CAPÍTULO 24 #2
—Ya lo viste el día de la fiesta. No creo que vaya a llevarte a casa de su hermano. Tal vez quiere ir a un lugar cerca de la zona porque es un lugar seguro.
Su tono de voz cambia y se torna mucho más serio. Sé que está pensando en la seguridad de ambos.
—Te envió ese mensaje esta madrugada. No sé cuál sea su agenda, pero mañana viajan a Estados Unidos. Estará fuera durante un mes.
—Entonces creo que debo responderle.
Ella asiente y se aleja de mí para darme un poco de privacidad.
Leilani:
Hola, acabo de ver tu mensaje. No sé si aún estoy a tiempo.
Miro el reloj: es casi la una de la tarde. Y, como dice Hyun Jin, puede que esté ocupado. Dejo el teléfono a un lado. Si hay respuesta, será bienvenida.
Hyun Jin y yo nos sentamos juntas en el sofá y permanecemos en silencio durante un rato.
—¿Cuándo vas a viajar a Estados Unidos?
—A final de mes.
Me acomodo de lado hacia ella y levanto las piernas, colocándolas bajo mi cuerpo.
—¿Estás feliz por ir a verlo?
Da un fuerte suspiro y dirige su mirada hacia la ventana, donde se puede ver cómo la nieve sigue cayendo.
—Tengo muchas ganas de verlo. De pasar tiempo con él.
Hay tristeza en su voz y me parece ver que tiene los ojos vidriosos.
—No pareces muy feliz.
Una sonrisa triste aparece.
—Será muy poco el tiempo que estaremos juntos. Eso me pone triste.
No insisto, aunque estoy segura de que no me lo está diciendo todo. Nos volvemos a quedar en silencio hasta que el sonido de un mensaje en mi teléfono me hace levantarme de mi puesto.
Ji Soo:
Estoy en medio de un ensayo. Iré rápido a casa a cambiarme.
¿Nos vemos a las 7?
Leilani:
Me parece bien.
Su respuesta llega casi de inmediato.
Ji Soo:
Ya te envío la dirección.
Pocos segundos después llega la dirección a la cual me debo dirigir. Miro por la ventana y espero que pare de nevar antes de salir de casa.
—¿A qué hora se van a encontrar?
—A las siete.
—Pásame la dirección, pediré uno de los autos de la empresa para ti.
—No, pediré un taxi.
—Dame la dirección, Sarang. Voy a enviar uno de los autos de la empresa para que te lleve, porque estoy segura de que Ji Soo te traerá de regreso a casa.
Es una discusión que, en definitiva, voy a perder, por lo que comparto la dirección con ella. Y luego, prácticamente, me lleva a la fuerza hasta mi habitación, y pasamos los siguientes treinta minutos eligiendo la ropa que, según ella, debo llevar para mi primera cita.
Salgo de casa con suficiente tiempo para llegar.
Nos va a tomar unos cuarenta y cinco minutos.
Por suerte ha parado de nevar, pero igual el tráfico está bastante pesado.
Mientras atravesamos la ciudad, miro por la ventana.
¿Qué es todo esto que está pasando? Voy camino a reunirme con un hombre al que solo he visto un par de veces.
Con el cual solo he hablado en pocas ocasiones.
Dice Hyun Jin que esto es una cita, pero yo no lo veo de esa forma; para mí, estoy siendo amable con una persona que quiere disculparse conmigo por algo que no tiene sentido.
No sé si es la mejor idea hacer esto. Tal vez no sea lo mejor.
Tal vez no debí aceptar la invitación. Barajo la idea de enviarle un mensaje con cualquier excusa y regresar a casa.
Me distraigo mirando el teléfono, abro KakaoTalk y busco sus mensajes. Miro una y otra vez todos los que nos hemos enviado. Mi mente se desconecta por lo que parece una eternidad, porque lo siguiente de lo que soy consciente es que el chofer me avisa que hemos llegado.
Levanto mi mirada del teléfono y observo por la ventana.
Estamos frente a una estrecha calle con varios anuncios de locales comerciales.
El chofer me indica que el local al cual debo ir está a pocas cuadras y me describe el edificio.
Al bajar del auto, me aseguro de cerrar bien mi abrigo.
Estamos a menos de tres grados. Camino observando a mi alrededor.
He venido varias veces a este barrio con Hyun Jin, pero es la primera vez que vengo por esta área en específico.
Encuentro el edificio de tres pisos donde se encuentra el café.
En la planta baja hay una tienda de suvenires, y a un costado hay una escalera que lleva al segundo piso, donde está la cafetería.
Faltan diez minutos para las siete, por lo que comienzo a subir las escaleras, y a mitad del camino recibo un mensaje.
Ji Soo:
Estaré allí en cinco minutos.
Leilani:
Acabo de llegar.
Ji Soo:
Ya casi estoy allí.
Al entrar al local, me encuentro con un lugar pequeño, pero acogedor.
Hay unas mesas con sillas dobles y otras más pequeñas cerca de la ventana.
No está lleno; hay algunas parejas y un par de grupos pequeños.
Me acerco a la caja para pedir. Hay una vitrina con pasteles que se ven deliciosos.
Una mujer de mediana edad me recibe con una sonrisa.
—Annyeonghaseyo. —Hago una pequeña reverencia—. Por favor, un royal cappuccino y un pastel de fresas. —Pido del menú que hay frente a mí.
De forma amable, repite mi pedido, y saco mi tarjeta para pagar cuando, justo en ese momento, aparece frente a mí una mano con una tarjeta de crédito.
—Imo, annyeonghaseyo. Por favor, un chocolate caliente. Voy a pagar por lo de la señorita también.
Me giro hacia él, y lo primero que veo es una sonrisa radiante mientras intenta recuperar el aliento. ¿Acaso venía corriendo?
—Hola.
—Hola.
Se ve diferente a las veces anteriores en las que lo he visto.
Parece un chico normal, no una superestrella de la música.
Me hago a un lado mientras él paga y tiene una conversación con la señora que, al parecer, es la dueña del local.
Ella le pregunta por su familia. Menciona que su hermano estuvo hace poco allí con su familia.
—Vamos al piso de arriba.
Me indica la escalera que está cerca de la entrada, y subo tras él. Hay unas mesas redondas con sus sillas en el medio del salón, y hay otras pegadas a las ventanas. Me hace un gesto con la mano hacia una de esas. Vamos a quedar de espaldas a cualquiera que suba al piso, que ahora está vacío.
Nos quitamos los abrigos y él acerca una silla para ponerlos. Va vestido todo de negro. Un suéter oversized y lleva un gorro que le cubre hasta las orejas. Lentes, eso me llama la atención. No son solo los aros que usan muchos, solo por moda. Son lentes normales.
—Ibas a pagar cuando fui yo quien te invitó.
—Lo siento, es la costumbre.
Me observa durante unos segundos.
—¿Por qué me miras así?
—Lo siento. Es que luces... diferente. ¿Normal?
Una carcajada llena el espacio.
—Primero, no tienes que disculparte. Y segundo, ¿normal? Las otras veces que nos vimos, ¿no lucía normal? —dice con una sonrisa.
—Perdón. Es que las veces anteriores te vi vestido y arreglado diferente.
—Puedes decirlo: maquillado y vestido para estar en el escenario. Y el día de mi fiesta también. Pero este soy yo. Sin maquillaje, con la ropa que uso a diario. Con lentes porque los necesito para leer.
—También tenías el cabello rojo —apunto.
Se quita el gorro y me muestra su cabello, que ahora es negro. Sonríe y vuelve a ponerse el gorro. Sobre la mesa vibra el indicador de que nuestras bebidas están listas.
—Ya vuelvo.
Mientras va a buscar lo que pedimos, aprovecho para dejar escapar el aire que no me había percatado de que tenía contenido. Es como si el chico que estaba sentado frente a mí fuera una persona totalmente diferente. Un completo extraño.
No demora mucho en regresar. Pone frente a mí el café que pedí, el pastel y dos cucharitas.