me observa durante un largo rato.
—No quería hacerme daño. Solo quería que mis pensamientos se detuvieran por un rato.
—Me asusté mucho.
—Lo siento.
Nos volvemos a quedar en silencio. Sobre la mesita, al lado de su cama, su teléfono se ilumina, y veo la hora: son las ocho y media.
—Él me gusta. Me gusta mucho. —Hace una pausa y, luego de un fuerte suspiro, continúa—. Pero no podemos estar juntos, no en este momento.
Me cuenta sobre su encuentro en Atlanta, y sus palabras están llenas de ilusión. Son palabras de amor. La escucho con atención y siento que hay algo que no me está contando, pero no pienso presionarla. Estoy bien con el simple hecho de que ya esté hablando.