CAPÍTULO 24
¿Esto es una cita?
Sarang
Lo único que he hecho al volver a Seúl ha sido dormir.
Y no, no es igual a cuando llegué a Sídney, porque en ese momento me sentía tranquila, feliz de estar en casa.
De poder pasar tiempo con mi familia y mis amigos.
Ahora, de vuelta en mi apartamento, me siento drenada.
Luego de aquel encuentro en el centro comercial, todas mis energías se enfocaron en que mis padres y Claire no pensaran en lo que ocurrió.
En que no se sintieran mal. Me concentré en mostrar mi mejor cara, aunque por dentro la tormenta no se había detenido.
Ellos no se merecían pasar un mal rato también.
Me levanto solo para lo justo. Darme una ducha, comer e ir al baño.
Miro el reloj: son casi las diez de la mañana. He abierto un poco las cortinas. Afuera está nevando. Una razón más para quedarme en la cama. Me cubro hasta la cabeza y solo dejo un pequeño espacio para mis ojos mientras veo a una Seúl teñida de blanco.
Me estoy quedando dormida cuando me parece escuchar el timbre. Me quito el cobertor de encima y presto atención. Sí, alguien está en la puerta. Me levanto con calma; no estoy esperando a nadie y tampoco tengo ganas de recibir visitas. Por la cámara veo que la que está en la puerta es Hyun Jin.
—¿Adónde vas?
—De regreso a mi cama.
Camino lo más rápido que puedo para llegar hasta mi habitación. Me estoy cubriendo toda cuando ella aparece.
—No puedes estar aquí encerrada.
—Siempre estoy en casa.
—Sí, pero estás trabajando o haciendo algo. Deshacer tu maleta, por ejemplo, y lavar la ropa —dice, señalando mis maletas, que están abiertas en un extremo de la habitación.
—Lo haré después.
Siento el peso de su cuerpo cuando se acomoda en el lado vacío de la cama. Me volteo para poder mirarla.
—Esa tarde, cuando te encontraste con aquel hombre, yo estaba con Tae Yang en su oficina.
Nunca lo había visto tan desesperado como ese día.
Mi hermano es un hombre muy fuerte y con unos nervios de acero.
Siempre logra estar calmado ante las situaciones más desesperantes.
Eso muchas veces me vuelve loca, pero al mismo tiempo alguien debe mantenerse calmado.
Papá también es así. Por eso, cuando lo vi tan alterado, me sorprendí mucho.
Pero también entendía que era una situación que requería que tomara acciones rápidas, y más cuando estabas tan lejos.
No sé qué hubiera pasado si no encontrábamos a alguien cerca.
Luego estuvo en el teléfono hasta que te dejaron en tu casa.
Escuchar lo que sucedió del otro lado del teléfono resulta bastante abrumador.
—Solo recuerda que siempre vamos a estar para ti. En el momento o en el lugar que nos necesites.
—Gracias. No sé qué más decirte.
Estoy intentando no llorar. Pero, a pesar de que lo intento, mis ojos se llenan de lágrimas y lucho para no dejarlas salir.
—No llores.
Respiro hondo varias veces.
—Ahora lo que necesitas es salir de la cama. Te daré un momento para que te cambies de ropa. Voy a pedir algo para comer. Te espero afuera.
—Winter...
—No te voy a escuchar. —Se cubre las orejas con las manos.
Ahora es ella la que se apresura a salir de la habitación. Me revuelvo un rato hasta que tomo impulso para levantarme. Decido cambiarme de ropa, aunque no pienso salir a ningún lado hoy. Me pongo los pantalones y la sudadera más grande que encuentro.
Cuando salgo, veo a Hyun Jin sentada en el suelo de la sala, mirando con atención su teléfono, y es cuando recuerdo que no sé dónde dejé el mío.
Sé que le envié algunos mensajes a mis padres y a Claire cuando llegué, para decirles que ya estaba en casa sana y salva.
Pero luego de eso no creo haberlo visto más de cinco minutos.
Estoy segura de que debe estar descargado.
Regreso a mi habitación, miro a mi alrededor e inicio mi búsqueda. Después de unos minutos, lo encuentro debajo de unas libretas. Y sí, está descargado. El cargador está en mi oficina.
—No te querías levantar y ahora das vueltas por toda la casa.
—No encontraba mi teléfono.
Lo dejo sobre la isla de la cocina y lo conecto.
—¿Quieres tomar algo?
Levanta entonces un vaso que tiene a su lado y me lo muestra.
—Gracias.
Me sirvo un vaso de agua y regreso a la sala. Me siento frente a ella y la observo durante unos minutos mientras ella mira con atención cómo cae la nieve sobre la ciudad. No lo había notado, pero sus ojos lucen tristes.
—Algo te molesta.
—No pasa nada.
—No es una pregunta, es una afirmación.
Ella me mira, y a pesar de que sonríe, sé que algo no está bien. Pero la conozco, y dejo que me cuente a su ritmo. Y si no quiere contarme nada, no la presiono para que lo haga. Le llega un mensaje y de inmediato se levanta: llegó la comida.
—Ya regreso.
Aprovecho, mientras ella baja a buscar la comida, para encender mi teléfono. Lo vuelvo a dejar sobre la mesa. Busco unos vasos y saco una botella de refresco del refrigerador. También tomo algunas servilletas.
De vuelta en la sala, escucho que comienzan a llegar los mensajes. Seguro tendré algunos de mis padres y de Claire. Hyun Jin no demora en regresar.
—¿Por qué pediste tanta comida?
—Porque parece que no has comido en semanas.
—No exageres.
Mientras comemos, le cuento sobre mis días en Australia y me enfoco en los momentos divertidos.
En los lugares que visité, lo mucho que comí.
Cuánto descansé, y hasta las nuevas ideas que surgieron para mi trabajo.
Mi visita a la editorial y parte de lo que será mi agenda este año.
No me gusta hablar de futuros proyectos porque me da terror no cumplir con los tiempos.
Decir que publicaré un nuevo libro en un par de meses y que eso no suceda.
Por eso comparto sobre mi trabajo cuando ya estoy a punto de terminar.
—Conocí a David, el novio de Claire.
—Me gusta mucho ver las fotos que sube en sus redes sociales. Se ven bien juntos.
—Es muy agradable y se nota que la quiere. Sabes, Claire me reclamó por ir al concierto contigo.
Hyun Jin se ríe de tal manera que estoy segura de que está disfrutando del comentario.
—No me parece extraño. Siempre se queja de que nunca la acompañas a los conciertos. ¿Le contaste que conociste a Ahn Ji Soo?
—¿A quién?
—Sarang, por favor, concéntrate. Ahn Ji Soo, fuiste a su fiesta de cumpleaños.
—Lo siento. —Me río—. Es como si me hablaras de un desconocido. Aún me sigo refiriendo a él como el chico de la cafetería. No sé cómo llamarlo.
—Puedes decirle oppa. Aigoo.
—Lo conocí hace diez minutos, ¿cómo le voy a decir oppa?
—Eso no es cierto. —La mirada que le lanzo hace que busque otras palabras—.
Es verdad que solo se han visto un par de veces, pero estoy segura de que está interesado en ti.
Nadie se mete en esa clase de búsqueda solo para pedir disculpas porque un grupo de fanáticas hizo un poco de ruido.
Además, tú ni enterada de lo que estaba pasando.
—La respuesta es no. No le he contado a Claire que conocí a uno de sus cantantes favoritos.
—No es solo uno de sus cantantes favoritos. Es su favorito. —Enfatiza cada palabra—. Cuando se entere, quisiera poder estar allí.
—Tal vez se lo diga en unos diez años, cuando solo sea una anécdota que contar.
Un fuerte suspiro sale de mis labios.
—Me siento tranquila como estoy, y sé que su vida no lo es. No estoy metida de lleno en el mundo de la música, pero las historias que Claire me llegó a contar, y con lo que he visto viviendo aquí, te puedo asegurar que no es un mundo en el cual me interesa entrar.
—No es fácil. —Su tono se torna serio—. No sabes cuánta rabia siento de que algo tan humano como amar a otra persona sea juzgado de una forma tan dura.
Que tengan que mantener a sus parejas en total secreto, o que no puedan hacer cosas tan simples como salir a la calle tomados de la mano en una avenida concurrida.
Porque, aunque te parezca difícil de creer, sí lo hacen.
Pero no a horas en que todo el mundo está en la calle, o aprovechan esas épocas del año en que la lluvia o la nieve les dan un resguardo adicional.
—Suena muy romántico eso, pero no me atrae la idea de estar escondiéndome.
—Ji Soo, ¿no te llama la atención?
—¿Estás intentando jugar a la casamentera?
—No, y lo digo en serio. No pienses en él como el cantante, como el Idol.
—Es lo único que conozco de él.
—¿Y no te da curiosidad conocerlo un poco más?
Lo pienso durante un momento. Nos hemos visto dos veces. Hemos hablado solo unos minutos. Unos cuantos mensajes de texto. Eso es todo. ¿Curiosidad? No sé si es la palabra adecuada.
—Estoy segura de que muchas mujeres estarían felices de poder compartir con él. Pero yo, simplemente, no lo veo. Para mí es solo un hombre dedicado a las artes.
—Tal vez es eso precisamente lo que lo atrae de ti.
—Mejor cambiemos de tema.
Terminamos de comer y nos ponemos a recoger todo, y es cuando mi teléfono comienza a sonar. Me acerco para ver la palabra “papá” en la pantalla. Hablamos durante unos minutos; están preocupados por no saber nada de mí. Me dice que llamó él porque mamá comenzaba a estar un poco nerviosa.
—Solo he estado descansando, papá. Ya sabes lo que dicen, que a veces necesitas descanso luego de tus vacaciones.
Cuando por fin logro tranquilizarlos, aprovecho para revisar mis mensajes. Y allí, entre los de mis padres, Claire y unos de Hyun Jin, también encuentro uno de él.
—Winter, ¿qué hay en Jongno-gu?
Veo la hora: eran casi las cuatro de la mañana cuando envió el mensaje.
—Hemos ido muchas veces juntas. ¿Por qué me preguntas?
—¿Ahn Ji Soo vive allí?
—No, vive en Gangnam.
Me mira con mucho interés y una sonrisa comienza a aparecer en sus labios.
—¿Por qué preguntas? ¿No querías cambiar de tema?
—No te hagas ideas que no son. Te pregunto por esto.
Pongo el teléfono frente a ella y lee el mensaje.
—¡Ah! Ahn Ji Hoon.
—¿Quién?
—Su hermano. Ahn Ji Hoon vive en Jongno-gu.
—¿Me va a llevar a conocer a su hermano?