No quiero pedir perdón CAPÍTULO 26
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CAPÍTULO 26

Aquí estoy

Sarang

Hace unos días, Hyun Jin viajó a Estados Unidos para unirse al equipo de la gira, y aunque fui al aeropuerto a despedirla y todo parecía estar normal, sé que no era así.

Antes de su viaje nos vimos para cenar, y la conversación fue realmente tensa.

—Entiendo que estés trabajando en tu nueva novela, pero eso no debe ser motivo para que te aísles del mundo.

—Hemos pasado por esto infinidad de veces en el tiempo que llevamos de conocernos. Necesito concentrarme por completo en mi trabajo.

—Sí que hemos tenido esta conversación demasiadas veces.

Su comentario me pareció un poco pasivo-agresivo y no entendía por qué estaba así. Trato de ser discreta y de no preguntar por temas personales, pero en esta ocasión sentí que algo estaba pasando y no me podía quedar solo esperando a que decidiera contarme.

—¿Algo te molesta?

Su mirada se desvió hacia un costado y la vi respirar hondo varias veces antes de responderme.

—Todo está bien.

—Mientes. Te conozco hace unos años, y aunque respeto tu espacio y siempre espero a que me cuentes lo que quieras contarme, hoy es diferente. Estás irritada e intento saber qué pasa. Deberías estar feliz de que dentro de poco vas a ver al chico que tanto te gusta.

—¿Y quién dice que no lo estoy?

—Detente ahí, Park Hyun Jin. —Realmente, para mí fue extraño verla así—. Si no quieres hablar sobre ello, hablemos de algo más.

—¿Quieres que le dé algún mensaje de tu parte a Ji Soo?

No era precisamente el tema del cual quería hablar. Miré mi teléfono, que estaba sobre la mesa, y recordé que hacía dos días había recibido un mensaje de él. Lo leí y me dije que lo respondería cuando terminara de trabajar, pero nunca lo hice. Lo olvidé.

—No es necesario. Yo puedo comunicarme con él.

—Sarang, me has dicho que no quieres que actúe como casamentera, y te aseguro que no voy a hacerlo en este momento.

Solo te repetiré lo que te he dicho varias veces.

Date la oportunidad de conocerlo. Sí, soy consciente de que no es algo fácil debido al mundo en el que se mueve, pero si lo miras desde otro ángulo, es alguien que vale la pena conocer.

No tienes que iniciar una relación romántica, pueden ser amigos.

O, simplemente, decirle que no estás interesada y que cada uno continúe su camino.

Sus palabras me hicieron recordar la cita en el café.

La persona que conocí en ese momento es totalmente diferente a lo que se ve en las redes sociales y en la prensa.

Pero cuando pude ver a esa persona, él debía embarcarse en una gira.

Y yo no lograba entender cómo podría seguir conociéndolo estando tan lejos.

Los mensajes que recibía eran relacionados con su trabajo.

Y es algo estúpido, pero me sentía desconectada.

No sé cuál es el mejor camino a seguir. Me crea ansiedad todo esto y no quiero sentirme así.

Ahora me pregunto: ¿qué es lo que quiero? ¿Quiero darme la oportunidad de conocerlo? ¿O debo dejar todo como está y seguir cada uno por su lado? ¿Qué es lo mejor para mí?

Busco mi teléfono; todavía el mensaje está sin contestar. Han pasado casi dos semanas. Hyun Jin me contó que ya están en Atlanta. Para mí son casi las dos de la tarde, y para él, la una de la mañana. Sé que es tarde, pero igual le escribo.

Leilani:

Seguro estás descansando.Pero quería decirte hola.

Los ventanales de casa están un poco empañados.

Afuera hace frío; no ha nevado hace un par de días, pero en los pronósticos dicen que mañana sí pasará.

Me gustaría estar en la playa en estos momentos, pero ahora mismo Sídney no es un lugar al que quiero regresar.

Me duele por mis padres y por Claire, pero ha sido un retroceso para mí lo que viví.

Pensar en ello me hace sentir aturdida. He vuelto a las terapias porque siento que es necesario.

Escucho el pitido de la secadora. Dejo el teléfono sobre el sillón. Voy a sacar la ropa para doblarla y ponerla en su lugar. Haré eso antes de regresar a trabajar.

Tomo la canasta con la ropa y regreso a la sala. Antes de comenzar, voy por una copa de vino y también pongo música. Esto hará la tarea un poco más amena.

Estoy casi terminando cuando busco mi teléfono, que ha quedado enterrado bajo la ropa, y es cuando me percato de que tengo un mensaje de Ji Soo.

Ji Soo:

Aún estoy despierto.

Cenando.

Leilani:

Es tarde...

No puedo terminar de escribir el mensaje porque mi teléfono comienza a sonar: es una videollamada. Por un momento pienso en no contestar, pero al segundo siguiente estoy aceptando la llamada.

La llamada conecta y ambos podemos vernos. Nuevamente me invade la idea de que estoy hablando con un chico común y corriente.

—Lo siento. Fui demasiado impulsivo. Debí preguntarte si estabas disponible.

Sus palabras van a toda velocidad mientras se disculpa, y me parece realmente tierno. Y eso me hace sonreír.

Por lo que puedo observar, está en una habitación de hotel. El chico que está del otro lado de la pantalla usa lentes, una camiseta negra sin mangas, y puedo ver que sus hombros están cubiertos con unas cintas de color azul. Como las que usan los deportistas para aliviar el dolor muscular.

—No tienes que disculparte por nada. Estoy en casa.

—De verdad lo siento.

—Al contrario, yo debería pedirte disculpas por demorarme tanto en contestar tu último mensaje.

—Entiendo que también estás ocupada.

Antes de poder seguir hablando, me hace una seña.

—Espera un segundo, que está sonando el teléfono.

Al alejarse, veo que lleva puestos pantalones de deporte, también negros, y que en sus piernas lleva las cintas para el dolor también. Lo escucho hablar en inglés.

Al regresar, se sienta frente al teléfono.

—¿Te duele? —pregunto, señalando mis brazos.

—Estoy cansado. Por eso las uso. Llegamos hoy a Atlanta. Es la primera vez que venimos.

—¿Y qué tal?

—Ha estado bastante... movido.

La forma en la que lo dice, y su expresión, me hace pensar que hay algo más en el fondo de su comentario.

Nos quedamos en silencio un rato y resulta un poco incómodo.

—Estaré de regreso en Seúl en dos semanas. Sé que tenemos algunos compromisos en la agenda, pero si quieres, podemos vernos. —Una sonrisa se dibuja en sus labios.

Sé que lo que estoy a punto de hacer seguro lo va a dejar descolocado, pero las palabras de Hyun Jin resuenan en mi mente.

—Me siento un poco confundida. —Miro directo a la pantalla y trato de descifrar los cambios en su rostro—. Desde el inicio ha sido un poco loco todo esto y no sé cómo manejarlo.

—Si me explicas, tal vez pueda ayudarte.

Ya que he iniciado esta conversación, debo continuar.

Tal vez las palabras se escurren por mis labios de manera inesperada.

Es un momento en el cual mi cerebro y mi boca no están conectados del todo.

Y me hace sentir mal no ser cuidadosa con lo que digo.

No quiero lastimar a nadie, pero tampoco puedo estar con esta incertidumbre.

El hombre que veo a través de la pantalla en estos momentos no es un cantante famoso; es simplemente un chico que está fuera por trabajo.

Con el cabello mojado por la ducha. Lentes, porque los necesita.

Su cabello ya no es de un color llamativo.

Su rostro está limpio, no lleva una gota de maquillaje.

Y su expresión denota un poco de temor y, se podría decir, tristeza.

—Cuando nos vimos en aquel café, para mí fue como conocer a una persona nueva y distinta a la que había visto inicialmente. Y me gustaría poder conocer a Ahn Ji Soo, pero estos días solo sé del artista, y me siento un poco desconectada. No sé cómo hacerlo, y no sé si es buena idea intentarlo.

—Sí, es buena idea intentarlo.

Sus palabras están llenas de firmeza, y aunque su expresión se relaja un poco, sigue estando bastante serio.

—Yo también quiero llegar a conocer a Leilani Smith, y que ella conozca al verdadero Ahn Ji Soo.

Pero también tiene que llegar a conocer a R.E.D.

A esa persona que está sobre el escenario, porque ambos somos uno mismo.

Uno complementa al otro. R.E.D. no sería nadie sin Ji Soo. Y Ji Soo le debe mucho a R.E.D.

—Sarang, mis amigos cercanos me llaman así —digo en voz baja, pero sé que me ha escuchado.

Y me siento como una tonta porque tampoco sé por qué lo he dicho.

—Soy consciente de que mi mundo es complicado, pero sé que lo podemos hacer funcionar. Y me encantaría poder llamarte Sarang.

Una sonrisa se escapa de mis labios, y lo escucho lanzar un fuerte suspiro.

—Una vez termine la gira, me quedaré unos días más en Estados Unidos, pero cuando regrese a casa podemos vernos.

—Está bien.

—Sé que no debería pedirte esto, no tengo derecho a hacerlo. Pero quiero pedirte solo un poco de paciencia. Mi vida, en ocasiones, puede ser un caos, pero siempre, después de la tormenta, llega la calma.

—Creo que puedo hacerlo.

—Podemos hacerlo.

Ambos sonreímos. Hemos hecho un compromiso, y siento una mezcla entre emoción, ansiedad y miedo.

—Creo que llamarte fue lo mejor que pude haber hecho. Ya no me arrepiento.

Su comentario nos provoca una carcajada, y eso me calma. Está a punto de decir algo cuando lo veo mirar hacia un lado.

—Están tocando la puerta. Voy a apagar la cámara un momento. No cierres, por favor.

Asiento y hago silencio.

—¿Quién es? —lo escucho preguntar.

—Hyung.

Me mantengo en silencio mientras los escucho hablar.

La persona que acaba de tocar a la puerta le pregunta si puede quedarse a dormir.

Y es el momento en el cual la llamada se silencia.

Espero durante unos minutos, y cuando estoy a punto de cerrar la llamada, veo su imagen nuevamente en la pantalla.

—Lo siento, uno de los chicos está en mi habitación. —Trato de descifrar dónde se encuentra—. Tuve que meterme en el baño.

Eso me hace sonreír.

—No creo que pueda estar mucho tiempo aquí encerrado.

—Podemos hablar después. Es tarde... para ti.

—Podría quedarme hablando contigo por horas. Pero también debes tener cosas que hacer.

—Hasta luego, Ji Soo.

—Hasta luego, Sarang.